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Crecimiento

Buenas noticias llegaron con el nuevo informe de perspectivas de la economía mundial del Fondo Monetario Internacional. El pronóstico de crecimiento mundial para 2017 y 2018 —3,6% y 3,7%, respectivamente— está en ambos casos 0,1 puntos porcentuales por encima de los pronósticos de abril y julio. La reactivación notable de la inversión, el comercio internacional y la producción industrial, sumada a la mejora de la confianza de las empresas y los consumidores, está apuntalando la recuperación. Los niveles de crecimiento registrados en el primer semestre de 2017 superaron en general las expectativas, lo cual ha llevado a revisiones al alza generalizadas, por ejemplo en la zona del euro, Japón, China, las economías emergentes de Europa y Rusia. Estas cifras compensan holgadamente las revisiones a la baja de las economías de Estados Unidos, el Reino Unido e India.

El 3,6% esperado para el cierre de este año implica un quiebre en la tendencia que venía mostrando el crecimiento internacional. Desde la salida y recuperación de la crisis de 2009, la tasa de crecimiento anual registraba valores cada vez más bajos año a año, dando cuenta de un proceso de desaceleración de la expansión económica global.

En América Latina y el Caribe, cuyo PBI se contrajo casi 1% en 2016, se prevé que suba 1,2% en 2017 y 1,9% en 2018, más o menos igual que lo previsto en la abril. Aunque el  crecimiento se mantiene firme en América Central y se está afianzando, en promedio, en el Caribe, la demanda interna continúa defraudando las expectativas en gran parte del resto de la región, y algunos factores idiosincráticos críticos están perfilando perspectivas sustancialmente diferentes según el país.

Tras entrar en terreno positivo durante el primer semestre de 2017, se prevé que el crecimiento de Brasil alcance 0,7% este año y 1,5% en 2018. Gracias a una cosecha abundante y al estímulo del consumo, ese pronóstico fue revisado al alza en medio punto porcentual para 2017 frente al nivel proyectado en abril, si bien la persistente debilidad de la inversión y el recrudecimiento de la incertidumbre en el ámbito político y en torno a la política económica llevaron a una revisión a la baja de 0,2 puntos porcentuales del pronóstico para 2018. Se prevé que el restablecimiento paulatino de la confianza, a medida que se pongan en práctica reformas críticas para garantizar la sostenibilidad fiscal, añada 2% al crecimiento a mediano plazo. De hecho, parte de esto es lo que están viendo los propios analistas brasileros, que estiman una recuperación más holgada el año próximo, en torno al 2,5%. Sea de una u otra manera esto implica un efecto positivo para Argentina, luego de varios años de que Brasil implique un peso más que un socio comercial.

Riesgos

El escenario positivo que se observa a corto plazo no está, sin embargo, despejado de importantes riesgos. En este sentido, la principal preocupación del Fondo es la de una posible desaceleración China y de cierta parte de Europa ante un crecimiento muy importante del crédito privado que se observa recientemente junto al reacomodamiento de la política monetaria de los grandes bancos centrales del mundo, fundamentalmente la FED. Relacionado a ello, la persistencia de tasas de inflación muy bajas continúa amenazando el crecimiento económico en los países desarrollados ya que limitan la posibilidad de los bancos centrales de poder llevar a cabo políticas monetarias expansivas vía tasas de interés.

Por otro lado, aunque las posibilidades de que las políticas de las economías avanzadas den un giro hacia el aislacionismo parecen haber disminuido a corto plazo, las presiones a favor de un mayor proteccionismo no han desaparecido y deberían evitarse. Siguen perfilándose también con fuerza una multitud de riesgos no económicos, como el recrudecimiento de los conflictos y las tensiones geopolíticas.

Commodities

En relación a los precios internacionales de las commodities agrícolas, variable global de gran relevancia para el desempeño de la economía argentina, durante el 2017 tuvo continuidad el proceso de ajuste de precios. Respecto a los máximos alcanzados en los años 2011-2013, el precio del trigo tuvo una caída del 47%, el del maíz del 43% y el de los distintos productos de la soja (harina, aceite y poroto) del 27%.

Este reacomodamiento de precios estaría llegando a su fin según las proyecciones del FMI, que esperan una total estabilidad en torno a los valores actuales de cara a 2018 (incluso una leve recuperación para el valor del trigo). Este hecho sería de gran importancia, ya que el sector exportador lleva ya cinco años de “ajuste” a las nuevas condiciones marcadas por menores precios para sus productos, lo que tiene un impacto sobre el nivel de rentabilidad sectorial y aporte a la economía general de gran relevancia.

Argentina

Para Argentina, las proyecciones del FMI indican que “el crecimiento cerrará en 2,5% en 2017 tras la recesión del año pasado, a medida que el aumento de los salarios reales estimule el consumo, la inversión repunte, respaldada por obras públicas, y las exportaciones se beneficien del fortalecimiento de la demanda externa. Se prevé que el crecimiento se mantenga en torno a 2,5% en 2018, ya que la demanda interna privada continuará mejorando poco a poco en el contexto de una política macroeconómica restrictiva (con las tasas de interés real elevadas necesarias para el proceso desinflacionario y el comienzo de la consolidación fiscal).”

Con respecto a 2017, no existen diferencias significativas con lo que esperamos para el desempeño de la economía local. Sin embargo, para 2018 vemos una tasa de expansión algo mayor, más cercana al 3,5% que al 2,5%. Si bien es cierto que tanto la política fiscal como monetaria serán restrictivas el año próximo, vemos que los efectos redistributivos de la consolidación fiscal pueden atenuar el impacto neto. Mientras que la mayor parte de los gastos serán ejecutados por debajo de la inflación esperada (caída en términos reales), las políticas sociales y el gasto en obra pública continuará creciendo, por lo que esperamos que el consumo privado continúe en aumento al igual que la inversión. Esta última, además de ser el driver más importante hasta el momento en la recuperación, será reforzada en el corto plazo por un factor de confianza y expectativas positivo dada la consolidación política del gobierno, la estabilidad de las reglas de juego y la reducción del riesgo país.

Fuente: Invecq

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