LA ECONOMÍA DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

El cambio climático se manifesta de diversas formas: el aumento de
la temperatura media global, el alza del nivel del mar, la reducción de la
criosfera y las modifcaciones de los patrones de precipitación y de eventos
climáticos extremos1
. Los datos científcos disponibles constatan la
infuencia de diversas actividades humanas sobre estas transformaciones
del clima, que tienen consecuencias signifcativas sobre las actividades
económicas, el bienestar social y el medio ambiente2
.
El cambio climático puede entenderse, desde una óptica
económica, como la consecuencia de una externalidad negativa global
que es consustancial al actual estilo de desarrollo y que pone en riesgo
un bien público global como es el clima. Las actividades económicas,
en su conjunto, causan la emisión de gases de efecto invernadero a
la atmosfera sin que esto suponga ningún costo económico para los
responsables de dichas emisiones. Esto ha generado el actual fenómeno
de calentamiento global y, a su vez, ha originado la Convención Marco
de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático para coordinar una
acción internacional de respuesta.

Para enfrentar el cambio climático es indispensable modifcar los
patrones de producción y consumo de energía y de uso del territorio, así
como implementar medidas de adaptación para paliar sus efectos más
nocivos. Estas acciones, a su vez, dependen de la existencia de políticas
coherentes, en todos los ámbitos del quehacer público, que permitan
enfrentar la magnitud de las transformaciones necesarias para soportar los
efectos negativos del cambio climático sobre las actividades económicas, los
ecosistemas y el bienestar social. Se requiere un esfuerzo de adaptación a las
nuevas condiciones climáticas y una evolución hacia procesos productivos
que causen menores emisiones de gases de efecto invernadero y que, al
mismo tiempo, puedan lograr mejores niveles de desarrollo. Se trata de una
transformación estructural del actual estilo de desarrollo, una transición
hacia un desarrollo más sostenible que preserve los activos económicos,
sociales y ambientales para las generaciones futuras. Estos cambios
conllevan una oportunidad para realizar inversiones de mejor calidad y con
ello dinamizar la economía.
El cambio climático sintetiza e intensifca los desafíos de un estilo
de desarrollo que no es sostenible, como lo muestra la conformación de una
compleja matriz de externalidades negativas que incluso erosionan las bases
de sustentación del actual dinamismo económico. El cambio del estilo de
desarrollo es la expresión en políticas de los nuevos consensos sociales y de
un direccionamiento deliberado hacia la sostenibilidad del desarrollo.

Fuente: CEPAL

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