El contexto social del debate tarifario.

En nuestro informe anterior hacíamos referencia a la posibilidad de que el Congreso se autonomice del Ejecutivo en cuestiones de impacto económico, y mencionábamos el caso de Elisa Carrió, la diputada fundadora de Cambiemos poseedora de una agenda orientada a regular precios y sectores “formadores de precios” a partir de una nueva ley de defensa de la competencia. En la misma línea de Carrió, que criticó los aumentos tarifarios, diversos dirigentes de la UCR tomaron distancia del Ejecutivo. Lo hicieron en forma mesurada; su presidente y gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, hizo críticas suaves. Algunos analistas comienzan a hablar de crisis en la coalición.

Es exagerado creer que los radicales pueden abandonar al presidente, como los frepasistas lo hicieron con ellos en el año 2001. Los radicales no tienen demasiado lugar fuera de Cambiemos, y están cómodos en un pacto con el PRO que, en más de un sentido, los salvó como partido. Es cierto que los radicales tienen poca participación en el Ejecutivo Nacional, pero no hay que olvidar que el origen del acuerdo fue asimétrico: en las PASO de Cambiemos del 9 de agosto de 2015, en las que la actual fuerza oficialista obtuvo el 30,1% de los votos, Macri logró 24,5% contra 3,3% de Sanz y 2,3% de Carrió. El poder interno electoral de Macri es incontestable, y es natural que haya conformado un gabinete que refleja, en cierta medida, esa relación interna de fuerzas.

Por su parte, los radicales cada tanto deben alzar una voz discordante para contener a sus tropas. Hasta hace algunos días, Cornejo seguía insistiendo por ser el candidato a Vicepresidente de Macri en 2019; le dijeron que será mujer, y del riñón presidencial. Y además, una identidad suavemente separada ayuda a evitar ruidos molestos. Se está formando, dentro del radicalismo, un club de disconformes. Se quedaron afuera de los cargos, sienten que están traicionando el legado centroizquierdista de Alfonsín, y pueden ser seducidos por algunos de afuera. Margarita Stolbizer, el gobernador socialista santafesino Miguel Lifschitz y el diputado Martín Lousteau están organizando un partido para 2019. Que seguramente no va a competir por los primeros puestos, pero puede sacarle unos votos a Cambiemos. Que, por pocos que sean, importan. Cornejo y Carrió deben contener a los Ricarditos Alfonsines de la dirigencia y el voto radical.

Esto, naturalmente, se da en un contexto de disconformidad económica que se prolongará por algunos meses. La percepción de pérdida de poder adquisitivo, aunque el presidente sostenga que “lo peor ya pasó”, sigue presente en las encuestas. De acuerdo a la medición de Observatorio Electoral consultores realizada durante los últimos días de marzo (1158 casos, ámbito nacional, entrevistas telefónicas) un 60,1% considera que su economía personal y familiar está peor que hace algunos años, mientras que un 24,3% considera que está igual y sólo un 14,1% considera que está mejor.

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En comparación con la última semana de febrero de 2018, hubo un aumento entre quienes dicen estar peor, como se ve en el gráfico adjunto. En ese marco, el sector radical y lilito de la alianza gobernante, que se asume como su ala progresista, debe dejar testimonio de algún tipo de matiz; esperar otra cosa no es razonable.

Fuente: Analytica

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