Seca, petróleo y dólar: un cóctel que afecta los cultivos de verano

El clima en Argentina predomina, pero son muchos los factores que dan soporte a la cotización internacional de los commodities agrícolas. Entre ellos se destacan el precio del petróleo, que cotiza a su nivel más alto desde el 2014, y el valor del dólar respecto a las principales monedas del mundo, que se encuentra a su nivel más bajo desde entonces.

Comenzando por uno de los factores exógenos que más influencia tiene en el precio de los granos gruesos, el petróleo, su cotización de referencia para el WTI en la Bolsa de Nueva York (NYMEX) cotizó en la semana por encima de los US$ 66/barril, aumentando un 150% respecto al mínimo relativo que tocó en febrero de 2016. La suba del petróleo da sostén a las commodities tanto porque es un input fundamental en la producción y transporte de granos, como por el hecho que cuando el combustible fósil se abarata, le resta atractivo a otras fuentes de energía alternativas como ser la de biocombustibles, presionando a la baja el precio del maíz y la soja (y lo inverso ocurre cuando el primero aumenta).
Por su parte, el índice Dólar .DXY respecto a una canasta de las monedas más negociadas en el mundo (euro, yen japonés, libra esterlina, dólar canadiense, corona sueca y franco suizo) cayó en la semana por debajo de los 90 puntos, habiéndose depreciado un 15% respecto al máximo relativo a comienzos del año 2017.
El abaratamiento del dólar a nivel internacional ha sido tradicionalmente un elemento de sostén para el precio de las commodities. Al cotizar éstas en términos de divisa estadounidense cuando se negocian en el mercado externo, que el dólar sea más barato se traduce en un menor valor relativo del bien en sí (es decir, si en el 2015 un ciudadano de China debía entregar 125 yenes para obtener un dólar de maíz, ahora deberá entregar 107 yenes, “abaratando” en términos relativos el precio a pagar para la compra del grano).
Cuando consideramos que al mismo tiempo el peso argentino se ha depreciado en relación al dólar, siguiendo el mismo razonamiento, significa que los bienes que vendemos han evidenciado un abaratamiento relativo aún más pronunciado en el mercado externo. De este modo, siempre y cuando los precios domésticos no suban en la misma proporción que el tipo de cambio (lo que se conoce como pass through o “contagio” del tipo de cambio al nivel de precios) ello alentará la demanda externa por nuestros bienes, potenciando la exportación de granos.
Al mismo tiempo, siendo Argentina el principal abastecedor de harina y aceite de soja al mundo el temor que las condiciones secas lastimen la producción de soja y, por tanto, la provisión de subproductos ha impulsado sus cotizaciones en el mercado externo de referencia, el Chicago Board of Trade. Para dimensionar el impacto que tendría una menor producción en nuestro país, el gráfico que sigue muestra la participación proyectada de los principales países exportadores de subproductos en los despachos de harina y aceite para la campaña 2017/18, donde puede apreciarse que las provisiones de nuestra nación representan casi la mitad del total mundial.
El caso más paradigmático es el de la harina de soja, no sólo porque la participación argentina es algo mayor sino sobre todo porque es mucho más difícil de sustituir en la ración para alimentar a los animales que al aceite de soja en sus diversos usos. Ello explica que en las últimas sesiones los futuros de harina de soja hayan aumentado proporcionalmente más que el resto de los productos del complejo sojero, tal como se muestra en el gráfico que exhibe las cotizaciones de referencia para los futuros más cercano en el Mercado de Chicago.
Con lo mencionado hasta aquí se comprende porqué a pesar de estar el maíz argentino más comprometido por el déficit hídrico que la soja, ha sido esta última la que más ha subido en el mercado. En las exportaciones mundiales del cereal, nuestro país ocupa recién el tercer lugar aportando el 19% de los despachos, por detrás de Brasil (22%) y Estados Unidos (32%), siempre según las proyecciones oficiales del gobierno estadounidense.
En el mercado local, replicando los movimientos externos, la soja disponible ha visto su precio subir hasta los $ 5.400/t abiertos o $ 5.480/t para los grandes lotes, cuando la semana pasada se negociaba en torno a los $ 5.000/t. Para la soja 2017/18, a entregar el próximo mayo, las ofertas en el Mercado Físico local se ubicaron en torno a los US$ 270/t, US$ 10/t por encima de la semana anterior. Por maíz, en el segmento disponible la suba fue de unos $ 200/t hasta alcanzar los esperados $ 3.000/t, mientras que para el cereal de la próxima cosecha con descarga entre los meses de marzo y mayo se pagaban abiertamente US$ 155/t; ello es, unos US$ 7 la tonelada por encima de la semana pasada. Junto con la mejora en los precios ofrecidos, el nivel de actividad en el recinto fue muy superior al que venía siendo semanas atrás.
Como contracara, en lo que respecta a los efectos del clima en Argentina sobre las previsiones de producción la situación dista de ser óptima y, para peor, los pronósticos a futuro no resultan favorables. El penúltimo gráfico provisto por Reuters muestra la precipitación acumulada en la Pampa Húmeda argentina desde el mes de noviembre junto con las proyecciones para los próximos días (área amarilla) en relación a la normal histórica (línea blanca) donde se exhibe claramente cómo el panorama se continúa agravando, aumentando la brecha entre ambas series semana a semana.
La peor parte se la lleva toda la porción oeste de la provincia de Buenos Aires y La Pampa, que no recibieron prácticamente nada de las lluvias registradas las últimas dos semanas, viendo empeorar su situación día tras día. La zona central de la zona núcleo está muy despareja, y conviven lotes que bien recibirían 5 mm con otros a escasos kilómetros que necesitan más de 60 mm. En el norte, las abundantes precipitaciones en un corto período de tiempo que recibieron mayormente Chaco y Formosa cambiaron su panorama, pero el NOA necesita agua.
A medida que nos adelantamos en las fases fenológicas de los cultivos de verano la escasez hídrica se vuelve más acuciante. Con pronósticos de una Niña intensa que se mantendrá en pie al menos hasta febrero inclusive, el campo se haya en ascuas y junto con él, las expectativas de ingreso de divisas para toda la macro argentina de cara al próximo año.
Fuente: BCR

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