La importancia de las TIC en las necesidades de la sociedad: una aproximación a través de la óptica de Maslow

El objetivo de este documento es resaltar la importancia de las TIC en los países en desarrollo desde la perspectiva de la demanda. Consideramos que disponer de un teléfono móvil y de acceso a Internet son necesidades básicas cada vez más importantes. Los jóvenes valoran las necesidades relacionadas con las TIC en mayor medida que las personas mayores. Además, el nivel de desarrollo económico es un factor relevante cuando la tecnología no ha sido adoptada de forma generalizada.

Introducción

El desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) presenta un fuerte potencial para transformar las economías y las sociedades de diversas maneras, reduciendo los costes de información y de transacciones, creando nuevos modelos de colaboración para aumentar la eficiencia de los trabajadores, promoviendo la innovación y mejorando la educación y el acceso a servicios básicos. La innovación parece estar en todos los ámbitos de la vida de los consumidores, en los procesos de producción de la industria y los servicios, así como en la operativa del sector público. Sin embargo, aunque observamos cambios importantes en la vida de las personas, resulta difícil encontrar algún efecto en las estadísticas de productividad. Lo mismo ocurrió cuando los ordenadores se introdujeron en la sociedad de forma masiva (Griliches, 1994, Brynjolfsson y Yang, 1996, Triplett, 1999, y Jorgenson, 2001). Este fenómeno conocido como la Paradoja de Solow (1987), ya se había observado en el surgimiento de la tecnología de la información. La literatura económica debate sobre el motivo por el que las estadísticas macroeconómicas no muestran incrementos en la productividad que apunten a una nueva revolución industrial. Nuestra hipótesis es que los efectos sobre la economía de la actual revolución podrían reflejarse más en el lado de la demanda que en el de la oferta. Aún teniendo en cuenta la presencia de errores de medición del crecimiento del PIB y la debilidad de las inversiones desde la crisis financiera, el impacto de la economía digital resulta difícil de medir usando indicadores tradicionales por el lado de la oferta, como el crecimiento de la productividad.2 La mayor parte de las mejoras en el nivel de bienestar derivadas de los servicios digitales en Internet se pasa por alto en los enfoques tradicionales, los cuales se basan exclusivamente en el gasto monetario. El sistema actual de contabilidad del PIB para las economías presenta rigideces en lo relativo a los servicios gratuitos. Si un servicio carece de precio, entonces no existe una manera estándar de estimar su valor en términos monetarios. Sin embargo, las consecuencias asociadas a las TIC afectan no sólo a la productividad de los individuos como trabajadores (proveedores de mano de obra), sino también como consumidores, cambiando sus niveles de bienestar (es decir, demanda de bienes y servicios y calidad de vida). La amplia presencia de smartphones y aplicaciones han dado lugar a la esxistencia de numerosos servicios gratuitos, lo que a su vez limita el método actual de contabilidad del PIB.3 Es por ello que los efectos de esta revolución podrían verse reflejados por el lado de la demanda más que por el lado de la oferta. No importa cuán importantes sean los servicios, ni cuánto hayan mejorado con el tiempo. Cualquier mejora en la calidad de este tipo de servicios no representa una contribución al PIB, ya que se trata de una medida de la producción total y no del bienestar de la sociedad. Dadas las importantes fluctuaciones del crecimiento de la productividad total de los factores (PTF) a medio plazo y la probabilidad de que las previsiones se equivoquen, no sería sorprendente que las revisiones de las expectativas sobre el futuro crecimiento de la productividad se basan en el análisis de shocks de demanda agregada (Crafts y Mills, 2017). Muchas de las tareas automáticas que las personas realizan periódicamente, como pensar en qué comprar (sistemas de recomendación), pedir consejos de salud, reservar un viaje o pagar impuestos, se llevan a cabo de forma totalmente diferente cuando se utilizan las aplicaciones de Internet. No obstante, la forma de medir el impacto de estos elementos en términos de productividad y su relación con el PIB continúa siendo compleja.4 Con el fin de captar los efectos sobre la economía de las innovaciones actuales, muchas de ellas traducidas en servicios gratuitos, una posible solución sería abordar el problema de medición por el lado de la demanda. En concreto en aspectos como el bienestar del consumidor derivado del consumo de este tipo de servicios. A fin de probar este mecanismo, este estudio se centra en el lado de la demanda desde el punto de vista del individuo como consumidor y analiza la posición relativa, en el contexto de las necesidades de los consumidores, de dos indicadores relacionados con la economía digital: tener acceso a Internet y poseer un teléfono móvil. Se dispone de microdatos del Pew Research Center para 2014 sobre el impacto que las TIC han tenido sobre el bienestar en la sociedad para 34 países en desarrollo. El análisis que se realiza se basa en diferentes generaciones de consumidores, lo que revela un patrón diferenciado entre los consumidores más jóvenes o “nativos digitales” y los consumidores de más edad o “inmigrantes digitales”

Fuente: BBVA Research

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