Informe Especial: Natalidad Empresarial y Desarrollo Productivo

Sin empresas no hay trabajo. Y sin trabajo hay pobreza. Se debate cómo crear empleo, pero no se
debate cómo crear empresas. La discusión sobre la generación de empleo olvida un paso
intermedio: el empleo lo crean las empresas. Sin empresas, el trabajo lo deberá crear el Estado y
las personas deberán auto-emplearse como “monotributistas” en actividades de baja
productividad.
La literatura internacional señala que la creación (y supervivencia) de nuevas empresas es un
factor sustancial para el crecimiento y el desarrollo económico de un país, ya sea porque se
generan más puestos de trabajo y se incrementa el ingreso total, o porque se generan nuevos
procesos y/o productos. El stock de empresas existentes en un país y la tasa de natalidad
empresarial son indicadores clave de su desarrollo futuro.
En Argentina, de acuerdo con las estadísticas internacionales que se presentan en este Informe
Especial, se observa una grave anomalía estructural que se refleja en un escaso número de
empresas (formales e informales) y una muy baja tasa de natalidad empresarial. Existe además
una concentración de la informalidad en la contratación de la mano de obra en las empresas con
menos de 10 ocupados. Es totalmente errado pensar que Argentina dispone de una clase
empresarial abundante, como se solía afirmar hace treinta o cuarenta años. En Argentina hay
pocas empresas, prevalentemente pequeñas, y con un alto grado de informalidad de la mano de
obra que ocupan.
¿Cuáles son las causas de la baja natalidad empresarial argentina y el alto grado de informalidad
concentrada en las empresas de menos de 10 ocupados?
Para dar una respuesta a estas preguntas es necesario considerar que el nacimiento de un
emprendimiento es el resultado de la decisión de un individuo que debe optar entre buscar un
trabajo en relación de dependencia (en el sector privado o en el sector público) o iniciar una
actividad por cuenta propia, es decir, transformarse en emprendedor. Esta decisión está
condicionada por las capacidades técnicas y habilidades del potencial emprendedor (el “saber
hacer”), la disponibilidad de capital propio (y de terceros) para financiar el inicio de la actividad, la
carga tributaria que pesa sobre las empresas nacientes y el nivel de “riesgo ambiental” (relaciones
laborales, grado de certidumbre sobre las reglas de juego, funcionamiento de la justicia, etc.).
Todas estas condiciones determinan la tasa de natalidad empresarial y, en consecuencia,
determinan el stock final de empresas existentes en un país.

Fuente: observatorio pyme

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