Por fuerza, el sector exportador deberá hacer lugar para los cereales

Con exportaciones maiceras retrasadas respecto a las del año pasado pero un saldo exportable récord, todo hace pensar que a mediados de año un ingente volumen del grano debería trasladarse por las rutas que convergen en el Gran Rosario para despachar en sus terminales. Las exportaciones de trigo en tanto ya se encaminan a romper todas las marcas históricas, mientras que a la soja sólo la salva el dólar.

 

Atentos con la logística maicera de julio/agosto
Las condiciones están dadas para que en la campaña actual Argentina exporte hasta 23 millones de toneladas de maíz, rompiendo todas las marcas previas. Sin embargo, los indicadores comerciales que se muestran en el cuadro adjunto indican que la mercadería efectivamente embarcada hasta aquí muestra un notable retraso respecto a las campañas previas, sugiriendo que entre la segunda mitad de junio y el mes de agosto una ingente cantidad de camiones cardos con el cereal deberán transitar y despachar a través de las rutas que confluyen en las terminales del Gran Rosario.
En primer lugar, según informa la UCESCI, se han comprometido exportaciones de maíz por un total de 9,6 millones de toneladas para la campaña 2016/17, un 40% por debajo de lo anotado para la misma fecha del año anterior y casi un 20% menos que lo registrado en promedio durante las últimas cinco campañas.
Al mismo tiempo, de acuerdo al Ministerio de Agroindustria, de ese total comprometido sólo se ha despachado efectivamente el 20%, aproximadamente 1,9 millones de toneladas. Dicho guarismo quedaría muy por debajo de los ciclos previos, habida cuenta que la campaña anterior se cerraba mayo con despachos por 5,4 millones y el promedio de los últimos cinco años queda en 4,4 millones.
Sin embargo, este número quizás muestra algún retraso respecto de los embarques realizados en lo que va del año, ya que en muchas ocasiones el cuadro resumen de Compras y Embarques oficial es modificado a posteriori. Si en cambio analizamos las cifras que brinda la agencia marítima NABSA, entre marzo y abril se habrían despachado cerca de 5 Mt, bastante más que lo que consignan los datos de la administración central pero por debajo de los más de 6 millones que se contaron en el mismo bimestre del año pasado. Este retraso puede sustentarse en una multiplicidad de factores, entre los que se destacan:
1) Los primeros meses del 2016 no constituyen un buen “año base” sobre el cual establecer comparaciones, ya que ante la generalizada expectativa que con el cambio de signo político del Gobierno Nacional se corrigiese el tipo de cambio en favor de relación de precios de exportación así como también los valores domésticos de los granos, la comercialización se había virtualmente paralizado los meses previos para “explotar” después.
2) Las complicaciones logísticas que a consecuencia de las intensas lluvias de abril y mayo dejaron algunos caminos rurales intransitables y retrasaron labores. Ello se refleja también en el número de camiones ingresados a la plaza Rosario según informa Williams Entregas, que mientras que entre enero y abril de este año acumularon 81.365  unidades, a la misma altura del año anterior sumaban 106.311.
3) En parte producto de lo anterior y con el recuerdo aún fresco en la memoria del sector lo que ocurrió el año pasado, cuando un lluvioso otoño demoró la cosecha y, por ende, las entregas de mercadería a los puertos, los exportadores esta vez no quieren comprometerse a embarques de maíz sin estar completamente seguros que recibirán el grano a tiempo, ya que ello impone altísimos costos operativos y gravosas multas por incumplimiento.
Sin embargo, si nos mantenemos firmes en la  presunción que las exportaciones maiceras tocarán este año los 23 millones de toneladas y a la fecha, quizás, se despacharon unos 7 millones, una cosa quedará clara: la logística para el ingreso de unos 10 a 12 millones de toneladas entre la segunda mitad de junio y el mes de agosto/principios de septiembre estará muy cargada, y pueden descontarse en las condiciones actuales algunas demoras en la fluidez de descarga camionera. Rutas cargadas y largas esperas es el escenario al que nos hemos acostumbrados, aunque la esperanza está puesta en que el nuevo sistema de turnos funcione con agilidad y las obras prometidas para la región no se demoren.
En tanto las ofertas abiertas que se escuchan en nuestro recinto de operaciones subieron hasta $ 2.500/t esta semana para el segmento disponible mientras que para el segmento diferido se mantuvieron mayormente sin cambios, en torno a los US$ 145/t en junio, US$ 140/t en julio y entre 138/t y 140/t para julio. Para maíz 2017/18, a entregar en marzo de 2018, los ofrecimientos saltan a US$ 155/t en un escenario donde nuestros principales países competidores están apostando todas sus fichas a la soja. En el caso de Estados Unidos, no sólo las intenciones de siembra preliminares se volcaron a favor de la oleaginosa sino que además las últimas lluvias que impactaron sobre el Medio Oeste podrían obligar al productor a acentuar aún más el traspaso.
¿Y qué pasa con el trigo?
Al contrario de lo que registramos para el maíz, los embarques de trigo salen “a todo vapor” de las terminales argentinas. Al 24 de mayo se comprometieron ventas al exterior por 8,6 millones de toneladas, el doble que el promedio de los últimos cinco años y casi dos millones de toneladas más que lo anotado a la misma fecha del año pasado.
La presencia ininterrumpida del sector exportador en el mercado buscando hacer negocios, las compras de Brasil y las colocaciones en destinos “alternativos” han dotado de gran fluidez al ritmo de comercialización. Para mediados de mayo el sector externo había comprado 9,9 millones de toneladas de trigo, un máximo histórico para esta época del año, al tiempo que las más de 7 millones de toneladas despachadas resulta el volumen más alto para el primer semestre de la campaña comercial triguera.
Por otro lado, cabe reflejar que el stock disponible para mediados de mayo en manos del sector exportador (calculado como compras realizadas menos mercadería embarcada) se encuentra muy por debajo de lo que se contaba la campaña pasada, y representa prácticamente la tercera parte de lo que solía tener en sus manos este eslabón de la cadena los cinco años previos. Ello sugiere que es posible que el sector exportador aún necesite originar más mercadería en esta segunda mitad de la campaña comercial, lo cual da sostén a los precios.
Así, en la semana, las ofertas abiertas en nuestro recinto se han mantenido firmes en torno a los $ 2.600/t para la mercadería disponible, mientras que por la entrega más diferida han tocado máximos de  US$ 165/t en julio o US$ 170/t entre agosto y septiembre, en todos los casos un escalón por encima de lo que habían cerrado la semana precedente. El mercado internacional nuevamente le da la derecha al cereal, con algunos problemas en Estados Unidos que estarían indicando condiciones de desarrollo del cultivo peores de lo que se venía descontando en el mercado.
La soja quebró la barrera psicológica de los $ 4.000 y explotaron los negocios
Si bien en el mercado internacional los precios de la oleaginosa vienen muy golpeados por la fuerte oferta que se está haciendo disponible desde Sudamérica, en la plaza local la suba del valor del dólar le ha dado aire a las cotizaciones domésticas, y la soja quebró la barrera de $ 4.000/t en la Pizarra rosarina durante la semana impulsando el ritmo de negocios.
Fuera de las mejoras puntuales que se ven cuando repunta la condición de cambio entre la moneda local y la divisa estadounidense o la necesidad de la fábrica por mantener el funcionamiento de las plantas, las condiciones macro alrededor del mercado sojero no lucen del todo atractivas.
La caída del precio del petróleo erosiona el atractivo del uso de aceite de soja para producir biodiesel, al tiempo que la demanda de dumping desde nuestro principal destino de exportación hace temer por el futuro de nuestros despachos. Al mismo tiempo, la producción récord de Brasil se encadena con una intención de siembra récord en Estados Unidos, haciendo suponer que la holgura de oferta seguirá vigente un tiempo más. Y para cerrar, los márgenes brutos de crushing en Argentina continúan ajustados, limitando el potencial de suba de las ofertas de compra a los movimientos del dólar.
Quizás lo más favorecedor para quienes esperan mejores valores para vender haya sido justamente el radical cambio de escenario para el valor del dólar en Argentina en el mediano plazo, que con la crisis política desatada en Brasil ha escalado un peldaño para estabilizarse, de momento, a ese mayor nivel. Con las turbulencias en el poder paulista aún lejos de dejarse atrás, se descuenta ya que el tipo de cambio a fin de año superará los $ 18/dólar, casi un 4% más de lo que se preveía hace menos de un mes atrás.
Fuente: BCR

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