Estudio Económico de América Latina y el Caribe

La dinámica del ciclo económico actual y los desafíos de política para dinamizar la inversión y el crecimiento

Resumen ejecutivo

A. Situación económica y perspectivas para 2017

En un contexto de moderado pero sostenido crecimiento de la economía mundial, de mejora en los precios de las materias primas que exporta la región y de alta incertidumbre derivada de los riesgos políticos globales, se mantiene la proyección de un cambio positivo en la dinámica de crecimiento regional para el año en curso, lo que llevaría a una lenta expansión económica tras dos años de contracción del PIB regional. Para 2017 se espera un alza del 1,1% en la tasa de crecimiento promedio. Esto significa un aumento nulo del PIB per cápita de la región en promedio. A nivel subregional se mantendrán las distintas intensidades en la dinámica de crecimiento entre países y subregiones. En América del Sur se espera un crecimiento del 0,6%; en Centroamérica y México, del 2,5%, y en el Caribe, del 1,2%. Las perspectivas de crecimiento regional y subregional reflejan factores tanto externos como internos. En lo que respecta al contexto externo, la economía mundial muestra una consolidación del crecimiento a tasas moderadas, y cerraría el año con un crecimiento del 2,7%, tres decimas más alto que el del año pasado. Este resultado refleja el desempeño de las economías desarrolladas y en desarrollo. Para el primer grupo de economías se espera un crecimiento cercano al 2%, con una tasa de crecimiento de los Estados Unidos del 2,1%. Para las economías emergentes se espera en 2017 una tasa de crecimiento mayor (4,2%), con una tasa esperada de crecimiento para China del 6,5%, dos décimas menor que la de 2016. Concomitantemente con el dinamismo moderado del crecimiento del PIB mundial, la expansión del volumen del comercio mundial se situaría en niveles aún inferiores a los registrados antes de la crisis financiera mundial. No obstante, en línea con la mayor actividad global, el comercio internacional ha comenzado a cobrar también cierto dinamismo que se ha observado en los primeros meses de 2017. Así, se espera que el año cierre con un crecimiento del volumen del comercio mundial cercano al 2,4%, bastante superior al observado en los últimos años. Entre los factores que explican la evolución del comercio mundial cabe destacar el lento crecimiento de los componentes de la demanda agregada intensivos en comercio, en particular la inversión. En este sentido, un aumento del volumen del comercio en 2017 reflejaría una ligera mejora de la inversión, no solo en los Estados Unidos sino también en la zona del euro y en algunas economías emergentes, si bien esta se sitúa aún por debajo del ritmo registrado previo a la crisis financiera mundial. A este escenario de mejora de la actividad económica se agrega un mayor nivel de precios de los productos básicos, que serían, en promedio, un 12% más altos que los de 2016, y entre los que destacan los rubros energéticos, que aumentarían un 19%, y los metales y minerales, que lo harían un 16%. Los precios agropecuarios serían un 3% superiores, en promedio, a los de 2016. El comportamiento de los mercados financieros internacionales que han registrado niveles históricamente bajos de volatilidad también ha contribuido a potenciar un contexto de mejoras económicas. Más allá de episodios puntuales de aumentos, la tendencia a la baja en la volatilidad se da tanto en los mercados europeos como en los de economías emergentes y en el de los Estados Unidos. De acuerdo con esto, en ausencia de niveles altos de aversión al riesgo en los mercados, los flujos de capital de cartera hacia las economías emergentes han aumentado en los primeros cinco meses de 2017 y los precios de los activos financieros, en particular en los mercados accionarios, se han fortalecido, apoyados en las mejores perspectivas de crecimiento de la actividad económica para este año. Un elemento importante para entender el desempeño del contexto financiero global y la forma en que afecta a las economías de la región es el cambio en la dinámica y composición de la liquidez global. Durante el período 2000-2008, la liquidez global era impulsada por los grandes bancos globales, cuya estrategia se centró en un apalancamiento procíclico con un elevado grado de interconectividad, consecuencia de la creciente globalización financiera. Durante este período se registra un aumento sin precedentes del volumen de activos y, sobre todo, del volumen de derivados a nivel global. A partir de la crisis financiera de 2008-2009, la liquidez global sufre una clara pérdida de dinamismo. Las tasas de crecimiento del crédito tienden a disminuir significativamente y este fenómeno se observa con mayor intensidad en las economías desarrolladas que en las economías en desarrollo. A partir de 2010 los bancos globales inician un proceso de desapalancamiento, lo que explica su pérdida de importancia como proveedores de liquidez. El sistema bancario global se ha vuelto menos dinámico al tiempo que el mercado global de bonos ha aumentado su importancia como proveedor de liquidez. El desempeño del mercado global de bonos se refleja en su creciente importancia como fuente de financiamiento. A nivel sectorial, los datos muestran una disminución del peso del sector gubernamental y el aumento del correspondiente al sector financiero y su fuerte presencia como emisor de valores internacionales para todas las regiones en desarrollo. En el caso de América Latina y el Caribe el sector corporativo no financiero se ha convertido en el emisor de valores más importante después del gobierno. El aumento de la participación de las economías en desarrollo en el mercado de bonos ha contribuido a aumentar su nivel de endeudamiento. A pesar de la consolidación del crecimiento y de una menor volatilidad financiera, las incertidumbres políticas y comerciales derivadas de las tendencias proteccionistas han aumentado lo que podría incidir, no solo en la incertidumbre global, sino también en el desempeño de la actividad real a nivel mundial. Desde la óptica regional, se espera que en 2017 el saldo en cuenta corriente se mantenga en niveles similares a los de 2016, en torno al -1,9% del PIB. La balanza de bienes continuará ampliando su superávit en 2017 pero, a diferencia de lo ocurrido en 2016 en que se produjo una fuerte contracción de las importaciones, el resultado será consecuencia de un mayor crecimiento de las exportaciones respecto del de las importaciones, en línea con la mejora en los términos de intercambio de la región. Durante 2017, la recuperación de los precios de los productos básicos y el aumento del volumen exportado tendrán un impacto positivo en el valor de las exportaciones regionales, que podrían crecer por primera vez tras cuatro años consecutivos de caídas. Según cifras oficiales, en marzo de este año se observaba un crecimiento de las exportaciones de casi un 15% interanual en el promedio de 13 países de la región. Para el año completo se proyecta un crecimiento de las exportaciones del 8% como resultado de un aumento del 2% del volumen exportado y un incremento del 6% de los precios de las exportaciones. El mejor desempeño de las exportaciones estará acompañado por un aumento en los flujos de remesas, que tienen un significativo impacto en la dinámica de consumo en muchos países de la región. En lo que se refiere a factores internos, los indicadores disponibles para los primeros meses de 2017 sugieren que las economías de la región se mantienen en una senda de crecimiento positivo. La demanda interna crece, impulsada por mayores exportaciones y el consumo. El incremento de la demanda interna regional, del 1,1% en el primer trimestre de 2017, es resultado de un aumento del 1,6% en el consumo privado, que compensó tanto la caída de la formación bruta de capital fijo (-0,2%) como del gasto público (-0,2%). En el ámbito del empleo, en el primer trimestre de 2017, a nivel regional, el mercado laboral continuó deteriorándose como consecuencia de una nueva caída interanual de la tasa de ocupación urbana, en el contexto de un incremento de la oferta laboral (aumento de la tasa de participación). En consecuencia, en un grupo de países de los que se cuenta con información trimestral, la tasa de desempleo urbano aumentó de un 8,1% en el año móvil comprendido entre abril de 2015 y marzo de 2016 a un 9,8% en el año móvil comprendido entre abril de 2016 y marzo de 2017. Sin embargo, a la par que se produjo un modesto repunte del crecimiento económico, en el primer trimestre de 2017 este deterioro del mercado laboral se desaceleró y fue menos generalizado que en 2016. Para la región en su conjunto se espera que el aumento de la tasa de desempleo urbano se atenúe a lo largo del año de manera que, en el promedio anual, aumente de un 8,9% en 2016 a un 9,4% en 2017. Con ello se acumularía un aumento de la tasa de desempleo urbano de 2,5 puntos porcentuales entre 2014 y 2017. La caída de la tasa de ocupación, como causante principal del desempleo creciente, se debe, sobre todo, a la debilidad en la generación de empleo asalariado. La correlación entre crecimiento y empleo asalariado es bastante significativa, por lo que el lento crecimiento de los últimos años se ha traducido en una baja creación de este tipo de empleo. Durante el primer trimestre de 2017, el empleo asalariado registró un incremento de solo un 0,1%, lo que incentivó una expansión del trabajo por cuenta propia que compensó parcialmente la debilidad en la generación de empleo asalariado, si bien con un deterioro de la calidad del trabajo. Por otra parte, en la mediana de los países con información, los salarios medios reales del empleo registrado aumentaron en el primer trimestre un 1,5%, en buena parte como consecuencia de la inflación decreciente en varios países. En el ámbito fiscal, el déficit promedio en América Latina se mantendrá estable en 2017, en torno al -3,1% del PIB, aunque con tendencias distintas según la subregión. En el norte de la región —incluidos Centroamérica, Haití, México y la República Dominicana— se prevé que el déficit fiscal aumente después de tres años consecutivos de reducciones significativas y que alcance un -2,4% del PIB, principalmente por una desaceleración del aumento de los ingresos públicos. Por el contrario, en América del Sur los presupuestos parecen indicar que el déficit fiscal se reducirá del -4,2% del PIB en 2016 al -3,9% del PIB en 2017 como resultado de un recorte significativo del gasto público. En el Caribe se prevé que el déficit fiscal aumentará y que pasará del -2,1% del PIB en 2016 al -2,3% del PIB en 2017. Al igual que en 2016, en el primer trimestre de 2017 la deuda pública del gobierno central alcanzó en América Latina un promedio simple del 37,3% del PIB. Aunque los niveles de endeudamiento se mantienen altos en algunos países, la dinámica de crecimiento de la deuda ha disminuido. En el Caribe la deuda pública mantuvo su tendencia a la baja y cayó de un promedio del 74,2% del PIB a fines de 2016 a uno del 72,7% del PIB en el primer trimestre de 2017. Por su parte, los ingresos públicos caerían en América Latina en 2017, lo que contrasta con el repunte previsto para el Caribe. Los ingresos fiscales en América Latina pasarán del 18,3% del PIB en 2016 al 18,1% en 2017. En particular, se prevé una caída de los ingresos tributarios a nivel de los gobiernos centrales (del 15,7% del PIB en 2016 al 15,5% del PIB en 2017). Cabe mencionar que esta dinámica refleja, en parte, la comparación con el alza inesperada de estos ingresos que se produjo en 2016, debido, también en parte, a efectos transitorios como los de la aplicación de nuevas medidas administrativas de fiscalización en algunos países, especialmente en el norte de América Latina, y la percepción de ingresos extraordinarios obtenidos como resultado de amnistías tributarias en América del Sur, que suavizaron la caída de los ingresos públicos en estos países. En el Caribe los ingresos públicos totales aumentarían del 27,4% del PIB en 2016 al 27,7% del PIB en 2017, aunque estas cifras ocultan una gran heterogeneidad de resultados entre los países. Como expresión de la consolidación fiscal en varios países, se prevé un recorte del gasto público en América Latina en 2017, sobre todo en los países de América del Sur, donde caería del 24,3% del PIB en 2016 al 24,0% del PIB. En cambio, en Centroamérica, Haití, México y la República Dominicana se espera que el gasto público se mantenga estable con respecto al producto (18,7% del PIB). Cabe subrayar que el recorte del gasto público en América Latina se basa principalmente en una reducción de los gastos de capital. En el Caribe se espera un aumento del gasto público del 29,5% del PIB en 2016 al 30,0% del PIB en 2017, con una cierta reorientación hacia mayores gastos de capital, lo que obedece, en parte, a las necesidades de reconstrucción de algunos países del Caribe tras el paso del huracán Matthew en octubre de 2016. En el ámbito de la política monetaria varios bancos centrales de la región han tendido a adoptar políticas expansivas, si bien en algunos casos el espacio del que disponen las autoridades se ha reducido, ya sea porque la inflación se mantuvo por encima de las metas oficiales o por factores externos, como una mayor incertidumbre de índole política, que incrementaron la volatilidad cambiaria en muchos países de la región. En general, los países que emplean tasas de referencia de política monetaria (TPM) como su principal instrumento de política, han tendido a modificarlas en la misma dirección en que ha evolucionado la inflación. Así, en los países de América del Sur en que la inflación ha disminuido, los bancos centrales han bajado sus TPM. Los bancos centrales de los países del norte de la región han visto reducido el espacio de las autoridades para estimular la actividad económica y han respondido con aumentos de sus tasas de referencia al incremento de la inflación y a la volatilidad cambiaria que han experimentado algunas de las monedas de la subregión desde mediados de 2016. En el primer trimestre de 2017 se registró una desaceleración del crecimiento del crédito interno destinado al sector privado en términos nominales y reales, especialmente en las economías de América del Sur, si bien se mantiene aún por encima de su tendencia histórica. En las economías de Centroamérica y México el crédito interno en términos reales creció, en promedio, a una tasa del 6,9% en el primer trimestre de 2017. Al igual que en 2016, la dinámica de las monedas de la región ha sido heterogénea en los primeros cuatro meses de 2017. En general, en las economías del sur las monedas se fortalecieron, mientras que en las economías del norte sufrieron depreciaciones y en algunos países, como México, experimentaron ambos fenómenos en distintos momentos. En los primeros cinco meses de 2017, las reservas internacionales de América Latina y el Caribe se incrementaron un 2,2% respecto del valor registrado al cierre de 2016. Esto equivale a una acumulación de 17.996 millones de dólares. Si bien las reservas se incrementaron en la región en su conjunto, la acumulación observada en la Argentina (6.370 millones de dólares) y en el Brasil (11.961 millones de dólares) da cuenta de casi la totalidad del aumento de las reservas en la región. En términos del PIB, las reservas internacionales en los cinco primeros meses de 2017, para el promedio de la región, cayeron 0,6 puntos porcentuales. A partir del segundo semestre de 2016, la inflación promedio de las economías de América Latina y el Caribe se ha reducido, pese a que tres economías mantienen tasas superiores al 20%. Esta tendencia se ha mantenido en los primeros cinco meses de 2017, en que la inflación promedio de la región cayó 1,6 puntos porcentuales, pasando del 7,3% en 2016 al 5,7% en mayo de 2017.

Tras este comportamiento promedio de la región, la dinámica de la inflación en las economías de América Latina y el Caribe exhibe una gran heterogeneidad. Desde mediados de 2016, la inflación se ha reducido en las economías de América del Sur y en las economías de Caribe de habla no hispana, mientras que se ha incrementado en la subregión configurada por los países de Centroamérica, Haití, México y la República Dominicana

Fuente: CEPAL

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