Situación Estados Unidos 1° TRIMESTRE 2018 |

Editorial
En un entorno de inflación y tipos de interés de equilibrio reales persistentemente reducidos, la Fed no podrá elevar los tipos mucho más, lo que limita el margen para recortar los tipos de interés durante la próxima desaceleración. En promedio, la Fed ha reducido los tipos de interés en 500 puntos básicos durante las recesiones. No resulta sorprendente que los responsables de la Fed vuelvan a plantearse marcos alternativos para su política monetaria. Algunas opciones son un mayor uso de la orientación de perspectivas sobre política económica (forward guidance) y la flexibilización cuantitativa, elevar el objetivo de inflación, y establecer un objetivo de nivel de precios y un objetivo de PIB nominal.
Cuando los tipos de interés se sitúan en un nivel cercano al cero por ciento, la Fed podría usar algunas de las herramientas que se desarrollaron tras la Gran Recesión. Un ejemplo sería el forward guidance o comunicar a los mercados que los tipos de interés se mantendrán bajos durante un período de tiempo prolongado o hasta que se cumplan ciertas condiciones económicas. Si existe un fuerte consenso dentro del comité sobre cuánto tiempo deberían permanecer bajos los tipos de interés o cuáles deberían ser los objetivos cuantitativos, resultaría más fácil aplicar y comunicar las orientaciones sobre política económica. Sin embargo, de existir divisiones marcadas en el seno de la Reserva Federal, los agentes del mercado tendrían dificultades para interpretar estas orientaciones, lo que a su vez reduciría el poder de dicha herramienta. De hecho, algunos responsables creen que una vez que los tipos de interés nominales se fijen en el límite inferior igual a cero, la forward guidance podría no resultar lo suficientemente acomodaticia si la recesión es grave. Es posible que se necesiten otras herramientas como complemento a los tipos de interés bajos y a la forward guidance. Una opción implica la flexibilización cuantitativa o la compra de valores financiados con reservas. En general, esta herramienta se considera una forma efectiva de mantener los tipos a corto plazo más bajos durante más tiempo y de reducir la prima de riesgo. Esta visión se basa en la experiencia de los últimos años, cuando la Fed decidió ampliar su balance a través de compras de bonos del Tesoro y MBS (valores de titulización hipotecaria). Sin embargo, existe un gran debte sobre los efectos secundarios potenciales, incluido el impacto de la flexibilización cuantitativa sobre el valor de la moneda, la formación de burbujas de precios de los activos o las consecuencias involuntarias derivadas de promover el endeudamiento de empresas y hogares sobreendeudados. Además, la flexibilización cuantitativa acervó las tensiones entre el Congreso y la Fed, limitando
así posibles acciones futuras.
Una opción alternativa podría ser incrementar el objetivo de inflación al 3% o al 4%. De resultar creíble, ello conferiría a la Fed más margen para subir los tipos de interés nominales. Desde el punto de vista de la comunicación, esto no resultaría complejo, dado que mantiene en vigor el marco actual. Con todo, después de un largo período de baja inflación, ajustarse a un nuevo objetivo de inflación más elevada podría llevar algún tiempo. Además, el cambio a un objetivo más alto de inflación podría resultar impopular y costoso para los grupos más vulnerables de la sociedad. Asimismo, para garantizar un cambio de régimen creíble, a la Reserva Federal le resultaría difícil revisar el objetivo en el futuro, incluso si los fundamentales económicos se revirtieran significativamente. Es decir, si la inflación se mantiene por encima del objetivo durante un período de tiempo considerable, la Fed no podría reducir el objetivo como parte de su estrategia de estabilización tan fácilmente como cuando decidió aumentar el objetivo.
Otra idea sería cambiar a un objetivo de nivel de precios. En otras palabras, abandonar el objetivo de inflación y adoptar un objetivo de nivel de precios coherente con la inflación del 2%, de modo que las desviaciones se compensen en años futuros.
Por ejemplo, si la inflación es baja y el nivel de precios permanece por debajo del objetivo durante algún tiempo, la Fed se comprometería a permitir que la inflación futura se acelere para que el nivel de precios vuelva a ser el que habría sido si la inflación se hubiera mantenido dentro del objetivo. Los beneficios incluyen expectativas creíbles de tipos de interés bajos durante más tiempo, lo que podría contribuir a evitar una recesión más profunda y un período prolongado de inflación baja.
Alcanzar el objetivo de inflación del 2% en promedio a lo largo del tiempo también significaría una menor volatilidad de la inflación. Sin embargo, esta estrategia también implica que, si el nivel de precios aumenta por encima del objetivo, la Fed debería comprometerse a contener la inflación en el futuro para reducir el nivel de precios. Si la economía crece lentamente y la inflación es alta, de modo que el nivel de precios rebasa el objetivo, la Fed debería comprometerse a bajar el nivel de precios con el riesgo de causar una recesión. Además, llevar a cabo este cambio podría generar algunos problemas si el público no cree que un repunte de la inflación en el presente se traducirá en una inflación más baja en el futuro. Para evitareste conflicto, la Fed podría mantener el marco actual y aplicar solo un objetivo de nivel de precios temporal cuando los tipos de interés estén cerca del límite igual a cero.
Una opción alternativa sería centrarse en el PIB nominal (la suma de la inflación y el crecimiento real del PIB). En esta estrategia se daría el mismo peso a la inflación y al crecimiento real, de modo que cuando la economía experimente una perturbación de la oferta y un componente suba mientras el otro baja, la Fed se comprometería a centrarse en la suma. Los beneficios incluyen una mejor respuesta a las crisis económicas, unos mercados financieros más estables y una mayor responsabilidad. De hecho, los defensores de esta estrategia argumentan que la política monetaria habría sido más restrictiva durante el auge de la alta tecnología y la burbuja de la vivienda. Sin embargo, dado que el objetivo de inflación estaría implícito, las expectativas de inflación estarían débilmente ancladas. Además, si el crecimiento real es bajo y la inflación es alta, como ocurre en las etapas iniciales de una recuperación, la política monetaria podría tener que mostrar un sesgo restrictivo en el momento equivocado. Además, dado que el PIB real se conoce con retraso y está sujeto a revisiones, la política monetaria podría perder su efectividad.
En vista de los pros y los contras de los marcos de política alternativos antes mencionados, parece que la Fed tiene dos opciones. En primer lugar, mantener el marco actual de políticas y esperar que el crecimiento y la inflación continúen subiendo, de modo que se puedan subir los tipos de interés nominales lo más lejos posible del límite inferior igual a cero sin hacer descarrilar la expansión. Entonces, cuando llegue (si llega) la próxima desaceleración, la Reserva Federal bajará los tipos de interés a cero y complementará la acomodación de la política monetaria con las herramientas que ya probó en el período posterior a la crisis. Si esto resultara insuficiente, la Fed consideraría la posibilidad de realizar leves cambios en el marco. La segunda opción implicaría comenzar a aplicar un marco alternativo más adecuado para lidiar con episodios recurrentes de inflación y tipos de interés reales bajos. Con la premisa de que alcanzar el límite inferior igual a cero será algo muy frecuente, la Fed adoptaría un enfoque preventivo efectuando un cambio más pronto que tarde gracias a las condiciones económicas favorables actuales. Los cambios en el marco actual, de ser creíbles, ayudarían a evitar que se alcance el límite inferior igual a cero en el futuro.
La Fed seguirá analizando todas las opciones disponibles para actualizar el marco de política monetaria y decidir la mejor alternativa para administrar los riesgos desde el límite inferior igual a cero. No obstante, atendiendo a los cambios en su dirección y la dificultad para alcanzar consensos, parece improbable que la Fed vaya a modificar su configuración actual a corto plazo. Después de todo, los bancos centrales tienden a moverse con cautela; después de que Bernanke asumiera la presidencia en 2006, el Comité tardó seis años en adoptar explícitamente un objetivo de inflación del 2% como un elemento coherente con el mandato legal de la Reserva Federal.

Fuente: BBVA Research

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