Presupuesto 2019: mirando la inflación y la fuga de capitales. Buscar

En Analytica proyectamos el escenario económico a partir de un modelo de consistencia que permite dar coherencia a la dinámica de las principales variables. El presupuesto recientemente publicado por el Gobierno luce probable sólo bajo un supuesto de reducción brusca de la inflación, una caída del tipo de cambio nominal hasta diciembre próximo y un tipo de cambio a $/USD 43 a fin de 2019.

Las variables nominales.

El presupuesto contempla una reducción de la inflación de casi 25 p.p. (desde 47% estimado a dic-18 hasta 23% en dic-19) en tanto que el promedio del tipo de cambio nominal es de $ 28,3 para 2018 y de $ 40 para 2019. Esto es, el Gobierno espera que finalice este año en torno de $ 37/38.

En principio surgen varios cuestionamientos: i) por qué bajaría el tipo de cambio de acá a fin de año y qué lo mantiene estable en 2019, ii) qué fundamentos hay, además del anclaje cambiario, para reducir la inflación en tan poco tiempo, dado que se mantiene el programa de ajuste tarifario. Sólo como referencia, las proyecciones de mercado arrojan un tipo de cambio de $42 para fin de 2018.

Las respuestas a estos interrogantes son las que dan consistencia a la proyección de las variables reales. Con el nivel de apertura que tiene la cuenta financiera, y frente a este escenario internacional, no es posible realizar una estimación precisa del tipo de cambio. El cumplimiento de este supuesto de estabilidad cambiaria requiere una garantía de ingreso de fondos (por ejemplo del acuerdo con el FMI)  que permita despejar la presión sobre el mercado. Nuevos saltos del dólar son incompatibles con  un sendero de inflación en  caída abrupta.

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Las variables reales.

El presupuesto 2019 estima que el producto va a caer -2,4% este año y -0,5% el año que viene. Esta dinámica implica una fuerte recuperación entre puntas, dado el arrastre estadístico negativo que deja el desplome de este año. En otros términos, el nivel de actividad de diciembre va a ser tan bajo que luce poco probable una recuperación que deje el promedio de actividad del año sólo medio punto por debajo del correspondiente a 2018. Cuando analizamos el Consumo Privado, que representa cerca del 73% del producto, la proyección de Hacienda arroja una caída de -1,6%. Esta variación sólo es consistente con ingresos reales (salarios netos de inflación) cayendo entre puntas y con un promedio por debajo de 2018.  Es difícil proyectar una nueva retracción del poder adquisitivo de las familias en un año con elecciones presidenciales.

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La reducción en el déficit de Cuenta Corriente que plantea el Presupuesto (una baja de 50% en la diferencia entre importaciones y exportaciones de bienes y servicios más intereses de deuda) es sensible al delicado supuesto de tipo de cambio y precios. Si bien las exportaciones podrían crecer al ritmo que figura en el documento enviado al Congreso, una aceleración de precios también podría erosionar la competitividad, evitando la mejora en la brecha externa que plantea el gobierno. En tanto, las necesidades de dólares aumentarían para financiar la fuga de capitales si el tipo de cambio no pudiera ser controlado.

Desde el punto de vista fiscal, el escenario de subsidios cayendo fuerte en términos reales, con tarifas en línea con la inflación y este moderado salto del dólar, cierra sólo con la descentralización de los subsidios al transporte en AMBA. Un tipo de cambio más alto obliga a subir tarifas por encima de la inflación o a romper contratos con empresas proveedoras de servicios públicos.

En tanto, los derechos de exportación deben aumentar más de 200% para sostener parte de los ingresos tributarios (casi un 13%, mientras que en 2018 fue del 6%), convirtiéndose en la tercera fuente de ingresos más grande (detrás de IVA neto de deducciones y Aportes y contribuciones a la seguridad social).

Para sostener el nivel de recaudación planteado es necesario que el tipo de cambio promedio resulte cerca de $/USD 40, de forma tal de que alcance el 10% de las exportaciones. Caso contrario, el aumento en los derechos de exportación se verá licuado por la depreciación de la moneda.

Como conclusión, nos preocupa i) cuál es el escenario de paritarias que tiene en mente el Gobierno para prolongar la caída del consumo privado y frenar la inflación, y ii) cuál es la salida de capitales que valida ese escenario de tipo de cambio. La caída promedio del salario real requerida en el primer caso y la disponibilidad de dólares para financiar la fuga de capitales en el segundo, nos hace considerar improbables los parámetros del presupuesto 2019. Lógicamente, los presupuestos son sólo indicativos y normalmente contemplan discrecionalidad ante posibles escenarios adversos; el problema es que esta vez el cumplimiento de acuerdos clave (FMI y empresas proveedoras de servicios públicos) pende de la ocurrencia de los supuestos contemplados.

Fuente: Analytica

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