FINANCIAMIENTO NO BANCARIO EN EL MUNDO Y EN ARGENTINA

El monitoreo de la estabilidad financiera involucra el seguimiento de los riesgos y vulnerabilidades en el sector financiero considerado en sentido amplio. Esto significa analizar tanto la actividad bancaria como la de otras instituciones que —aunque no toman depósitos del público— otorgan préstamos, invierten en instrumentos de deuda y/o facilitan el acceso al crédito1. En este post, nos enfocamos en el segundo grupo, comparando su relevancia en el mundo y en la Argentina.

El financiamiento no bancario: por qué importa su monitoreo y cuáles son las tendencias más recientes a nivel mundial

El financiamiento no bancario cumple un rol positivo, al funcionar como alternativa al otorgado por los bancos, ampliando las posibilidades de fondearse de empresas y familias, además de generar innovación y competencia. Por otra parte, aunque no lleven a cabo actividades de intermediación clásica, estos agentes no bancarios pueden incurrir en algunos riesgos similares a los de la banca (riesgo de crédito, apalancamiento, riesgo de liquidez o descalce de plazos, entre otros). Estos riesgos, sumados a los vínculos existentes entre los bancos y otros agentes que otorgan financiamiento (interconexión), pueden eventualmente tener implicancias sistémicas.

A nivel global, la necesidad de realizar un seguimiento sistemático del financiamiento no bancario quedó en evidencia tras la crisis financiera internacional con pico en 2008-2009. De esta manera, el Financial Stability Board o FSB (establecido en 2009 por iniciativa del G20) coordina desde 2011 un ejercicio anual de monitoreo, cuya última edición acaba de ser publicada2, 3 (con datos a fines de 2016 para 29 jurisdicciones participantes). En el caso argentino, el aporte a este relevamiento se dio a través de la acción coordinada de distintos organismos vinculados a la regulación y/o supervisión de los diferentes segmentos y agentes del sector financiero: el Ministerio de Finanzas, la Comisión Nacional de Valores (CNV), la ANSES-FGS, la Superintendencia de Seguros de la Nación, el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) y el Ministerio de la Producción, además del BCRA.

El ejercicio anual del FSB realiza un mapeo general del sector financiero no bancario teniendo en cuenta a inversores institucionales (fondos de pensión y compañías de seguros) y otros agentes financieros (Other Financial Intermediaries u OFI, en la jerga utilizada en el informe). El foco se pone en estos últimos, con especial hincapié en aquellos cuyo accionar involucre el otorgamiento de crédito e implique la existencia de apalancamiento y/o transformación de liquidez / plazos. Con este fin se clasifica a los otros agentes financieros en cinco funciones: 1) administración de vehículos de inversión colectiva (ej: fondos mutuos), 2) provisión de crédito (ej: compañías financieras), 3) intermediación en los mercados de capitales (ej: broker-dealers), 4) actividades que facilitan el otorgamiento de crédito (ej: firmas que otorgan garantías) y 5) finanzas estructuradas (vehículos de securitización).

En términos de las tendencias marcadas en el informe que se acaba de publicar, se destaca el sostenido crecimiento (por octavo año consecutivo) del financiamiento otorgado por agentes financieros que no son ni bancos ni fondos de pensión ni compañías de seguro, hasta representar un 30% del total de activos financieros a nivel global para el grupo de países relevados4. Por otra parte, se observa que la interconexión entre estos agentes del sector financiero y los bancos, a través tanto de activos como de pasivos, mantiene cierta tendencia a la baja para los países analizados considerados en forma agregada (aunque con importante heterogeneidad entre países). Entre las actividades de los agentes financieros no bancarios clasificadas bajo las cinco funciones asociadas a distintos riesgos, la de mayor ponderación y mayor crecimiento sigue siendo aquella vinculada al sector de vehículos de inversión colectiva. Por último, entre las innovaciones observadas en el informe de 2017, se destaca en varios países el fenómeno de las firmas de fintech (en general asociadas a plataformas alternativas de financiamiento, como el peer-to-peer lending y el crowdfunding), aunque con un tamaño aún muy limitado.

El caso argentino

Al igual que lo observado para muchos de los emergentes, el sector financiero argentino es básicamente bancario, con una ponderación más modesta del financiamiento no bancario (mayormente vinculado a los mercados de capitales, regulados por la CNV). Para el país se destaca la baja profundidad del sector financiero en general, con acotada ponderación en términos del PIB tanto de los bancos como de los otros agentes, en comparación con lo observado en el resto de los países (ver Gráfico 1). Esto pone en evidencia que existe un significativo potencial de crecimiento en el sector5.

Otra característica distintiva es que, según lo estimado, en el caso argentino se verifica una interconexión relativamente acotada entre los bancos y el resto de los agentes que otorgan financiamiento, en comparación con lo observado en el resto de los países. Con respecto a la evolución de los últimos años, en línea con la tendencia observada para la generalidad de los países, en Argentina el incremento observado en 2016 para el financiamiento de agentes no bancarios excluyendo al FGS y compañías de seguros –que fue menos marcado que para la cartera de los bancos—, estuvo en buena parte determinado por la evolución del saldo de vehículos de inversión colectiva (los fondos comunes de inversión explican más del 70% del crecimiento total del mencionado segmento en ese año6, ver Gráfico 2). Por su parte, el agregado de los proveedores no bancarios de crédito (que incluye a mutuales y cooperativas —reguladas por el INAES—, circuitos de tarjetas de crédito y otros proveedores no financieros registrados ante el BCRA7) explicó cerca del 25% del incremento del segmento no bancario en 2016. Con respecto a las innovaciones observadas para Argentina, al igual que lo mencionado para la generalidad de los países monitoreados en el informe, el foco está en las fintech (destacándose que su tamaño es aún bajo y que no toman depósitos8).

En síntesis, cumpliendo con las buenas prácticas en materia de estabilidad financiera, en Argentina se mantiene un monitoreo del financiamiento no bancario, atendiendo a las particularidades del sector financiero local (con desarrollo acotado). A futuro, la agenda de análisis implica avanzar con las recomendaciones efectuadas por el FSB a nivel global en 2017 y con aquellas establecidas para Argentina en particular en el marco del peer-review del FSB (publicado el mismo año)9. Esto incluye, por ejemplo, la incorporación de datos más desagregados sobre activos y pasivos de los diferentes tipos de agentes, que permitirán mejorar las mediciones de riesgo (y entender mejor, por ejemplo, la existencia de exposiciones a fuentes comunes de riesgo o las interconexiones entre los diferentes subsectores, entre otros).

Manuel Duarte Inchausti

Fuente: BCRA

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