Que se espera para el 2018 si Macri gana las elecciones

Por Mario Brodersohn

Faltan muy pocos meses para las PASO y para las de octubre. El balance de la gestión de gobierno de Macri tiene, hasta ahora, sus más y sus menos. El gobierno no pretendió llegar a esas elecciones en un clima de euforia económica. Sabía que superar la herencia recibida tendría un elevado costo político. Desmantelar las distorsiones de precios relativos heredadas del kirchnerismo aumentaría en los primeros meses de su gestión la inflación, disminuiría el salario real y deprimiría la actividad productiva y el empleo. Al mismo tiempo suponía que la salida exitosa del cepo cambiario y del default de la deuda publica ayudarían a crear un clima de credibilidad y de seguridad jurídica que favorecería la inversión privada interna y externa. El objetivo era reemplazar al sector público por el sector privado como locomotora del crecimiento. Finalmente suponía que esa transición recesiva e inflacionaria hacia una economía más ordenada tomaría seis meses.

Por ello, anunció que en el segundo semestre del 2016 comenzarían a florecer los brotes verdes de la reactivación de la economía y nos acercaríamos a una meta de inflación del 17% en el 2017 La reactivación de la economía y el control de la inflación se fueron dilatando en el tiempo y la inversión privada se mantuvo al margen del proceso esperando ver si la sociedad argentina ratificaba electoralmente en octubre el nuevo liderazgo de Cambiemos. Crecimiento y menor inflación pasaron a ser objetivos postergados para el tercer y cuarto trimestre del 2017 sin tiempo suficiente para influir en las elecciones de agosto y de octubre.

Ello no quiere decir que el gobierno se desentendió del manejo económico sino que la reactivación productiva y el descenso de la inflación, que efectivamente se van a dar en los meses pre electorales, no tienen el tiempo suficiente ni la fuerza necesaria para incidir en las elecciones. El gobierno está tratando de cubrir el vacío que deja el desempeño de su programa económico con la polarización entre Cambiemos y el peronismo kirchnerista. Se sostiene que faltando tan pocos meses para las elecciones la mejor estrategia pre-electoral sería no descansar en la tesis inicial del éxito económico como plataforma electoral sino más bien obtener a lo sumo “un voto no positivo” en el manejo de la economía para descansar más en la estrategia de la polarización y esperar un peronismo dividido sobre todo en la Provincia de Buenos Aires.

Macri no tiene margen económico ni político para absorber las consecuencias de una derrota electoral. La experiencia histórica nos señala que un triunfo del peronismo como partido opositor llevaría a los operadores económicos a anticipar un futuro político ya transitado varias veces. Es una película que los argentinos han visto en repetidas oportunidades. Se suele decir que cuando los presidentes tienen que tomar decisiones económicas conflictivas los ministros le presentan dos opciones: una que termina siendo políticamente perversa y la otra también.

Si el presidente Macri triunfa en las elecciones en la Provincia de Buenos Aires por un estrecho margen electoral tendrá que elegir una de las dos opciones económicas para el 2018: gradualismo o shock fiscal. El camino intermedio, esto es, empezar con gradualismo y terminar con shock es la opción más riesgosa porque puede llevar a que sea el mercado el que se anticipa y tome la iniciativa para un shock no buscado. Por ello, se sostiene que en el gradualismo el factor limitante es el acceso al endeudamiento externo y en el shock el factor limitante es la tensión social. La primera opción sería más de lo mismo. ¿Porque cambiar lo que dio un resultado electoral favorable? Si elige este camino gradualista la economía en el 2018 volvería a depender como en el 2016/17 de un creciente acceso a los mercados financieros internacionales para financiar los crecientes desequilibrios fiscales y externos. Pero, ¿están dadas las condiciones económicas y políticas para volver a insistir en el 2018 con el enfoque gradual? El gradualismo en el 2018 comenzaría debilitado por las consecuencias del gradualismo en el 2017 que lo llevo a utilizar el tipo de cambio y las tarifas públicas como ancla antiinflacionaria.

En efecto, a fines mayo de 2017 habiendo devaluado un 64% al salir del cepo cambiario, el tipo de cambio real multilateral sería un 12% más alto que el de noviembre del 2015, que a su vez era un 33% inferior al de fines del 2011 y el más atrasado en los 12 años de gestión kirchnerista.

Fuente: Econométrica

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