INFORME DE COYUNTURA MENSUAL N 26° | Julio 2018

Las estadísticas oficiales empezaron a reflejar las consecuencias de la
sequía y la corrida cambiaria, de modo tal que la economía ya comenzó a
procesar los efectos de la crisis. La perspectiva de dos años seguidos de
crecimiento quedó frustrada, y la discusión económica giró hacia la
duración y profundidad de la recesión.
A la debilidad del consumo masivo se sumó la caída del consumo durable.
La construcción seguirá en baja de la mano del ajuste en la obra pública, y
la retracción del gasto en equipo durable de producción pondrá un techo
a uno de los componentes de la demanda de mayor tracción: la inversión.
El desplome del sector inmobiliario ocasionado por la devaluación
marcó el fin del boom de acceso a la vivienda.
Las pocas señales positivas que enviaba el mercado de trabajo previo
a la crisis están desapareciendo de manera prematura, y las primeras
estadísticas encienden luces amarillas. No solo se profundiza el deterioro
de los ingresos reales, sino que incluso el empleo precario, que había
compensado el deterioro de los puestos de trabajo de calidad, se estaría
viendo afectado.
De cara a una discusión de suma importancia como la del Presupuesto
2019, las finanzas públicas han sintetizado los efectos de dos años y
medio de gobierno de Cambiemos. La fuerte presencia de los intereses
de la deuda y el rol protagónico que está teniendo la seguridad social en
el programa de ajuste son dos elementos clave. La pretensión que tiene
el FMI de acotar las fuentes de financiamiento no hace más que
agravar las perspectivas de sostenibilidad de la deuda pública.
La viabilidad de la contención inflacionaria sigue estando supeditada
a la posibilidad sostener en el tiempo la estabilidad del tipo de cambio
lograda en las últimas semanas. El activismo del banco central se vio
reforzado con el cambio de autoridades, pero hasta el momento los
fundamentos de la economía tuvieron modificaciones marginales. A pesar
de la devaluación, la posición del sector externo es todavía frágil. De
materializarse un escenario más adverso para el tipo de cambio, los riesgos
de una crisis de mayores proporciones no deberían despreciarse.

Fuente: ITEGA

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