Riesgo argentino

Por Julio Burdman

La reforma tributaria que está lanzando el Ejecutivo va a depender de una negociación pormenorizada. El texto del proyecto enviado a los legisladores incluye mucha letra chica de impuestos que bajan y otros que suben, basados en un análisis regulatorio más sofisticado que el que está detrás de nuestra estructura vigente. Hay niveles que suben y otros que bajan, dependiendo de cada producto, y por lo tanto intereses que se jugarán en múltiples reuniones. Lo que vimos días atrás respecto del vino y las bebidas azucaradas es una muestra de una escena que se verá con frecuencia. Nada esta cerrado. Los lobbies argentinos no están preparados para discutir precios y aranceles con el gobierno; deberán aprender microeconomía sobre la marcha.

Mientras tanto, para el Ministerio de Hacienda una de las aspiraciones de este año es la mejora del riesgo argentino. Pero no está demasiado claro de dónde provendrá.

En el EMBI no hubo aún un “efecto electoral”. De hecho, la región experimentó una ligera suba en el mes de noviembre, y Argentina se ubica hoy en 368 puntos básicos (había llegado a estar en 342 el 18 de octubre, antes de los “mapas amarillos” del lunes 23). Brasil, mientras tanto, que está en 248, viene de una suba similar en los últimos 15 días, pero se encuentra más de 100 puntos debajo de nuestro desempeño.

En cuanto al riesgo soberano que miden las calificadoras de Wall Street, la novedad poselectoral fue la suba de calificación de Standard & Poor’s (de B a B+) a fines de octubre. Ya había subido en abril de este año, al mismo tiempo que lo había hecho Moody’s. Pero las otras dos calificadoras, aunque celebraron “el triunfo político” y las perspectivas de mayor gobernabilidad, no han revisado aún la nota. Y en sus informes dicen estar a la espera de novedades en los números fiscales y la inflación.

En el gobierno hay una expectativa fuerte en la baja del riesgo argentino que puede provenir del proceso de incorporación a la OCDE. Tema que apareció con fuerza en el discurso presidencial. En octubre de 2016, la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, el “club de los países desarrollados” al que Argentina aspira a ingresar para fines del mandato de Macri) subió la calificación argentina de 7 (la nota más baja) a 6.

Las calificaciones de la OCDE tienen la ventaja de que incluyen más variables institucionales. Por ejemplo, la reciente creación de la oficina del Presupuesto del Congreso -una iniciativa proveniente del bloque del Frente para la Victoria- es algo bien recibido por parte de este organismo, porque podría implicar dotar de equilibrio político y sustento técnico a las discusiones sobre el gasto (y mayor transparencia, ya que produce dictámenes públicos). Eso quiere decir que, en un momento en el que tal vez no haya tantas noticias provenientes de la macro, el universo OCDE permite avanzar por otro frente en las evaluaciones positivas que el gobierno necesita.

Sin embargo, estas cosas llevan su tiempo. Por estas semanas, debería haber una segunda revisión, y tal vez la Argentina alcance el 5. Sigue estando lejos del 1, pero en general el mecanismo evaluador de la OCDE avanza a velocidad de 1 punto anual.

Fuente: Analytica

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