Discurso del presidente del Banco Central de la República Argentina, Federico Sturzenegger, en 33° Congreso Internacional de Marketing Financiero, organizado por la Asociación de Marketing Bancario Argentino (AMBA)

EL 12 de septiembre Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central, cerró el 33° Congreso Internacional de Marketing para el Negocio Financiero, organizado por la Asociación de Marketing Bancario Argentino (AMBA).

Buenos Aires 12 de septiembre de 2017.

Muchas gracias por esta nueva invitación para participar de este congreso. Voy a aprovechar para realizar una presentación sobre nuestra visión del estado actual del sistema financiero en nuestro país y sus perspectivas de evolución futura. Como ya saben, tenemos un sistema financiero minúsculo. Los depósitos alcanzaban un 15% del PIB al comienzo de nuestra gestión, y los créditos apenas un 12%. Miramos a lo lejos los números de países vecinos, como Bolivia, en donde el crédito representa un 57% del PIB, Perú, donde el ratio es del 40%, Brasil, con un 66%, y ni hablar de Chile, en donde el crédito es superior al 80% de su PIB. El año pasado hablamos aquí sobre esto, y también sobre el diagnóstico de por qué se había llegado a esta situación. La causa principal se basa en un combo de regulaciones que hacían difícil la operatoria en el sector, a las que se sumaba una importante cuota de represión financiera. El control de tasas de interés, comisiones, y demás mecanismos de operación del sistema hacían que el mismo a fin de cuentas remunerara mal al depositante, y que entonces éste llevara sus ahorros a otros vehículos de ahorro, como los activos en el exterior o los inmuebles. El año pasado repasábamos también cómo le había ido a quien había depositado $1 a plazo fijo en el sistema financiero argentino hace 35 años y lo fue renovando sucesivamente hasta el día de hoy. Los memoriosos recordarán que en términos de bienes hoy tendría menos de un centavo y medio de ese peso inicial. Sí, un centavo y medio. Es decir que habría perdido prácticamente la totalidad de su depósito original. Algunos dicen que hay una compulsión cultural de los argentinos a ahorrar en dólares o propiedades. No tiene sentido. En cualquier país del mundo la gente le escaparía a una inversión que te licua casi el 100% de tus ahorros en el largo plazo. Es este entonces el motivo fundamental por el cual el ahorrista argentino no canaliza sus ahorros a través del sistema financiero doméstico. Y es por eso que el sistema es eminentemente transaccional y no posee ni por asomo una masa de depósitos, en relación al tamaño de su economía, comparable con otros países de similares características en América Latina. Es claro que sólo cuando cambiemos esto crecerá el sector financiero y por primera vez en mucho tiempo tendremos la posibilidad de contar con un acceso al crédito más amplio en nuestro país. También discutíamos el año pasado el muy pernicioso rol que había jugado la inflación en modificar la visión estratégica a la banca misma. Al no pagarse retorno sobre los depósitos en cuenta corriente y caja de ahorro, los bancos obtenían márgenes elevadísimos por cada peso prestado. Decíamos entonces que los altos niveles de inflación habían actuado abroquelando a los bancos en un equilibrio de pocas transacciones con alto spread, lo que redundaba en un tamaño pequeño para nuestro sistema financiero. Se consolidó así una configuración del sistema bancario incapaz de contribuir al desarrollo con equidad en nuestro país. Un sistema de escaso tamaño no puede atender a las necesidades de inversión que tiene nuestra economía para crecer a largo plazo. La falta de crédito es a su vez una barrera enorme para la igualdad de oportunidades, porque en ese contexto sólo puede invertir y crecer el que ya tiene los recursos para hacerlo. Aquellas personas con buenas ideas y emprendimientos, pero sin el capital para llevarlos a la práctica, pierden la oportunidad de crecer por no existir el financiamiento que requiere su desarrollo. Ese es uno de los ejemplos más palpables del gran valor de poseer un sistema financiero profundo con crédito abundante, ya que constituye un muy potente mecanismo igualador de oportunidades en cualquier sociedad.

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Fuente: BCRA

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