Economic GPS

Con un crecimiento de 2,9% i.a., 2017 mostró un significativo cambio
en cuanto a los principales drivers de crecimiento desde el lado de la
demanda, teniendo a la inversión como el elemento más dinámico. Con
una participación del 20,5% del producto y un crecimiento del 11,3% i.a.
(los mayores valores alcanzados desde 2011), su contribución al PIB fue
de 2,1%, casi similar a la contribución del consumo privado (2,6% con una
participación de 73,3% del PIB). Esto podría representar un cambio de
paradigma en el modelo de crecimiento de Argentina.
Desde el punto de vista sectorial, los sectores que mejor desempeño
mostraron en 2017 y que explican buena parte del crecimiento de la
demanda de inversión fueron la construcción, de la mano de la obra pública
en primera instancia y luego por el avance del sector privado; el agropecuario, impulsado
tanto por el sector agrícola como el de cría de animales; y el sector de actividades
inmobiliarias, empresariales y de alquiler. Por su parte, si bien la industria manufacturera
ha venido recuperando terreno al igual que el sector de comercio, todavía les queda
espacio para recuperar lo perdido en los últimos años y superar sus picos.
En definitiva, es prematuro hacer una evaluación respecto de si estas tendencias se
mantendrán y si se consolidarán en sectores capaces de generación de divisas, que
posibiliten el repago de la deuda y aseguren la solvencia inter-temporal de la economía.
Por lo pronto, con miras al corriente año, existen ciertas dificultades que podrían
afectar el crecimiento, aunque se descuenta que por primera vez desde 2011 muestre un
resultado positivo en un año no electoral. La sequía que golpeó a la producción de soja
y maíz tendrá efecto directo e indirecto sobre la economía, mientras que el dinamismo
de la construcción estará en buena medida condicionado al desarrollo de los proyectos
canalizados a través de los esquemas de participación público privado (PPP). Por el lado
de la demanda, tal vez la mayor incógnita podría generarse por el lado del consumo, en la
medida en que el ingreso de las familias se vea afectado por la inflación y, especialmente
en el área metropolitana, por los aumentos tarifarios en energía que restan en el año.
De concretarse el aplanamiento de los aumentos y/o la baja de impuestos sobre dichos
servicios, podría suavizarse su efecto negativo sobre el consumo y, por ende, sobre el
crecimiento, pero podría poner cierta presión adicional a la estrategia fiscal de reducción
del déficit fiscal.

Fuente: PWC

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