Planes de igualdad de género en América Latina y el Caribe. Mapas de ruta para el desarrollo

La elaboración de planes de igualdad de género es, en tanto instrumento de planificación, un compromiso con el futuro, que plantea objetivos y traza la ruta para lograrlos. Esto conlleva un cierto nivel de acuerdo sobre las transformaciones sociales, económicas y culturales de un país, y, en esta medida, más que un proyecto gubernamental, los planes son un proyecto país. La experiencia de la región muestra que los planes implementados abarcan períodos amplios y han persistido en tanto instrumentos técnico-políticos, lo que constituye un logro político importante y un avance en la lucha por los derechos humanos de las mujeres y por la igualdad de género. En este marco, el papel de los mecanismos para el adelanto de las mujeres en los distintos países ha sido clave y es difícil imaginarlos sin la existencia de la institucionalidad de género en el Estado. Los procesos de institucionalización de género en el Estado han favorecido la instalación de nuevas formas de planificación de las políticas públicas, que, junto con nuevas concepciones de género en el quehacer del Estado, han permitido instalar la igualdad de género como objetivo de las políticas públicas. Si bien los países de la región han puesto en marcha procesos comunes al paradigma de los derechos e igualdad de las mujeres, los avances y efectos de dicha institucionalización no son homogéneos y, en esta medida, siguen formando parte de los objetivos de los mecanismos para el adelanto de las mujeres y del Estado en su conjunto para el logro de la igualdad y la autonomía de las mujeres. Junto con los recursos de poder acumulados por los mecanismos para el adelanto de las mujeres en las dos últimas décadas y su incidencia en distintos actores estatales, la situación normativa de los planes da cuenta de la instalación de una lógica de gestión que permite que esta herramienta técnica y política se mantenga en el tiempo, en un marco que garantiza continuidad y sostenibilidad. En casi todos los países, los planes son resultado de procesos participativos que consideran diversas expresiones de la sociedad civil, así como las voces de los distintos actores del Estado, para su definición, seguimiento y reformulación. Por ello, se caracterizan por dar cuenta de las realidades concretas de la ciudadanía y sus diversos intereses, problemas y exigencias frente al Estado. Desde un punto de vista político, la construcción de los planes debe tener un carácter concertado, que asegure tanto la elaboración de metas compartidas, como los compromisos de los distintos actores sociales, políticos y técnicos para aportar a su cumplimiento. Los mecanismos para la igualdad de género han trabajado en este sentido y se han abocado a la concreción de procesos participativos que han recogido la voz de una amplia diversidad de mujeres. La participación ha permitido establecer objetivos que reflejan las preocupaciones de la ciudadanía y fijar los ejes prioritarios en virtud de las realidades de la población.

Fuente: CEPAL

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