Uruguay 2017

Luego de tres años de crecimiento positivo, aunque con una tasa decreciente, el producto interno bruto (PIB) del Uruguay dejó de desacelerarse en 2017 y se expandirá alrededor del 3%, lo que completa 15 años ininterrumpidos de crecimiento. Esta aceleración obedeció a la recuperación de la demanda regional de bienes y servicios, el incremento de las colocaciones de los principales productos básicos exportados, la mejora de las condiciones financieras mundiales y la recuperación de la confianza del consumidor.
Los rasgos más remarcables de la economía uruguaya en 2017 son un alto y persistente déficit fiscal, una temporada turística récord, una inflación históricamente baja, el crecimiento de la demanda de moneda nacional y cierto deterioro de los indicadores del mercado de trabajo.
El principal motivo de preocupación del Gobierno es abatir el déficit fiscal, que a fines de
septiembre de 2017 llegó al 3,6% del PIB. El incremento de las alícuotas del Impuesto a las Rentas de
las Personas Físicas (IRPF), vigente a partir de 2017, no fue suficiente para hacer frente a las nuevas
obligaciones contraídas, resultantes, en particular, del incremento de las prestaciones de seguridad
social y de la finalización del cronograma de universalización para el ingreso al Fondo Nacional de
Salud. En la rendición de cuentas de 2017, el Gobierno aumentó en forma transitoria la tasa consular
que grava las importaciones de bienes, que pasó del 2% para las importaciones en general al 3% para
las importaciones provenientes del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y al 5% para los bienes
provenientes del resto del mundo. Además, se incrementaron los impuestos a las ganancias y los
premios de los juegos de azar. Por el lado de los gastos, se difirió a 2018 la asignación de los
presupuestos de 2019 y 2020, y aumentó el control sobre las inversiones de los entes autónomos. El
Gobierno está negociando también dos reformas de la seguridad social que repercutirán en las cuentas
públicas. Una busca solucionar el problema de los trabajadores afectados por la transición de la
reforma previsional de 1996 y la otra busca reformar el Servicio de Retiros y Pensiones de las Fuerzas
Armadas.
En lo que se refiere al financiamiento del déficit público, se destaca la emisión en junio de un
bono global en pesos nominales a cinco años de plazo, que constituye la primera colocación en dicha
divisa en los mercados internacionales. La
demanda de ese instrumento fue muy elevada y
casi quintuplicó los montos emitidos, lo que llevó
a la tasa de emisión al 9,785% anual.
La deuda bruta del sector público general
escaló hasta un 62% del PIB en junio de 2017. En
tanto, la deuda neta aumentó tres puntos
porcentuales y se ubicó en el 30% del PIB. Es
preciso señalar que las deudas bruta y neta se
encuentran en valores reducidos en términos
históricos, que el perfil de vencimientos de los
instrumentos no presenta complicaciones en los
próximos años y que aumenta la participación de
la moneda nacional, que alcanzó el 54% de la
deuda.

Fuente: CEPAL

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