Economic GPS Nro 37 Informe económico mensual realizado por el área de Economía de PwC Argentina.

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2Q18

Como la protagonista de la novela de Murakami, que en un determinado momento baja una escalera desde la autopista y ya no está más en 1984, sino en 1Q84; parecería que en estas últimas semanas el mundo cambió para Argentina… y ya no estamos más en 2018, sino en 2Q18.

El mundo cambió pero, ¿tanto? No realmente, pero hasta una leve brisa puede matar a un enfermo con las defensas muy bajas. Así, una serie de factores se conjugaron para desencadenar una crisis de credibilidad y una fuerte presión sobre el tipo de cambio. En primer lugar, la incipiente reversión en los flujos financieros internacionales a partir de la suba de tasas de interés en Estados Unidos, que se tradujo en un fortalecimiento del dólar a nivel global, es decir, en la devaluación de la mayoría de las monedas.

A ello se sumaron una serie de condicionantes internos como el cambio de metas de inflación, la entrada en vigencia del impuesto a las ganancias de rentas financieras, la menor cosecha por la sequía y los ruidos políticos relacionados con jubilaciones y tarifas.

Como reiteradamente lo señalamos desde EGPS, el presupuesto básico del ajuste expansivo es la existencia de financiamiento, y su punto débil la solvencia inter-temporal del sector externo. Un contexto de alta liquidez internacional permitía “comprar tiempo” para realizar el ajuste de manera gradual, sin una brusca corrección de precios relativos que implicara (necesariamente) una fuerte caída en el nivel de actividad y destrucción de riqueza. Pero el mundo cambió y, ese cambio al generar incertidumbre sobre la posibilidad de financiar los desequilibrios fiscal y externo, se produce una crisis de confianza y salida de divisas que presiona sobre el tipo de cambio.

A las respuestas iniciales, un tanto descoordinadas, le siguieron fuertes medidas tendientes a estabilizar el mercado cambiario: anuncio de sobrecumplimiento de la meta fiscal y reducción de la misma de 3,2% del PIB a 2,7%; incremento de las tasas de interés al 40%; anuncio de negociaciones para obtener financiamiento del FMI; reducción de los límites permitidos para mantener activos en moneda extranjera por parte de las entidades financieras y flexibilización de los requisitos de liquidez. Ello permitió estabilizar el tipo de cambio en torno a 25 pesos por dólar.

Sin embargo, en un contexto como el actual las medidas tomadas fueron necesarias, pero pueden no ser suficientes. En la medida en que no se logre extender el plazo y reducir el costo de los pasivos remunerados del BCRA, tarde o temprano la presión del tipo de cambio continuará, con el consecuente riesgo de espiralización del proceso inflacionario. Somos optimistas, en cuanto a que el Banco Central parece ser consciente del riesgo, y ha anunciado un plan para canjear (swap) LEBACs de plazos cortos por plazos más largos. Resta saber si esa medida será suficiente o se requerirán acciones más concretas y drásticas.

Por el momento, hay dos lunas sobre Buenos Aires y, como Aomame, mientras estemos en 2Q18 deberemos extremar las medidas para no correr riesgos.

Fuente: PWC

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