Propuestas para atacar los frentes abiertos

En Analytica detectamos al menos 4 frentes de conflicto en materia de política económica para lo que resta del mandato de M. Macri: 1) ¿cómo se distribuye el ajuste fiscal requerido por el FMI?, 2) ¿Cómo se contiene la inflación asociada a la reciente devaluación?, 3) ¿Cómo se cierra la brecha externa? Y 4) ¿Cómo reducir rápidamente la tasa de interés desde los actuales niveles? Todo esto, desde ya, tratando de minimizar el impacto negativo sobre la actividad, el empleo y la pobreza. Creemos que la administración Cambiemos debe repartir el ajuste sobre-ponderando su impacto en 2018, anclar inflación utilizando tarifas (re-negociando compromisos de inversiones de las prestadoras de servicios públicos de ser necesario), reabrir paritarias y avanzar progresivamente con un control gradual de los flujos de capitales de manera de evitar las tensiones provenientes de un tipo de cambio que no se puede atrasar, y una tasa de interés que debe bajar de los actuales niveles. Finalmente, consideramos pertinente avanzar con un impuesto sobre el consumo de bienes importados con escaso contenido de valor agregado para contribuir a reducir la brecha externa y liberando presiones sobre el tipo de cambio real, como el turismo.

Supongamos que el ajuste requerido por el FMI para un desembolso de U$S 25.000 mln en 2 años alcanza 1,6% del PBI, adicional a lo ya anunciado; llevando el déficit primario del Sector Público Nacional del 2,7% proyectado originalmente para 2018 a la zona del 1% a fin 2019. Teniendo en cuenta la aceleración de la inflación en la segunda parte del año, la estructura de ajuste rezagado del gasto primario permitiría alcanzar la mitad de ese requerimiento en forma grácil en 2018. Sin embargo, la restitución del proceso de desinflación en 2019 generaría el efecto inverso. Por lo tanto, si a esta dinámica le sumamos el calendario electoral, es evidente que gran parte del ajuste va a ocurrir este año. Además, el Presupuesto 2018 ya está aprobado y hay que llevar la menor conflictividad posible al Congreso en 2019.

Las fases del ciclo juegan en contra de la brecha externa. Esto es, el ajuste en el nivel de actividad, típicamente responsable del cierre del desequilibrio externo mediante la reducción de la demanda de importaciones, se ve obstruido por la sequía y la aceleración en la demanda de activos externos netos (fuga de divisas). A la espera del rebote en la producción de oleaginosas y cereales en 2019, el Gobierno debe garantizar la sostenibilidad de estos niveles de competitividad. En este aspecto sugerimos una mixtura de instrumentos que ataquen simultáneamente todos los componentes del tipo de cambio real efectivo: productividad, impuestos, precios de bienes no transables y tipo de cambio nominal. No se deben interrumpir las obras de infraestructura relacionadas con el tejido productivo, iniciar un agresivo programa de estímulo vía reintegros de exportaciones y créditos subsidiados, y contener la inflación de bienes no transables mediante una renegociación de las revisiones tarifarias integrales (RTI). El objetivo de fondo es descomprimir las responsabilidades del tipo de cambio nominal en el cierre de la brecha externa, elemento clave en el proceso de desinflación.

La nominalidad se encamina al 40-30-20: tipo de cambio, inflación en alimentos y salarios. El Gobierno debe revertir esta tendencia poniendo sobre la mesa la reapertura de paritarias. Con las exportaciones en retroceso y la inversión pendiendo de un hilo (en realidad, dependiendo de los programas de participación pública y privada), sería un gran error usar de ancla los salarios reales para contener la inflación. El consumo es el único componente de la demanda que puede evitar un desplome de la de actividad. Además, el BCRA cuidó mucho su patrimonio durante la corrida al estabilizar el cociente entre Lebac y reservas internacionales. Prefirió que el sector privado absorba los efectos reales de la corrida. Es hora de que utilice esos recursos para subsidiar tasas de interés. Teniendo en cuenta las presiones que generan la brecha externa y este nivel de apertura de la cuenta capital sobre los instrumentos de política monetaria, el BCRA debe seguir al BICE y al Ministerio de Producción en su estrategia de contención de daños.

Finalmente, queda el frente asociado a la estabilidad financiera. En Analytica somos conscientes de la solidez del sistema bancario. Sin embargo, las altas tasas de interés, encargadas de reencauzar a la economía argentina en el sendero de la desinflación, podrían generar nuevas posiciones especulativas (abiertas o cerradas) en activos en pesos. Teniendo en cuenta las mencionadas presiones sobre el tipo de cambio nominal, el actual nivel de apertura de la cuenta capital propicia las condiciones para una nueva corrida; máxime teniendo en cuenta que los niveles de déficit en cuenta corriente no mostraran grandes mejoras este año y que la demanda de activos externos por parte de residentes es creciente con la volatilidad del tipo de cambio nominal. “No hay que tentar al diablo”. Empecemos, de a poco y en tiempos de calma a tirar un poco de arena en la rueda de los capitales especulativos.

Mucho para hacer tiene el nuevo Ministro coordinador. Debe convencer a su “par” de Energía de que lo más conveniente es anclar usando tarifas, al Ministro Triaca de que debe renegociar paritarias y al Presidente del BCRA que debe empezar a pensar en regular el flujo de capitales especulativos y no dejar apreciar el tipo de cambio. Es hora de ayudar al BCRA en el combate contra la inflación. Las tarifas podrían jugar ese papel. Veremos. Mucho tiempo no queda. No es conveniente comenzar la campaña electoral con el proceso de desinflación y crecimiento interrumpidos.

Fuente: Analytica

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