Situación EEUU – 4to Trimestre

Editorial

La expansión económica actual ha llegado a los 100 meses y si las tendencias continúan, para la primavera del próximo año, se convertirá en la segunda más larga en 160 años. Por un lado, para la mayoría de los estadounidenses, el ciclo actual no ha logrado elevar los niveles de vida, como es habitual durante las expansiones. Por otro lado, existe el temor de que el ciclo esté llegando a su fin y de que la próxima recesión esté a la vuelta de la esquina. El ciclo actual será uno de los más decepcionantes en la historia moderna. A pesar de la expansión sostenida, entre 2010 y 2017, el crecimiento del PIB real per cápita se situó en una media del 1,4%, casi un punto porcentual por debajo de lo registrado en el periodo de 1950 a 2007. Si el PIB real per cápita creciera conforme al promedio histórico, cada persona y cada hogar sería un 7% y 3000 dólares más rico, respectivamente. Además, aunque cada expansión tiene ganadores y perdedores, el ciclo actual parece haber creado solo unos pocos ganadores. Entre 2007 y 2017, los ingresos semanales medios reales para las personas con título universitario o superior en la parte superior del 9º decil aumentaron un 6,4%, mientras que para aquellos en el primer decil sin estudios secundarios disminuyó un 0,3%. Además, desde 2007, la proporción de los ingresos para todos menos para el quintil más alto ha disminuido, empeorando la distribución de la renta y despertando sentimientos de frustración y polarización, que han intensificado la adopción de políticas arriesgadas. No sorprende que las encuestas recientes destaquen que la mitad de las personas entre 18 y 24 años de edad tienen una opinión positiva sobre el socialismo y una economía administrada, lo que refleja la fuerte insatisfacción con el capitalismo y la economía de mercado. Aunque algunos de estos resultados pueden haber sido inevitables debido a las tendencias globales y los cambios demográficos y tecnológicos, también es evidente que los legisladores no utilizaron el período de expansión como una oportunidad para solucionar algunos de los desafíos estructurales más desalentadores a los que se enfrenta la economía. Por ejemplo, según la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles, los EE. UU. experimentan un desfase en infraestructuras de 2 billones de dólares. Diferentes informes sugieren que la actividad empresarial ha disminuido o se mantiene por debajo de los promedios históricos, las obligaciones federales en I+D se sitúan cerca del porcentaje más bajo del PIB desde finales de los años 50, y aunque los EE.UU. ocupan el 6.º puesto en el gasto por alumno entre los 73 países, ocupa el 19.º y el 31.º en materia de resultados en ciencias y matemáticas, respectivamente. Sobre la duración del ciclo actual, Chair Yellen dijo una vez: “Creo que es un mito que las expansiones mueran de viejas”. Esto es particularmente cierto para las expansiones de la posguerra, que han durado más que los ciclos de preguerra. En parte, esto refleja un cambio estructural de los bienes tangibles a favor de los servicios, lo que ha reducido la importancia de los ciclos de inventario y las fluctuaciones moderadas de los negocios. De hecho, aunque la producción industrial disminuyó de media un 1,4% interanual durante 20 meses consecutivos entre abril de 2015 y noviembre de 2016, el crecimiento del PIB aún logró expandirse un 1,5% en 2016, sin registrar un solo trimestre negativo. Además, la economía también ha experimentado un papel más integral y activo del gobierno federal en la gestión de los resultados económicos y la domesticación de las fluctuaciones comerciales. Sin embargo, por las mismas razones, la economía se ha expuesto más a fluctuaciones financieras y de los precios de los activos, y a errores políticos. De hecho, algunas características comunes de las últimas recesiones incluyen políticas monetarias, fiscales y regulatorias encaminadas a extender el ciclo de expansión, lo que resultó en ratios de apalancamiento insostenibles y una apreciación significativa del precio de los activos que a su vez se tradujo en fuertes correcciones de los precios de los activos.

Fuente: BBVA Research

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