LOS INTERESES DE DEUDA AVANZAN SOBRE EL PRESUPUESTO

En los últimos años se han producido tres importantes cambios en el presupuesto público. Uno ha sido el fruto de una política deliberada, otro una consecuencia del modelo macroeconómico y el tercero un intento posiblemente exitoso de inducir una crisis que lleve a reformas estructurales.

En el primer caso hablamos del ajuste en las tarifas a los servicios públicos (principalmente energía, gas y transporte), que implicó un notable incremento en el precio final que pagan los consumidores[1]. De este modo, la participación del gasto en energía y gas pasó de explicar el 13% del presupuesto público durante el primer semestre de 2015 a solo el 4% para el primero de 2018.

En segundo lugar, la apertura irrestricta del mercado de cambios al comienzo de la gestión Cambiemos expuso a la economía nacional a un panorama externo incierto e inestable. En un escenario en que no se cuenta con la capacidad de generar las divisas necesarias para compensar la demanda de dólares, la apertura requería un abrupto ajuste en el gasto externo que el Gobierno intentó evitar iniciando un acelerado proceso de endeudamiento (ver acáacáacá y acá).

Así, el crecimiento en los pasivos públicos dio paso a una creciente incidencia de los intereses de deuda por sobre la mayoría de las partidas del gasto público. En estos últimos tres años, su participación se llegó a duplicar, colocándose en segundo lugar luego del principal componente del presupuesto público, la seguridad social.

 

Fuente: ITEGA

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