TARIFAS: LA HERENCIA SIGUE PRESENTE

La agenda política y económica estuvo convulsionada esta semana por los reclamos, por parte de la oposición, y las movilizaciones en algunos puntos de la ciudad, por parte de los usuarios de los servicios públicos, que muestran su descontento ante una nueva tanda de incrementos tarifarios. A partir de este mes, las facturas de gas se harán con un nuevo cuadro tarifarios que implica aumentos importantes, de la magnitud de los que tuvieron las facturas de luz en los meses del verano.

Lo cierto es que el gobierno aún no ha terminado de normalizar el atraso tarifario heredado de la gestión anterior, aunque ya ha recorrido la mayor parte del camino. Estimamos que luego de esta ronda de aumentos, al menos en cuanto a la tarifa eléctrica y de gas, solo quedaría un nuevo shock de precios y luego, los aumentos acompañarían al incremento de precios promedio de la economía, es decir que no subirían más que la inflación general.

Para poner en contexto el escenario tarifario con el cuál se encontró el gobierno en diciembre de 2015 se presenta el siguiente gráfico que muestra la variación acumulada en el precio de las facturas que efectivamente pagaban los usuarios (se presenta el caso de un usuario en Capital Federal y uno en Entre Ríos), la evolución de la inflación general, la evolución promedio de los salarios y la evolución del costo de generación de energía eléctrica.

Como puede verse, el atraso tarifario respecto al resto de los precios de la economía (y respecto al costo de generar la energía) fue mayúsculo. En 15 años, mientras que la inflación acumuló casi un 1.300% de aumento y los salarios casi un 1.600% de aumento, el precio que pagaba un usuario (la demanda) de la Capital Federal por su consumo de electricidad solo aumentó un 15% y lo que pagaba un usuario en Entre Ríos aumentó un 328%. Es decir que el precio pagado por la demanda fue congelado por completo o tuvo aumentos imperceptibles frente a lo que aumentaron todos los precios de la economía. Por si fuera poco, el costo de generar esa energía consumida, a su vez, se incrementó muy por encima al promedio de inflación. Como consecuencia del aumento general de precios y por el incremento de los Commodities en dólares a nivel internacional, la generación de energía eléctrica en el mismo período aumentó casi un 2.300%. Es decir que la brecha entre el precio que pagaba la demanda por consumir y la que necesitaba la oferta para generar esa energía era cada vez mayor. Parte de esta brecha fue cubierta con subsidios del Estado Nacional, que llegaron a representar un 5% del PBI en el año 2015, y otra parte no se cubrió y pasó a desincentivar la inversión en el sector. Así, Argentina pasó de ser un país exportador de energía (en el año 2006 se exportaron 6.000 millones de dólares por este concepto) a un país importador (llegando a importar más de 10.000 millones de dólares), y el consumo promedio de los hogares pasó a ser dos veces mayor que lo que ocurre en países vecinos, como Uruguay y Chile.

Al llegar al gobierno, el nuevo equipo económico comenzó a regularizar la situación de forma gradual pero permanente con el objetivo de cerrar el déficit fiscal generado, en parte, por los subsidios al consumo de energía. Pero también con el objetivo de dar las señales de precios necesarias para recuperar la inversión en el sector y detener el crecimiento de las importaciones de energía.

Concentrándonos únicamente en el costo de generación de la energía eléctrica (en la factura además de esto se paga el costo de distribución e impuestos) y en el precio pagado por la demanda, en el siguiente gráfico puede verse cómo ha comenzado a cerrase esa brecha desde el año 2016. El gráfico está expresado en términos reales, para señalar cómo se encareció el costo de generación de energía respecto al promedio de precios de la economía y cómo se atrasó el precio que pagaban los usuarios respecto al resto de los precios de la economía.

En el año 2015, lo que pagaban los usuarios llegaba a cubrir apenas el 15% del costo de generación de la electricidad mientras que en la actualidad llega a cubrir el 73% del costo. Es decir que es mucho lo que se avanzó, pero la tarea no está completa aún.

Como se observa en el primer gráfico, hasta el año 2015 los aumentos en el precio pagado por la demanda habían sido muy inferior al del costo de generación y al de los salarios. Es decir que, en términos de energía, los salarios podían comprar mucho más consumo de energía en el año 2000. Este aumento de los salarios por encima de la evolución de todas las tarifas (acá se muestra el caso de la electricidad, pero este fenómeno fue similar para el transporte, el gas, el agua, etc.) generó un exceso de ingresos que se destinó al aumento del consumo de otros bienes. Entonces, cuando la corrección esté finalizada, se deberá destinar una mayor proporción de los ingresos personales para el pago de tarifas, ya que el costo de proveer estos bienes se ha incrementado por encima de cualquier otro índice en la última década. Este es el punto central del descontento popular. Luego de 15 años de ver aumentadas sus posibilidades de consumo al tener tarifas congeladas (o subiendo muy poco), ahora es necesario desandar ese camino. Esta “pérdida de consumo” es lo que genera resistencia y malestar en los usuarios. La herencia del 2015 sigue presente y complicándole los planes del gobierno, que debe esforzarse cada vez más en encontrar el equilibrio entre la convergencia y la eficiencia económica y el apoyo popular.

Fuente: Invecq

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