“Sistema electoral norteamericano: ¿democracia real?”

Por Roberto Salomón

A veces es difícil entender cómo los Republicanos en el Congreso de los Estados Unidos, mantienen posiciones totalmente reñidas con la mayoría de la opinión pública. Mientras proponen medidas claramente
impopulares, se oponen a otras ampliamente favorecidas por la población.
Por ejemplo, un trabajo de cientista político Chris Warshaw de la Universidad George Wasington citado en el Washington Post revela los siguientes niveles de aprobación popular de algunos de los temas candentes de la política de ese país:
1. Propuestas favorecidas por los legisladores Republicanos:
TEMA APROBACIÓN POPULAR
. Reforma tributaria 30%.
. Reforma al sistema de salud algo más del 20%.
2. Iniciativas a las que se oponen:
. Aumento del salario mínimo: 65%
. Prohibición de las armas de tipo militar 55%

Para entender las razones para esas discrepancias, que en condiciones normales significarían la muerte política de quienes las sostienen, es necesario conocer en primer lugar los efectos del llamado “Gerrymandering”. Esta práctica, que se describe en los párrafos siguientes, afecta solo a la elección de miembros de la Cámara de Representantes
(Diputados) ya que los senadores representan a todo su estado, de modo que la delimitación de las circunscripciones electorales no es relevante para ellos.
La legislación norteamericana dispone que cada diez años debe realizarse un censo poblacional, y debido a los cambios demográficos que ocurren en cada década, re-diseñar el mapa de circunscripciones electorales.
Según la ley, son las legislaturas estatales las que se ocupan del nuevo trazado después de cada censo, lo cual tradicionalmente implica mezclar objetivos políticos en la tarea, procurando asegurarse la mayoría en
cada circunscripción.
Esa práctica, usual en política y aplicada por uno u otro partido cuando tuvieron la mayoría circunstancial, dio lugar a los casi inevitables abusos, entre ellos el perpetrado por Elbridge Gerry, quien como gobernador del Estado de
Massachusetts, diseñó un circuito electoral tan retorcido que resultó con la forma de una mitológica salamandra
(anfibio con forma de lagarto) y a partir de allí la práctica se conoce con el apodo de “Gerrymandering”.
Ahora bien, con vistas al censo del año 2000, los Republicanos llevaron a cabo una estrategia de enfocar cuantiosos recursos humanos y monetarios en asegurarse la mayoría parlamentaria en todos los estados donde ese objetivo fuera posible de lograr.
En consecuencia, ellos tuvieron el control del proceso después de los censos de 2000 y 2010, y lo aprovecharon para implementar en su favor el gerrymandering en todo lo materialmente posible, en perjuicio de los Demócratas.
Una vez logrado ese objetivo, hicieron del “gerrymandering” un verdadero arte, aplicándolo en todas las formas posibles, ya sea: 1) distribuyendo los votantes Republicanos de modo de asignar a cada circunscripción la
cantidad necesaria para asegurarse la mayoría en cada uno de ellos, o 2) diluyendo los votantes Demócratas al distribuirlos entre distritos de clara mayoría Republicana, o 3) concentrándolos fuertemente en otro hasta
hacerlos redundantes.
Un ejemplo de ello es una circunscripción del norte de Austin, Texas, donde solía ganar fácilmente un Diputado progresista, llamado Lloyd Doggett.
Quitaron de la misma buena parte del área que cubría en Austin y la reemplazaron con otras áreas sin nada en común con las originales, llegando hasta el condado de Harris, al cual pertenece Houston, que se encuentra a 250 kilómetros de distancia.
Otro ejemplo de los resultados del gerrymandering es la elección de 2016 en el estado de Virginia, donde los Demócratas obtuvieron 1,86 millones de votos contra 1,84 de los Republicanos que, pese a ello se adjudicaron 7
bancas de diputados contra 4 De los Demócratas.

Fuente: Econometrica

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