¿ES POSIBLE BAJAR LA INFLACIÓN MIENTRAS SUBSISTEN LOS AJUSTES TARIFARIOS?

Ya en nuestro número 145, de hace dos años, advertíamos sobre la etiología
del actual proceso inflacionario. Señalábamos que se trata “de una inflación
generada por los cambios de precios relativos necesarios para reordenar la
economía”.
En la edición anterior, número 166, al analizar el comportamiento de la inflación
en 2017, insistíamos en que su principal determinante había sido la
actualización tarifaria y los incrementos en otros precios regulados.
La actual administración se planteó dos objetivos contrapuestos: bajar
drásticamente la inflación y superar el atraso tarifario acumulado en la década
pasada. Pero ocurre que los ajustes tarifarios, por naturaleza, son inflacionarios
en el corto plazo. Cuando la variación anual de los precios regulados -aquellos
sujetos a regulación o que tienen alto componente impositivo- es del 38,7%
anual, como ocurrió en 2017, resulta difícil, si no imposible, que la inflación esté
en el 17%, como indicaba la meta del Banco Central.
Es evidente que no pueden dejar de ordenarse las tarifas de los servicios
públicos, prerrequisito para bajar el déficit fiscal. Pero ello implica que recién
cuando ese ordenamiento haya concluido podrá encararse una política
antiinflacionaria a fondo. Recién entonces podrá diseñarse un plan integral y
coordinado que ponga todos los instrumentos de la política económica –
monetarios, fiscales, cambiarios, de ingresos y también tarifarios- al servicio del
combate contra la inflación. Hasta entonces, el único objetivo plausible es
mantener bajo control la inflación, evitando que se dispare.

Fuente: Cene

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