La Economía del Cambio Climático en América Latina y el Caribe

SÍNTESIS 2016 – UNA VISIÓN GRÁFICA

El cambio climático se manifesta de diversas formas: el aumento de la temperatura media global, el alza del nivel del mar, la reducción de la criosfera y las modifcaciones de los patrones de precipitación y de eventos climáticos extremos1 . Los datos científcos disponibles constatan la infuencia de diversas actividades humanas sobre estas transformaciones del clima, que tienen consecuencias signifcativas sobre las actividades económicas, el bienestar social y el medio ambiente2 . El cambio climático puede entenderse, desde una óptica económica, como la consecuencia de una externalidad negativa global que es consustancial al actual estilo de desarrollo y que pone en riesgo un bien público global como es el clima. Las actividades económicas, en su conjunto, causan la emisión de gases de efecto invernadero a la atmosfera sin que esto suponga ningún costo económico para los responsables de dichas emisiones. Esto ha generado el actual fenómeno de calentamiento global y, a su vez, ha originado la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático para coordinar una acción internacional de respuesta.

Para enfrentar el cambio climático es indispensable modifcar los patrones de producción y consumo de energía y de uso del territorio, así como implementar medidas de adaptación para paliar sus efectos más nocivos. Estas acciones, a su vez, dependen de la existencia de políticas coherentes, en todos los ámbitos del quehacer público, que permitan enfrentar la magnitud de las transformaciones necesarias para soportar los efectos negativos del cambio climático sobre las actividades económicas, los ecosistemas y el bienestar social. Se requiere un esfuerzo de adaptación a las nuevas condiciones climáticas y una evolución hacia procesos productivos que causen menores emisiones de gases de efecto invernadero y que, al mismo tiempo, puedan lograr mejores niveles de desarrollo. Se trata de una transformación estructural del actual estilo de desarrollo, una transición hacia un desarrollo más sostenible que preserve los activos económicos, sociales y ambientales para las generaciones futuras. Estos cambios conllevan una oportunidad para realizar inversiones de mejor calidad y con ello dinamizar la economía. El cambio climático sintetiza e intensifca los desafíos de un estilo de desarrollo que no es sostenible, como lo muestra la conformación de una compleja matriz de externalidades negativas que incluso erosionan las bases de sustentación del actual dinamismo económico. El cambio del estilo de desarrollo es la expresión en políticas de los nuevos consensos sociales y de un direccionamiento deliberado hacia la sostenibilidad del desarrollo.

Los avances internacionales apuntan hacia ese redireccionamiento en todos los ámbitos. La aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas expresa el acuerdo de los países de alcanzar una agenda universal de metas económicas, sociales y ambientales para el año 2030; el Objetivo 13, en concreto, llama a “adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos”. El Acuerdo de París frmado en el vigesimoprimer período de sesiones de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 21) recoge las metas de mitigación y adaptación y las contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN) de los países para estabilizar las emisiones de CO2, evitar un aumento de la temperatura global superior a 2 °C y lograr una adaptación apropiada a las nuevas condiciones climáticas. En octubre de 2016 la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III) acordó una Nueva Agenda Urbana con el objetivo de mejorar la calidad de los asentamientos humanos. La Tercera Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo celebrada en Addis Abeba retomó el tema de los medios de implementación. En conjunto, se plantea un marco general para construir y avanzar en una agenda transformadora a nivel internacional. Para que esta se concrete (y también las CDN) se requiere el diseño e instrumentación de políticas públicas y pactos globales y nacionales que expresen un compromiso frme y activo con el desarrollo sostenible y que, por tanto, contemplen simultáneamente sus potenciales efectos en las dimensiones económica, social y ambiental. Esto hace que sea necesario identifcar apropiadamente las características específcas que adquiere el fenómeno climático en la región, entre las que destacan las siguientes:

i) Una paradoja temporal, pues el cambio climático es un fenómeno de largo plazo cuyos efectos serán más intensos en la segunda mitad del siglo XXI, pero es necesario iniciar su solución de forma inmediata. Actualmente las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en el mundo se sitúan alrededor de las 6 toneladas anuales per cápita. Estabilizar el clima en un aumento no superior a 2 °C de temperatura en 2050 implica reducir esas emisiones a 2 toneladas anuales de CO2 equivalente per cápita. Así, la infraestructura que se construya actualmente, que probablemente seguirá en uso en 2050, debe ser compatible con una senda de crecimiento baja en emisiones de carbono que permita pasar de 6 a 2 toneladas de CO2 equivalente per cápita. De lo contrario, el mundo puede quedar anclado a un estilo de desarrollo alto en carbono que llevará a aumentos de temperatura superiores al nivel acordado para la seguridad climática.

ii) Una condición asimétrica, dado que América Latina y el Caribe representa menos del 10% de las emisiones mundiales y, sin embargo, es extremadamente vulnerable al impacto del cambio climático. Asimismo, se observa que las emisiones de gases de efecto invernadero de la región tienen una estructura diferente a las mundiales. En la región aún son relevantes las emisiones provenientes del cambio de uso del suelo, que están reduciéndose paulatinamente, y existe una matriz energética más limpia, aunque sus emisiones están aumentando debido a la evolución del ingreso y del consumo de energía de la mano del transporte, en particular el urbano.

iii) Una doble inequidad, pues los estratos económicos de ingresos más altos de América Latina y el Caribe son responsables de la mayor parte de las emisiones; los estratos bajos contribuyen en menor medida a generar emisiones de CO2, pero son más vulnerables a sus efectos: se ubican en regiones geográfcas más expuestas a los eventos climáticos extremos y disponen de menos recursos para adaptarse a las nuevas condiciones climáticas. iv) Las insostenibles pautas de consumo actuales de las economías modernas, incluidas las de América Latina y el Caribe. El reciente aumento del ingreso en América Latina y el Caribe, apoyado en el auge de las exportaciones de recursos renovables y no renovables, ha sacado de la pobreza a grandes sectores de la población y ha mejorado sus condiciones económicas y sociales. Esto ha creado nuevos grupos de consumidores que se ajustan a la conocida ley de Engel, que establece que conforme aumenta el ingreso, disminuye la proporción de ese ingreso que se gasta en alimentos, lo que crea nuevos espacios de consumo. Al mismo tiempo, se observa un aumento de la participación del gasto en combustibles para el transporte y en otros bienes que paulatinamente se van privatizando, como la educación y la salud. Esta transición desde los servicios públicos hacia los servicios privados de transporte, salud, educación, seguridad y espacios de convivencia sugiere una disconformidad con los servicios públicos actuales y genera un estilo de desarrollo que tiende a una mayor segmentación social y difculta el cumplimiento de las metas climáticas. Para lograr la transición hacia un desarrollo sostenible, América Latina y el Caribe deberá construir una matriz radicalmente mejor de servicios públicos, que responda a los actuales requerimientos de calidad, efciencia e inclusión social de las clases sociales emergentes de la región en cuanto a servicios como transporte y movilidad, salud, educación y seguridad.

v) Cambio del enfoque de respuesta: de la inevitable adaptación a la promoción del desarrollo sostenible basado en la inversión resiliente y baja en carbono. Las proyecciones actuales de emisiones de gases de efecto invernadero sugieren que es prácticamente inevitable que se produzca un aumento de temperatura de 2 °C, por lo que es indispensable instrumentar procesos de adaptación que permitan prevenir víctimas humanas o pérdidas materiales costosas e irreversibles. Dichos procesos de adaptación implican, por ejemplo, detener la deforestación, preservar la biodiversidad, confgurar sistemas de protección social universal y construir sociedades más incluyentes. Esto demanda ir más allá y aprovechar las oportunidades que ofrece un desarrollo más bajo en carbono, como lo ilustran la penetración de las energías renovables en la matriz eléctrica de varios países, el uso del territorio urbano y sus políticas como motor de la innovación en movilidad, el aprovechamiento de residuos, el uso de las tecnologías de la información, la generación y almacenaje de energía y el potencial del manejo del medio rural con base en técnicas productivas que revierten la degradación a la vez que aumentan la productividad.

El principal objetivo de esta publicación es presentar las hipótesis y las cifras básicas de la economía del cambio climático en América Latina y el Caribe de forma resumida y gráfca. Estos hechos estilizados buscan contribuir a un mejor diseño, instrumentación y evaluación de las políticas públicas referidas al cambio climático en el siglo XXI, de manera que permitan la transformación del actual estilo de desarrollo y la transición hacia un desarrollo sostenible. Además del prólogo y esta introducción, se incluyen nueve tesis y siete desafíos que defnen las características del cambio climático en América Latina y el Caribe.

Fuente: CEPAL

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