Del gradualismo al shock

La crisis cambiaria que se inició en abril pasó a una nueva fase cuando comenzó a
contaminar el riesgo país. Usar las reservas del Banco Central para intentar frenar al
dólar hizo temer por la disponibilidad de divisas para hacer frente a los vencimientos
de deuda de corto plazo, sean en moneda dura (Letes) como en pesos (Lebacs). Con
un riesgo país por encima de los 700 puntos, los supuestos con los que se
confeccionó el acuerdo original con el FMI quedaron desbordados y se abrió paso un
nuevo esquema, por el cual la Argentina podrá acceder a desembolsos que cubran los
compromisos de corto plazo, a cambio de un endurecimiento de la política fiscal y
monetaria. Al estar en juego la confianza, es difícil anticipar en que momento este
programa habrá de ser capaz de estabilizar las variables, pero sí está claro que el
gradualismo no ha sido un sustituto del shock, sino que sólo lo postergó, hasta un
momento inoportuno en términos políticos y con efectos muy serios sobre la inflación,
la conflictividad social y la pobreza. A su vez, el hecho que el primer acuerdo con el
Fondo no haya funcionado cuestiona también la arquitectura financiera internacional:
el poder de fuego del FMI luce débil cuando se compara con la exitosa intervención
del Banco Central Europeo para frenar la crisis del euro en 2015. A partir de aquel
momento, el BCE compró 2 millones de millones de euros en bonos de los países
miembros, un salvataje que está fuera del alcance de los emergentes.

 

Fuente: Ieral

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