La Economía y el Comercio Exterior argentino: perspectivas para el futuro

La economía argentina tiene desafíos muy importantes por delante para los próximos años. Tal vez no haya plena conciencia de ello. Lograr un crecimiento sustentable basado en la inversión, incluir a la mayoría de la población en puestos de trabajo de alta productividad que impliquen mejoras contundentes de la calidad de vida y dejar atrás la restricción externa, son los problemas centrales de nuestra economía que deben superarse si se pretende alcanzar el desarrollo. El más urgente, aunque no el central, es retomar el crecimiento, con todas las cuestiones que ello trae aparejado. El reciente informe oficial sobre la actividad económica señala que en el tercer trimestre de 2016 la economía se contrajo un 3,8% y lleva acumulado una caída anual de 2,4%. Posiblemente, ese sea el resultado de la actividad económica para todo 2016. A pesar de los pronósticos iniciales más favorables, el sistema económico nacional ha tenido dificultades para crecer durante 2016. La caída del consumo interno, de la inversión y de las exportaciones (aunque en noviembre se haya mejorado la exportación) ha provocado una contracción de la actividad económica, que ha repercutido en el empleo y en el estado de las cuentas públicas. La decisión de reducir algunos impuestos y derechos, junto a la contracción de la actividad económica, produjeron un aumento del déficit fiscal y la necesidad de financiamiento externo. La liberación inicial del tipo de cambio a fines de 2015, que representó un incentivo para el comercio exterior, provocó una fuerte alza de los precios, que llevó a la reducción de la mejora inicial del tipo de cambio real, y a una caída del consumo y del mercado interno. Cómo volver a lograr la mejora de los precios relativos del país frente a los del exterior, sin que se genere un aumento de la inflación que la anule y contraiga la economía, es uno de los desafíos que se deben estar estudiando con más intensidad en estos días. Argentina no ha podido reducir la restricción externa, es decir, la capacidad de generar divisas que necesita el sistema económico para funcionar adecuadamente: pagar deuda, cancelar importaciones de bienes y servicios, financiar las transferencias de las empresas y hacer frente a las salidas de divisas no declaradas. Hasta el momento, y en 2017 seguirá sucediendo de ese modo, el país ha apelado al endeudamiento externo para hacerse de los dólares que se necesita. Fruto de ese proceso, se ha tomado deuda nueva con el exterior en alrededor de 50 mil millones de dólares y se espera que, al menos, se requieran 30.000 millones más para 2017. Esta situación es compleja, porque va a condicionar la capacidad de crecimiento futuro del país. La experiencia del último medio siglo y de la crisis del año 2001 no deja dudas sobre su impacto. Las divisas que se requieren para su repago y los fondos del presupuesto público que insume para hacerle frente al capital e intereses tienen un efecto contractivo muy difícil de contrastar, ya que saca fondos del país que se restan del sistema económico. Revertir el problema de fondo, implica exportar más y generar las divisas que se necesitan genuinamente. Por detrás, pero no menos importante, es exportar productos de calidad y alto valor agregado, que generen empleos de alta productividad. El contexto internacional no ayuda. El mundo no se ha recuperado (ni lo hará por ahora) de la crisis del años 2008 y 2009, y no consigue volver a crecer. Europa se encuentra en dificultades importantes desde ese momento que han provocado manifestaciones políticas muy complejas de conducir y transitar. La victoria de Donald Trump en las elecciones de noviembre en Estados Unidos, es también un gran interrogante para el mundo. Centralmente, sus repercusiones se notarán en la caída del comercio exterior global (vuelta del proteccionismo), en el aumento de las tasas de interés internacionales, y en la salida de los capitales de los países emergentes para volver a los centros financieros mundiales. La situación económica de China también impacta en el escenario global. La reducción de su tasa de crecimiento, del 10% al 6,5%, implica una fuerte desaceleración de sus importaciones (materias primas) que impactan en los precios mundiales de las commodities, muchas de las cuales son todavía los principales productos que vende nuestro país. La economía de Brasil continúa en fuerte recesión. En los primeros nueve meses del año se contrajo un 4% respecto de 2015 y ello impacta de lleno en las exportaciones nacionales. Especialmente en las de mayor valor agregado, a donde se enviaba la mitad de las mismas en la última década. Ese panorama va en contra de los países emergentes, de la región y de la Argentina. Es un hecho. Este nuevo escenario requiere modificar la estrategia inicial de fin de 2015 pensada por el equipo económico, elaborada para un contexto diferente que cambió. Endeudarse con el mundo ya no va a tener el costo que tenía en 2016 y eso implica una gran tensión entre restricción externa, exportaciones y equilibrio de las cuentas públicas, que va repercutir en la producción y el empleo. A pesar de ello, la solución de fondo pasará por exportar más y con bastante más valor agregado de lo que hace nuestro país. Por ello, aunque lleve tiempo revertirlo, hay que empezar. Ya poca gente niega esa necesidad, y tal vez esa sea una de las pocas realidades que se ha ido aceptando lentamente con el pasar de los años, y que puede ser una oportunidad para resolver problemas antiguos. Para exportar más y con más valor se requiere de un plan integral de comercio exterior que clarifique la estrategia a adoptar, precise los problemas actuales a resolver, enumere las acciones requeridas para solucionarlos y señale las acciones que se van a a llevar adelante para lograr los resultados deseados. Esto implica consensuar un enorme plan de trabajo con los diferentes ministerios y agencias del Estado nacional, provinciales, cámaras e instituciones sectoriales, operadores y empresas, para trazar un plan para el futuro del comercio exterior del país. Vale la pena recalcar que no se va a solucionar el problema si no se desarrolla un trabajo de ese calibre. Seguir confiando en el circunstancial ascenso de los precios de los productos primarios para relajar la tensión, algo fuera del alcance de Argentina, va en contra de la lógica y del interés nacional. Por supuesto que hay otros problemas que deben resolverse, y que son centrales en nuestra sociedad. Aumentar la inversión para lograr un crecimiento sostenido, generar más empleo y de calidad para mejorar las condiciones de vida de la población y para reducir la pobreza, y controlar la inflación para llegar a valores de un dígito lo más pronto posible, son necesidades y también aspiraciones principales de la población y de toda la dirigencia, aunque haya diferencias en cómo lograrlo, que no son menores. Por eso, no hay que olvidar que entramos en un año electoral, y que la experiencia de los años nos ha enseñado que manejar todas esas variables a la vez, en este escenario, no será una tarea sencilla. Esperemos que se lo pueda lograr.

Fuente: Aiera

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