Promoción de la innovación exportadora

Instrumentos de apoyo a las Pymes

Introducción

Pymes: productividad, innovación y exportación
La innovación es un factor cada vez más crítico para el desarrollo económico y social en un mundo
globalizado, y para adaptarse a los grandes cambios que resultan de las tecnologías y la digitalización
que genera la denominada Cuarta Revolución Industrial. En este ambiente altamente competitivo, las
empresas se ven en la necesidad de innovar constantemente, y esto ocurre de manera natural o
intencionada. Hay algunas empresas mejor preparadas que otras. Hay contextos nacionales que
estimulan más la innovación que otros. Pese a ser un objetivo importante en los países de América
Latina y el Caribe, las intenciones por aumentar la innovación aún no producen los frutos necesarios
para generar cambios profundos.
La innovación requiere una mirada cada vez más integral, poniendo a la empresa en el centro
del desafío. En América Latina persiste una baja productividad y un bajo esfuerzo por innovar de la gran
mayoría de las pequeñas y medianas empresas (pymes). Este es el grupo más numeroso de empresas y
el que genera la mayor parte del empleo. La baja productividad y la vulnerabilidad de estas empresas es
tal, que incorporar la innovación en sus estrategias de desarrollo es una tarea difícil.
El empresario suele enfrentar la innovación (aunque no siempre sabe identificarla como tal)
con un enfoque más cercano al aprendizaje interactivo en su relación con otros actores, que a la visión
académica, que aparece más estricta y lineal. Según esta última, la innovación se inicia en la
investigación básica, pasando luego a la investigación aplicada, para posteriormente continuar al
desarrollo y comercialización del producto innovador. Las empresas suelen desarrollar innovaciones en
distintas etapas de su producción, como resultado de una serie de factores, muchas veces simultáneos donde el mercado estimula un mejoramiento constante. Bajo este enfoque, la innovación está más
vinculada al desarrollo de capacidades de la propia empresa.
Las inversiones en investigación y desarrollo (I+D) por sí solas no aumentan la productividad,
sino que lo hacen las innovaciones que se obtienen como resultado de la I+D (BID, 2016). En los países
desarrollados, una gran proporción de la inversión en I+D (sobre todo, la privada) se orienta al desarrollo
experimental de productos innovadores. En América Latina el gasto público que se registra está
orientado mayoritariamente a la investigación, básica y aplicada y la inversión privada es muy limitada
(CEPAL, 2016).
Los esfuerzos empresariales en innovación y las correspondientes ganancias de
productividad dependen también del grado de apertura de las economías. La integración a cadenas
internacionales de valor, la competencia exportadora en los mercados internacionales, el uso de
bienes de capital importados en la producción o la recepción de inversión extranjera ayudan a
acceder a nuevas tecnologías, conocimientos y know how.
Los incentivos para la innovación suelen ser mayores en economías más abiertas al comercio
internacional, a las inversiones extranjeras y la movilidad de personas (particularmente de mano de
obra calificada). Según el último Reporte Mundial de Competitividad (WEF, 2016) las economías
más abiertas a la competencia internacional son también las más innovadoras. Tal como se muestra
en el diagrama 1, en su proceso de internacionalización, la empresa cuenta con distintas vías y
estímulos para innovar: la participación en cadenas de valor, la incorporación de mayores estándares
a su proceso productivo, la recepción de inversión extranjera directa (IED), la adopción de nuevas
tecnologías y la exportación misma. Estos estímulos son, al mismo tiempo, los que le permiten
integrarse de mejor forma en los mercados internacionales. La baja productividad de las empresas en
la región se explica en parte por su bajo grado de internacionalización.

Fuente: CEPAL

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