Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe

La transición de los jóvenes de la escuela al mercado laboral

Prólogo

El desempeño de los mercados laborales de América Latina y el Caribe durante el primer semestre de 2017 se puede resumir en dos tendencias. Por un lado, como se documenta en la primera sección de este informe, los principales indicadores continuaron deteriorándose como consecuencia del escaso crecimiento económico, tal como ha venido sucediendo durante los últimos años. La tasa de ocupación siguió disminuyendo, mientras que la tasa de desempleo continuó incrementándose. Por otro lado, el ritmo de este deterioro es cada vez menor, lo que podría signifcar que se vislumbra ya “la luz al fnal del túnel”. Al igual que en años anteriores, en las tendencias de la región ha infuido particularmente el débil desempeño del mercado laboral brasileño, que, entre el primer semestre de 2016 y el mismo período de 2017, registró una disminución de la tasa de ocupación urbana de 0,7 puntos porcentuales y un aumento de la tasa de desempleo urbano de 2,5 puntos porcentuales. Después de varios años de contracción, para 2017 se proyecta un muy leve crecimiento económico en el Brasil y una paulatina estabilización de sus indicadores laborales. En los otros países de la región, especialmente en Centroamérica, el desempeño de los mercados laborales ha sido, en general, más favorable. En el grupo de países con información disponible de la primera mitad del año, la tasa de desempleo urbano se elevó de un 9,3% a un 10,2% entre el primer semestre de 2016 y el mismo período de 2017. Esto se debió al efecto combinado de una leve reducción de la tasa de ocupación y un aumento de la tasa de participación de 0,4 puntos porcentuales. Para el promedio de 2017, se estima que la tasa de desempleo urbano de la región en su conjunto podría ubicarse en torno al 9,4%, lo que supone un aumento de 0,5 puntos porcentuales respecto del promedio de 2016. La debilidad de los mercados laborales de la región también se refeja en la calidad del empleo. En el primer semestre de 2017, la creación de empleo por cuenta propia fue más dinámica que la creación de empleo asalariado en seis de los ocho países con información disponible. También se constata un estancamiento en la creación de empleo en varios países de América del Sur (Argentina, Chile, Perú y Uruguay), mientras que en Centroamérica y México esta variable mostró mayor dinamismo. Finalmente, los salarios reales del empleo formal aumentaron en seis países (Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Nicaragua y Uruguay), mientras que disminuyeron en dos (México y Perú). Los jóvenes suelen contarse entre los más afectados por un deterioro de los mercados laborales. Además, enfrentan problemas estructurales de inserción en el empleo productivo y el trabajo decente. La segunda sección de este informe se dedica al tema de la transición entre el sistema educativo y el mercado laboral, mediante un análisis de esta trayectoria basado en datos de las encuestas de hogares y de la Encuesta sobre la Transición de la Escuela al Trabajo (ETET). Se comprueba que las trayectorias de transición al mercado laboral en la región son, en general, bastante más largas que en los países desarrollados. En este fenómeno infuye en gran medida el comportamiento de las mujeres, quienes desempeñan todavía un papel fundamental en las actividades de cuidado y del hogar. También se señala que el análisis de esta transición es cada vez más complejo, dado que la mayoría de los jóvenes pasará por diferentes estados de actividad antes de establecerse en un empleo. Los datos recopilados sugieren que la duración de la transición de la escuela a empleos estables es menor en el caso de los jóvenes con experiencia laboral previa, por lo que la caracterización del grupo de jóvenes que estudian y trabajan es de especial interés. La proporción de este grupo en el total de los jóvenes ha aumentado en la región, aunque aún es bastante menor que en los países desarrollados.

En el estudio se profundiza en el análisis del perfl de los jóvenes que estudian y trabajan según el grupo etario y se encuentran algunas diferencias signifcativas. Así, entre los adolescentes de 15 a 19 años existe una gran proporción de jóvenes estudiantes que trabajan para aportar a la economía de su hogar, colaborando como trabajadores no remunerados o contribuyendo con ingresos monetarios a la subsistencia del hogar mientras realizan sus estudios secundarios. En cambio, en los subgrupos de 20 a 24 años y de 25 a 29 años, entre los jóvenes que combinan el trabajo y el estudio, predominan los ya insertados plenamente en el mercado de trabajo, quienes realizan estudios a nivel postsecundario como insumo clave para una trayectoria laboral ascendente. En la región se han implementado numerosos programas y políticas con el objetivo de fomentar una mejor transición entre la educación y el trabajo e incrementar la empleabilidad de los jóvenes. Estos programas y políticas se han enfocado en aspectos tanto de la oferta (formación, capacitación, guía de carrera y laboral, subsidio para transporte o cuidado, entre otros) como de la demanda (subsidios salariales o incentivos para emprendimiento), así como en la mejora de los sistemas de intermediación laboral. Frecuentemente están dirigidos al desarrollo de modalidades de formación que permitan combinar los estudios con la adquisición de experiencia laboral, lo que puede llevarse a cabo, por ejemplo, a través de programas de prácticas laborales apoyadas y, en algunos casos, subsidiadas por el Gobierno. En general, en las evaluaciones de estos programas se aprecian efectos positivos tanto en la empleabilidad como en los salarios, sobre todo de los grupos más vulnerables, de ingresos más bajos y menor nivel de instrucción. Las principales lecciones aprendidas de estas experiencias apuntan a contextos con instituciones empoderadas, un diseño de los programas adecuado a la población que se pretende benefciar y la necesidad de una gestión de los mismos con compromiso de largo plazo y participación de los diversos actores involucrados. Asimismo, resulta primordial avanzar en la recolección de información estadística tanto para analizar aspectos como las diferencias de género o las brechas de cualifcación como para monitorear mejor los programas existentes y realizar evaluaciones de impacto que incorporen los ajustes necesarios.

Fuente: CEPAL

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