Colombia

1. Rasgos generales de la evolución reciente

La actividad económica en Colombia ha demostrado solidez y resiliencia en un contexto de ajuste ante la desaceleración de la demanda externa, la disminución de los ingresos estatales como resultado de la caída de los precios del petróleo, y choques transitorios de oferta interna. Los principales motores de la economía, que creció un 2,0% en 2016, fueron los servicios financieros e inmobiliarios, los servicios sociales, la industria, impulsada por la refinación de petróleo, y la construcción de vivienda y obras civiles. El sector agropecuario resultó afectado por factores climáticos y presentó solo un exiguo crecimiento, al tiempo que el sector del transporte y las comunicaciones decreció y el sector minero sufrió una fuerte contracción. La demanda interna se desaceleró, tanto por el menor ritmo de crecimiento del consumo como por el descenso de la inversión. En el primer trimestre de 2017 la desaceleración tocó fondo y es posible prever que el año cierre con un crecimiento anual de un 2,1% si se consolidan las tendencias favorables en el sector agropecuario, que creció un 7,7% en este período y se fortalece el ritmo de ejecución de las obras de infraestructura vial. Se espera una recuperación del consumo de los hogares, como parece indicar la tendencia favorable de la confianza del consumidor en los últimos meses. La tendencia ascendente de los precios generada por la fuerte depreciación del peso que tuvo lugar desde el segundo semestre de 2014 y la restricción de la oferta de alimentos causada por las alteraciones climáticas se moderó en la segunda parte de 2016 y, al finalizar el año, la inflación sufrió una desaceleración que la llevó al 5,7%, cifra todavía alejada del rango meta establecido (entre el 2% y el 4%). La reducción de la inflación fue también el resultado de la política monetaria contractiva, que, mediante incrementos sucesivos de la tasa de interés, mitigó las presiones alcistas. La inflación continuó disminuyendo en 2017 y al finalizar mayo alcanzó una variación anual del 4,4%. El descenso de las principales medidas de inflación generó las condiciones necesarias para aplicar una política monetaria menos estricta a través de la reducción sucesiva de la tasa de interés, que acumuló 150 puntos básicos menos desde finales de diciembre de 2016 hasta el 27 mayo de 2017, cuando alcanzó el 6,25%. A causa principalmente de la disminución de los egresos por la baja demanda de bienes importados y de la merma de las remisiones al exterior de utilidades de empresas extranjeras, y en el marco de un régimen flexible de tipo de cambio, el déficit en cuenta corriente se redujo del 6,4% del PIB en 2015 al 4,4% del PIB al finalizar 2016. Descendieron tanto las importaciones como las exportaciones y las ventas externas no comenzaron a reaccionar positivamente hasta los primeros meses de 2017. Se prevé que a final de año el déficit externo continúe su trayectoria descendente, hasta ubicarse en alrededor del 3,7% del PIB. Por otra parte, el peso se ha apreciado en lo que va de 2017 como consecuencia de la mejora de las cotizaciones del petróleo y la mayor inversión de cartera de inversionistas extranjeros en el país. El reto de la política fiscal en 2016 fue atenuar el impacto de la reducción permanente de los ingresos sobre el resultado de las cuentas públicas. Se realizó un recorte de los gastos de inversión y se protegió el gasto en los principales programas sociales. A finales de 2016 se aprobó un proyecto de reforma tributaria con el objetivo de corregir problemas de la estructura impositiva, en particular la baja progresividad y la informalidad laboral. A pesar del aumento del déficit fiscal del gobierno central en 2016, se cumplió la regla fiscal vigente desde 2011. El balance fiscal del gobierno central alcanzó un monto equivalente al -4,0% del PIB, que corresponde a un balance estructural del -2,2% del PIB. La mejora prevista en los resultados fiscales de 2017, gracias a la reforma tributaria de finales del año anterior, permite al país evitar un deterioro de la calificación de su deuda, conservar la confianza de los mercados externos y conseguir el financiamiento necesario con menores costos. El país avanza en un clima de fuerte polarización en la reglamentación del acuerdo de paz firmado por el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016.

Fuente: CEPAL

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