La canasta de alimentos esenciales aumentó casi 40% promedio en un año.

 El proceso devaluatorio siguió su curso en el último mes.
Después de conocerse los detalles de la renegociación del
acuerdo con el FMI, se vieron las primeras consecuencias sobre
la política monetaria y su correlato en el mercado cambiario.
 La suba en una semana de la cotización del billete verde no es
más que la confirmación de que el modelo macroeconómico que
el Fondo diseñó para nuestro país es uno con tipo de cambio alto.
 En la mayoría de los países que el FMI asiste, posiblemente esto
no sea un problema mayor. La disposición del tipo de cambio
flotante es el mecanismo para amortiguar los shocks externos
sin mayores consecuencias reales. La idiosincrasia económica
argentina, es profundamente distinta.
 En primer lugar, por nuestra matriz productiva, caracterizada
por una mayor competitividad en bienes (primarios) que son
consumidos por nuestros propios habitantes. Este primer punto
no tiene efectos neutrales sobre los incentivos de los
exportadores a colocar su producción localmente.
 En segundo lugar, por nuestra histórica cultura bimonetaria. El
pasaje a precios de la devaluación está también vinculado al
discernimiento de que toda suba del dólar es síntoma de
inestabilidad macro. En tal sentido, muchas veces el traslado
automático a precios de productos finales, busca cobertura.
 En este marco, importa especialmente lo que ocurre sobre los
bienes alimentarios más esenciales, que son típicamente
consumidos por las mayorías populares.
 En la presente infografía, analizamos la evolución de nuestra
“canasta de alimentación esencial”. Su confección se basa en
los parámetros kilocalóricos básicos para mantener una
alimentación saludable. Para su relevamiento, se diferenciaron
grupos socioeconómicos a partir de una división por marca.
Asimismo, se comparó el valor de la canasta en función a
distintas medidas de ingresos y transferencias sociales.
 En números, los 22 productos relevados consolidan un valor de
$1.028 para la canasta “económica”, de $1.282 para la canasta
media y de $1.936 en la canasta premium.
 En la apertura por canasta, se tienen trayectorias disímiles. Las
marcas del segmento económico fueron las que mayores
aumentos verificaron en el último año, con una suba del 42,5%.
 Por su parte, los segmentos medios y premium mostraron
sendos aumentos anuales del 39,2% y 28,2%, respectivamente.
 Desglosando por producto, se encuentran algunos aumentos
exorbitantes. Por caso, en el último año, la harina de trigo
aumentó un 123,7%, la cebolla subió un 100,2%, la acelga tuvo un
alza del 78,1% y el precio de los fideos se incrementó un 64,9%.
 La evolución temporal, marca que la canasta promedio costaba
tan sólo $583 en agosto de 2015. Después de la primera ronda
devaluatoria de fines de ese año, el monto trepó hasta los $779.
Con el fuerte proceso inflacionario, en 2017 alcanzó los $921,
mientras que en la actualidad subió a los mencionados $1.281.
 En un análisis de poder de compra, la situación también se
presenta acuciante. Ocurre que el peso de la canasta de
alimentación esencial se incrementó fuertemente sobre los
presupuestos familiares. Por caso, el porcentaje medio de costo
de una canasta en relación a una AUH subió 7,4 puntos
porcentuales. En relación a una jubilación mínima aumentó 1,4
puntos y en función al salario medio subió en 0,7 puntos.
 Con todo, la canasta media aumentó casi 40% en el último año,
lo cual acumula un 120% desde el año 2015.

Fuente: Undav

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