La recuperación económica mundial se está afianzando

JORGE REMES LENICOV

con la colaboración de Patricia Knoll y Anahí Viola

El crecimiento del mundo en 2017 será de 3,6%, cuando en 2016 fue de 3,2% (la tasa más baja desde la crisis financiera internacional). Esto se debe a la aceleración del crecimiento en Europa, Japón, China y EE.UU., los pilares de la economía mundial. Crece el conjunto de los países desarrollados (PD) y el de los países en desarrollo (PED); otro dato positivo es el aumento de la inversión mundial que a su vez estimula la actividad manufacturera.

Para 2018 el FMI proyecta una tasa algo superior (3,7%) impulsada básicamente por los PED dado que los PD crecerán algo menos que este año.

 

 

Mejoran los Países Desarrollados

El repunte del crecimiento esperado en 2017, que será de 2,2%, es más vigoroso que lo previsto a principios de año.

En los EE.UU. la economía crecerá 2,2% en 2017, tasa que está algo por encima del potencial (1,8%), lo cual refleja una buena situación coyuntural pero una limitante para el futuro. La recuperación de la Unión Europea (UE) cobrará impulso este año y se prevé que habrá de moderarse en 2018. El mayor crecimiento puede atribuirse primordialmente a la aceleración de las exportaciones y a la demanda interna. Entre los países más grandes, España es el de mayor crecimiento e Italia el de menor expansión. También crecerán poco el Reino Unido y Japón, aunque en este caso es superior a la del año precedente. Grecia parece estaría dejando atrás un larguísimo periodo de ajuste y volvería a crecer.

 

Los Países en Desarrollo siguen creciendo

Los PED crecerán 4,6%. En China, las previsiones indican que el crecimiento subirá ligeramente en 2017 y disminuirá 2018, pero está en línea con el nuevo reequilibramiento de su economía que establecía tasas algo menores al 7%; igualmente cumplirán con la meta de duplicar su PIB entre 2010 y 2020. También será vigoroso el crecimiento en el Sudeste asiático. En la India, si bien continúa con tasas muy altas,  perdió algo de impulso debido al impacto de la iniciativa de cambio de moneda y a la incertidumbre generada por la aplicación de un impuesto sobre los bienes y los servicios.

América Latina sigue atravesando una situación difícil. Su PIB se contrajo en 2015 y en 2016 y se prevé que suba apenas 1,2% en 2017 y 1,9% en 2018. En México, el crecimiento disminuiría en este y el próximo año debido a la incertidumbre generada por la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Para Brasil se estima un crecimiento de 0,7% en este año y 1,5% en 2018 gracias a una cosecha abundante y al estímulo del consumo. En Argentina, las proyecciones indican que el crecimiento repuntará a 2,5% en 2017, tasa que se mantendrá en 2018. El recrudecimiento de la crisis política en Venezuela constituye una pesada carga para la actividad económica; su PIB cayó 16,5% en 2016, 10% en 2017 y se estima una contracción de 6% en 2018.

Rusia y Sudáfrica, que a principios de siglo eran, junto a Brasil, China e India, el grupo denominado BRICS y que era señalado como el que marcaría el paso de la economía mundial y sería un ejemplo a seguir, van a crecer en este y el próximo año muy poco. Estrictamente, de ese grupo de cinco países, solo China e India crecen a elevadas tasas.

 

Para el mediano plazo se estima que los PED seguirán aportando las dos terceras partes de la tasa de crecimiento global. Aunque detrás de estas cifras agregadas existe una gran heterogeneidad: la tasa de crecimiento agregada proyectada por el FMI para 2017–22 está sustentada por el rápido crecimiento de los dos países más poblados del planeta, China e India, que generaran una parte sustantiva del crecimiento mundial.

 

 

Algunos problemas y riesgos para el corto plazo

Si bien la recuperación abarca al 75% de la economía mundial y las perspectivas están mejorando para 2018, el crecimiento sigue siendo bajo en muchos países, entre ellos en los de América Latina, la inflación está por debajo del nivel fijado como meta en la mayoría de los PD y el crecimiento de la productividad sigue siendo muy débil. Por otra parte, los exportadores de materias primas —sobre todo, combustibles— han sufrido un golpe especialmente duro, ya que continúan adaptándose a la fuerte disminución de los ingresos del exterior. Además, son varios los países que están atravesando momentos de agitación civil o política, sobre todo en Oriente Medio, África y en un par de países de América Latina, región donde el ingreso por habitante se mantiene en los niveles de hace seis años.

En términos generales hay algunos riesgos que pueden ser preocupantes como la incertidumbre en torno a la política económica de los EE.UU. (cuestiones regulatorias, fiscales y comerciales), la negociación del Brexit, y las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y en Corea del Norte, que podría afectar la confianza y por tanto el consumo, la inversión y el mercado financiero.

 LOS PRECIOS DE LAS MATERIAS PRIMAS

Pese a las expectativas de vigorización de la demanda mundial, los precios de las materias primas se mantienen bajos y, para este año, se estima una caída en el promedio general, aunque con mucha variabilidad entre los productos y oscilaciones durante el año. Los descensos más pronunciados se observarán en los combustibles (petróleo, gas y carbón) debido al aumento de la oferta. Los metales tendrán una muy leve alza aunque el comportamiento de los distintos metales será muy dispar (suben cobre y aluminio y baja el hierro). Finalmente, los precios agrícolas tendrán una leve caída mientras que los productos cárnicos aumentarán, aunque muy poco. No se prevé, como tendencia, una recuperación en los próximos años.

 

 

LA INFLACIÓN SIGUE BAJA (IPC)

La inflación sigue demasiado baja en los PD porque, pese al afianzamiento de la demanda interna, los aumentos salariales siguen siendo muy débiles. La inflación aumentó de 0,8% anual en 2016 a 1,7% en 2017 y se espera que dicha tasa se mantenga durante 2018. Lo más probable es que la inflación aumente en los próximos años solo de manera gradual hacia las metas fijadas por los bancos centrales.

Los más problemáticos son Japón y la UE, donde los aumentos de precios están en alrededor del 1% anual, cuando el objetivo es el 2%, tasa que no se alcanza desde hace ya algunos años; se espera que para 2021 los países europeos se acerquen al objetivo. Los más cercanos a la meta establecida por los bancos centrales son los EE.UU. y el Reino Unido cuya inflación se encuentra en alrededor del 2%.

Una inflación tan baja es una fuente de preocupación, porque deja las tasas de interés nominales en niveles tan bajos que los bancos centrales no pueden bajarla más y pierden un instrumento de política. Además, dificulta reducir o mantener la deuda en términos reales, que es muy elevada en los PD.

 

En los PED las tasas de inflación se han moderado al diluirse los efectos del traslado a los precios de las devaluaciones. Será de 4,2% en 2017 y se estima en 4,4% en 2018. En China la inflación se mantiene en el orden del 2% y se observa una reducción en la India, Brasil y Rusia y leve alza en México. Entre los países de tamaño medio con más alta inflación, se reducirá en Argentina mientras que continuará el proceso hiperinflacionario en Venezuela.

 LOS SALARIOS AUMENTAN MUY POCO

El crecimiento de los salarios reales sigue siendo muy débil en comparación con recuperaciones anteriores. Este magro crecimiento es una de las razones por las cuales la inflación, sobre todo en los PD, es inusitadamente baja. Además, aumenta la desigualdad en la distribución del ingreso y por cierto provoca un mayor malestar social. Además, los asalariados enfrentan los temores de una automatización más veloz y la liberalización del comercio; si bien, como argumenta la teoría, algunos empleos desaparecen a la vez que se crean otros, al trabajador que está en las actividades que desaparecen le cuesta mucho reconvertirse y volver a emplearse.

 

LAS CONDICIONES FINANCIERAS SON BUENAS

En términos generales, reina el optimismo en los mercados financieros, con avances ininterrumpidos de los mercados bursátiles tanto en los PD como en los PED y con baja volatilidad.

Se espera para el corto plazo el mantenimiento de las condiciones financieras favorables en todo el mundo, y los mercados al parecer no avizoran mayores turbulencias en el futuro. Se espera que la normalización de la política monetaria de la FED de los EE.UU. sea más paulatina y que la tasa de interés aumente más lentamente, motivo por el cual el dólar se devaluó con una apreciación proporcional del euro: en enero la relación euro/dólar era de 1,05 y en noviembre llegó a 1,17. Se estima que la política monetaria del BCE tardará más tiempo en normalizarse debido a que aún la tasa de inflación es muy baja.

 

LAS POLÍTICAS FISCALES

Mientras los PD mantienen una política fiscal cuyo déficit se mantiene por debajo del 3% del PIB, en los PED sigue aumentando alcanzando a niveles que no son sostenibles en el tiempo. El resultado es la deuda pública: en los PD si bien sigue siendo alta no aumenta en relación al PIB, en los PED crece año tras año. Si en 2012 la deuda como proporción del PIB de los PED equivalía al 35% de la de los PD en 2017 será del 45%.

PERSPECTIVAS DEL SECTOR EXTERNO

El comercio internacional creció 2,4% en 2016 en términos de volumen, o sea, el ritmo más lento desde 2009, tanto en los PD como en los PED; esto contrasta con lo sucedido antes de la gran recesión cuando el crecimiento del comercio duplicaba al de la economía. Se prevé un leve repunte para este año 2017; el FMI considera que hacia el futuro el comercio crecerá a una tasa solo levemente superior al PIB de la economía mundial.

La cuenta corriente de los PD sigue siendo positiva mientras que en los PED aumenta el déficit, aunque en términos globales los desequilibrios son mínimos.

 

 

Cuando el análisis se realiza por países, lo que se observa es que la diferencia entre los deficitarios y superavitarios tiende a reducirse. Durante la gran recesión, cada uno de esos grupos era equivalente a casi el 3% del PIB mundial; ahora es de algo menos del 2%. Los grandes superavitarios siguen siendo China, Alemania, Países Bajos, Suiza, Japón, Corea y los exportadores de petróleo. Entre los grandes deficitarios se destacan EE.UU., Reino Unido, Canadá, Turquía y América Latina, siempre en relación al PIB mundial.

 

 

LOS RIESGOS A MEDIANO PLAZO

Existen algunos riesgos que llevan a reducir las estimaciones sobre la tasa de crecimiento para el mediano plazo:

  • La desaceleración de la expansión de la fuerza laboral por el envejecimiento y el muy bajo aumento de la productividad limitan el crecimiento potencial de los PD. Si la productividad no aumenta a una velocidad mayor, la tasa de crecimiento potencial de los PD se va a reducir, como viene sucediendo desde 2009/10. Y esto afecta al resto del mundo: el cálculo que hace la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico es que por cada 2 puntos de aceleración de la productividad total en los PD hay un crecimiento de 0,3 puntos porcentuales en el resto del mundo que comercia con ellos.
  • El sobreendeudamiento y la disminución del crédito (los bancos están temerosos y con las mayores regulaciones están contenidos) es un problema para el crecimiento. Si bien el elevado endeudamiento es característico en los PD, hay algunos PED muy grandes en la misma situación, como sucede con China y Brasil. Hay un conflicto de objetivos entre la necesidad de bajar la deuda porque es muy alta, y aumentar el crédito para crecer; es uno de los grandes desafíos que tienen las autoridades económicas.
  • La posibilidad de cambios bruscos de corto plazo en los precios de las materias primas, que genera inestabilidad en los PED. Siempre que cambian bruscamente los términos del intercambio hay PED que se benefician y otros que se perjudican, pero en ambos casos produce inestabilidad y reduce la tasa de crecimiento de largo plazo.

 

  • La persistencia de la baja inflación y de las tasas de interés nominales en los PD resta a sus bancos centrales margen para recortar las tasas de interés con la finalidad de restablecer el pleno empleo en caso de desaceleración de la economía.

 

  • Una flexibilización de las mejoras logradas en el ámbito de la regulación y la supervisión financiera como lo está proponiendo D. Trump podría reducir los requerimientos de capital y liquidez o la eficacia de la supervisión, con repercusiones negativas hacia el futuro para la economía mundial.

 

  • Problemas sociales y políticos derivados del muy bajo o nulo crecimiento de los salarios (sobre todo de los que tienen menores niveles de capacitación), de los cambios acelerados en las tecnologías que limitan la demanda de mano de obra y de la concentración de la riqueza y de los ingresos.

 

  • Factores no económicos, tales como tensiones geopolíticas, fenómenos meteorológicos extremos, terrorismo y problemas de seguridad.

 

  • Posibilidad de un deterioro en la cooperación internacional en temas vinculados al comercio, control de los paraísos fiscales, cambio climático, regulación y control del sistema financiero debido al cambio de estrategia de los EE.UU.

 

LA REUNIÓN DEL G-20 EN ALEMANIA

La cumbre del G-20 realizada en Alemania en setiembre pasado muestra de alguna manera que se va construyendo un nuevo orden mundial, en el que los EE.UU. va dejando de ser la fuerza dominante que marcaba el rumbo económico para convertirse en un actor solitario y decidido a romper consensos que se consideraban intocables.

En su primera experiencia en el principal foro de la gobernanza económica global, el presidente Donald Trump se enfrentó con un bloque de países mayoritariamente unido contra sus políticas en materia del cuidado del ambiente, el comercio y las migraciones. El choque más fuerte se dio a raíz de la decisión de Trump de retirar a su país del Acuerdo de París contra el cambio climático firmado en 2015 con el impulso de su antecesor, Barack Obama. En el documento final se refleja la diferencia de opiniones entre los EE.UU. y los 19 miembros restantes del bloque, quienes reafirman su compromiso de implementar “rápidamente” el Acuerdo de París y “toman nota” de la decisión de los EE.UU. de abandonar este histórico pacto.

El comercio también desató fuertes discusiones durante el debate. Trump escuchó una cadena de alegatos contra el proteccionismo y a favor de la integración económica, a los que respondió con acusaciones a Alemania y a China de supuestas maniobras de dumping que perjudican a la industria norteamericana. Jugó una carta pesada al anunciar su voluntad de firmar un acuerdo comercial con el Reino Unido cuando se concrete su salida de la UE. En el documento final se mantuvo la habitual condena del G-20 al proteccionismo, pero se agregaron elementos para asegurar la firma de Trump. Se sostiene que el comercio “debe ser recíproco y mutuamente ventajoso” y que los EE.UU. puede recurrir a “instrumentos legítimos en defensa del comercio” si se aprovechan de ellos.

Fuente: UNSAM

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