Pobreza y desigualdad por ingresos en la Argentina urbana 2010-2016 (DOCUMENTO)

• Los datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina – Serie Bicentenario que se presentan en este informe corresponden a los relevamientos realizados entre 2010 y 2016. El trabajo de campo se desarrolló en los últimos trimestres de cada año entre los años 2010 y 2015 y durante el tercer trimestre en el 2016. Con base en esta información, el análisis punta a punta del período da cuenta de un comportamiento relativamente amesetado en las tasas de indigencia, un aumento sistemático en las tasas de pobreza desde 2011 hasta 2015, así como un incremento en ambos indicadores entre 2015 y 2016 (Cuadro 1). Este último aumento habría ocurrido principalmente durante el shock económico del primer semestre del año (Gráfico 1d).

• Un examen más detallado da cuenta de que una caída en las tasas de indigencia, tanto a nivel de hogares como de población, entre 2010 y 2013. Esto debido al protagonismo que asumieron las políticas de transferencia de ingresos hacia los sectores más vulnerables, incluso, a pesar de la alta inflación registrada durante el período. Entre 2014 y 2015, la indigencia exhibió una evolución levemente descendente, para luego volver a crecer en 2016, alcanzando los niveles que se registraban en 2010 (Cuadro 1).

• Por su parte, las tasas de pobreza habrían experimentado una importante reducción entre 2010 y 2011, en el marco de un proceso de reactivación económica y mejoras en las políticas laborales y sociales. Luego, estas tasas evidenciaron una tendencia ascendente entre 2012 y 2015, con relativo estancamiento durante ese último año. El impacto inflacionario de la devaluación, sumado a los efectos recesivos de las medidas de ajustes adoptadas, elevaron nuevamente las tasas de pobreza en 2016 (Cuadro 1).

• Sin duda, las tasas de indigencia y pobreza revelan una tendencia desfavorable entre el 4to trimestre 2015 y 3° trimestre 2016 (Cuadro 1). Tal como se señaló, en la fase reciente -a partir de 2016- el impacto de la devaluación, las medidas anti-inflacionarias, el contexto internacional adverso y el rezago de la inversión privada y pública habrían generado un escenario crítico, aún más recesivo y adverso en materia de empleo y poder adquisitivo para amplios sectores sociales. Si bien este shock habría sido mucho más fuerte durante el primer semestre del año, la situación no se habría revertido durante la segunda parte del año. El proceso habría generado especialmente un deterioro laboral y en el nivel de ingresos de los empleos de sectores informales (ODSA, 2016c). 3

• En este contexto, a pesar de una serie de medidas sociales compensatorias, la indigencia alcanzó al 6,9% de la población a fines del período analizado, dando cuenta de un aumento de alrededor de 600 mil personas en situación de indigencia entre 2015 y 2016 (acumulando alrededor de 2,7 millones de personas indigentes al tercer trimestre de 2016). La tasa de pobreza, por su parte, ascendió de 29% -a fines de 2015- a 32,9% en el tercer trimestre de 2016, lo cual significaría un aumento de 1,5 millones de nuevos pobres (cerca de 13 millones de personas por debajo de la línea de pobreza). Estos niveles serían los más altos de los registrados desde 2010 a la fecha (Cuadro 1).

• Algunos países (por ejemplo, aquellos pertenecientes a la Unión Europea) utilizan medidas relativas de pobreza en lugar de medidas absolutas. La pobreza relativa sitúa el fenómeno de la pobreza en relación al nivel general de ingresos de la sociedad objeto de estudio. De este modo, desde la perspectiva de pobreza relativa, se considera que una persona es pobre cuando se encuentra en una situación de clara desventaja, económica y socialmente, respecto al resto de personas de su entorno (INE, s/f). Esta concepción de la pobreza está muy ligada a la noción de desigualdad, dado que un individuo es más o menos pobre según el nivel de ingresos de los demás.4 Según el CEDLAS-La Plata (2015), probablemente la línea de pobreza relativa más popular es aquella fijada como el 50% de la mediana de la distribución del ingreso per cápita familiar. En las estimaciones exhibidas en el Cuadro 2 se adopta como parámetro un nivel correspondiente al 50% de la mediana de ingresos por equivalente adulto de los hogares5 .

• Más allá de leves fluctuaciones en la pobreza relativa, el período analizado (2010- 2016) presenta una tasa promedio cercana al 19% de hogares (por debajo del 50% de la mediana de IEAF de los hogares), mientras que en términos de población este indicador ronda el 29%. Dada la sensibilidad de este indicador a la distribución relativa del ingreso, sus más bajos valores se registran entre 2012-2014. Pero a igual que en las tasas de pobreza por ingreso, la pobreza relativa crece de manera importante entre 2015 y 2016: de 28,7% a 31%. De modo tal que las variaciones punta a punta del período 2010-2016 casi no son significativas (Cuadro 2).

• Los Gráficos 1a a 1d exponen tasas de indigencia (1a y 1c) y pobreza (1b y 1d) para hogares y personas empleando distintas fuentes de información. Estas tasas son estimadas a partir de microdatos de ingresos de los hogares urbanos captados tanto a través de la EDSA Bicentenario (2010-2016) como en base a información de hogares e ingresos proveniente de la EAHU-INDEC para el período 2010-20146 . En ambos casos se aplican las Líneas de Indigencia y la Líneas de Pobreza no oficiales utilizadas por el ODSA-UCA (véase Recuadro 1 al final del informe). En los gráficos se incluyen las proyecciones/simulaciones presentadas en abril de 2016 (ODSA-UCA, 2016a y 2016b)7 . Por último, se incorporan los datos oficiales del nuevo INDEC que refieren al 2º trimestre de 2016 y han sido publicados a fines de septiembre de dicho año.

Según la información exhibida en los Gráficos 1a y 1c se verifica que, tanto empleando la información de ingresos de la EDSA/ODSA como la información de la EAHU/INDEC, habría tenido lugar durante 2010-2011 -en un contexto de reactivación productiva y del consumo interno-, una disminución en el porcentaje de hogares y de personas bajo la línea de indigencia. Sin embargo, entre 2012 y 2014 -en un contexto de estancamiento económico con inflación- esta tendencia positiva se habría revertido, sea con un relativo estancamiento o incremento de las tasas de indigencia. Luego, en el período 2014-2015 la tasa de indigencia se habría reducido levemente, llegando en ambos casos a un 5,4% de la población. Los datos provenientes de la EDSA/ODSA revelarían que el aumento registrado entre 2015 y 2016 en la proporción de hogares y personas por debajo de la línea de indigencia se habría debido tanto al shock que tuvo lugar entre el último trimestre de 2015 y abril de 2016, como a un proceso de deterioro posterior (Gráficos 1a y 1c).

• Por su parte, los Gráficos 1b y 1d evidencian una reducción de las tasas de pobreza tanto en hogares como en población entre 2010 y 2011. Entre 2011 y 2015, en base a los datos tanto de la EDSA/ODSA como de la EAHU/INDEC, se registra un incremento de la tasa de pobreza. Para el último trimestre de 2015, a nivel de población, estas tasas habrían sido de 29% y 23,7%, respectivamente. Por último, en este caso, el significativo incremento observado entre 2015-2016 habría tendido como principal protagonista la primera parte de 2016, mientras que durante la segunda parte del año este deterioro se habría amesetado (Gráficos 1b y 1d).

• Los Cuadros 3a y 3b proporcionan información sobre el comportamiento diferenciado de las tasas de indigencia y pobreza según grupos de edad de la población. Tal como se ha exhibido en informes anteriores (Tuñón, I y Poy, S; 2016), la infancia no sólo se concentra con mayor densidad en los sectores sociales más pobres, sino que en estos la proporción de niños/as en condiciones de indigencia/pobreza es mayor que en los hogares y poblaciones de jóvenes adultos y adultos mayores (independientemente del método de medición de la pobreza empleado).

• En 2016, aproximadamente el 11% de los niños/as de 0 a 14 años residiría en hogares por debajo de la línea de indigencia, mientras que dicho porcentaje sería de alrededor de 9%, 5% y 1% entre los jóvenes, adultos y adultos mayores, respectivamente. La propensión a la pobreza absoluta por ingresos también es más elevada entre los niños/as, entre los cuales el porcentaje alcanzaría alrededor de 49% en el 2016. Por su parte, en los restantes grupos etarios, la tasa de pobreza absoluta por ingresos habría alcanzado niveles de 38%, 28% y 11% aproximadamente entre los jóvenes, adultos y adultos mayores, respectivamente. Adicionalmente, debe señalarse que los niños/as y adolescentes habrían sido los más afectados en lo que respecta a la evolución de las tasas de indigencia y pobreza tanto entre 2010-2016, como durante la última fase considerada (4º trimestre 2015-3º trimestre 2016) (Cuadros 3a y 3b).

• Los Cuadros 4a y 4b exhiben las tasas de indigencia y pobreza en personas según la condición de sus hogares en lo que respecta a la percepción de transferencias sociales. Mientras que la indigencia y la pobreza, tal como se señaló anteriormente, alcanzarían al 6,9% y 32,9% de la población, respectivamente –en 2016– estos porcentajes son significativamente superiores entre la población en hogares perceptores de programas de transferencias por fuera del sistema contributivo. Entre ellos, la indigencia y la pobreza alcanzan a 13,8% y a 61% de las personas, respectivamente. En contrapartida, tanto la indigencia como la pobreza son menores al promedio entre la población que habita en hogares con transferencias contributivas o sin prestaciones.

• El Cuadro 5 examina los cambios en la desigualdad de ingresos a través del Coeficiente de Gini (CG) y del Coeficiente de Variación (CV). Las diferencias de tendencias que registran ambos indicadores se explican dado que cada una de estas medidas tienen asociados juicios de valor implícitos no equivalentes. Sin embargo, al examinar la evolución del Coeficiente de Gini y del Coeficiente de Variación punta a punta del período (2010-2016), se evidencia un aumento de la desigualdad en la distribución de los ingresos tanto a nivel de los hogares como de la población, más allá del indicador empleado. Pero este incremento habría sido principalmente el resultado de lo ocurrido en el último tramo del período, sobre todo, por el fuerte aumento registrado entre 2015- 2016.

• En el Cuadro 6 se exponen las brechas de indigencia y pobreza, las cuales dan cuenta de la magnitud de la insuficiencia de ingresos de los hogares en situación de indigencia/pobreza. En 2016, los hogares indigentes presentarían una distancia de alrededor de $2200 pesos entre sus ingresos y la línea de indigencia (CBA) que les corresponde acorde a su composición familiar. Esta distancia entre los ingresos y el umbral para satisfacer la CBT sería de alrededor de $4100 en el caso de los hogares pobres. En este sentido, los ingresos de los hogares indigentes/pobres se encuentran 35% por debajo de las líneas de indigencia/pobreza.

• En el Anexo I se presentan una serie de cuadros en donde se exponen la evolución de los ingresos familiares (AE.I.1) y per cápita de los hogares (AE.I.2), así como también las tasas de indigencia (AE.I.3a y AE.I.4a) y de pobreza (AE.I.3b y AE.I.4b) medidas por ingresos (hogares y población), no sólo a nivel agregado para cada indicador, sino también examinando su comportamiento con respecto a una serie de factores estructurales, regionales y características del jefe de hogar. A partir de esta información es posible identificar que la profundización de la indigencia tuvo como protagonista a los segmentos más vulnerables de la sociedad, principalmente por un deterioro aún mayo en las precarias condiciones de trabajo. A la vez que el aumento de la pobreza tuvo principal afectado a segmentos de clase media baja o sectores populares vinculados a la economía informal.

• Por último, en el Anexo II se presentan series con tasas de indigencia y de pobreza “simuladas” (empalmadas), con base en información de la EPH-INDEC y de la EDSAODSA, desde 1980 hasta 2016, con la finalidad de hacer comparable la evolución de la pobreza durante el período del Bicentenario con la evolución histórica de la pobreza en la Argentina. Al respecto, se observa que las tasas de pobreza e indigencia retomaron los niveles de 2009, cualquiera sea la medición aplicada, pero en todos los casos, muy lejos de crisis sociales atravesadas históricamente por el país (1988-1990 o 2001-2002).

• Los niveles actuales de pobreza se asemejan a escenarios como los de 1983, 1987, 1994 o 2009. La actual coyuntura parece remitir a procesos recesivos generadas por efectos de crisis financieras (“Crisis del Tequila”) o dinámicas inflacionarias post-devaluación como en los ochenta o en 2014. La dinámica de la pobreza correlaciona estrechamente con las variaciones del PBI per cápita y del salario real (controlado por inflación). Ascensos en estos indicadores se traducen en caídas moderadas en el nivel de pobreza, a la vez que su retroceso se asocia con un aumento den dicha tasa. En cualquier caso, destaca la dificultad histórica de “perforar” un piso estructural de pobreza de 25-30% (a escala de las metodologías actualmente utilizadas por la EPH-INDEC o la EDSAODSA).

Fuente: UCA

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