La clave está en las exportaciones

En la semana se conoció el resultado final de la Balanza Comercial del año 2017. El rojo total fue de 8.471 millones de dólares, lo que representa un empeoramiento muy significativo respecto a los 1.969 millones de dólares de superávit que había marcado el 2016. Esta dinámica en el intercambio comercial con el resto del mundo, genera inquietud entre analistas y funcionarios. Sin embargo, es importante no perder el foco del problema debido a que ello podría conducir, como tantas veces en la historia de la política económica argentina, a “soluciones” equivocadas, del estilo del reciente cepo cambiario y comercial que caracterizó a la economía argentina en el período 2012-2015

Las exportaciones, a lo largo del año pasado, se mantuvieron prácticamente estancadas en valor, con una variación de apenas 0,9% interanual mientras que las importaciones tuvieron un crecimiento muy superior: 19,7%. Estos números podrían hacer pensar que las importaciones están creciendo a un ritmo muy acelerado y que allí radica el problema del déficit externo. Si embargo, una mirada de más largo plazo permite ver que las importaciones del año pasado fueron un 15% menores a las del año 2011, el último año previo a la instauración del cepo y los controles comerciales y en el cuál la balanza comercial mostraba un cómodo superávit. Al poner el foco en las exportaciones, se encuentra que los envíos al exterior medidos en dólares fueron el año pasado un 30% inferiores a los del año 2011. He aquí el motivo real del desequilibrio comercial, los dólares que llegan al país por las exportaciones han tenido una caída que duplica lo que cayeron los dólares necesarios para pagar las importaciones respecto de 6 años atrás.

Como es sabido, el resultado tanto de las importaciones como de las exportaciones depende de la combinación de las cantidades transadas con el resto del mundo y de los precios internacionales de esos bienes comercializados. Un deterioro de la balanza comercia puede responder a una caída de los precios internacionales de los productos que el país exporta, a un alza del precio de las importaciones,  a una merma en las cantidades exportadas, o a una combinación de todos estos factores.

En este sentido, con respecto a las importaciones, se encuentra que las cantidades importadas durante el año pasado fueron casi idénticas a las del año 2011. Así, la caída en valor  respecto a aquel año se explica enteramente por una reducción del 15% en los precio de los bienes importados.

Pero no ocurre lo mismo con las exportaciones. Como puede verse muy claramente en el siguiente gráfico, en los últimos años tanto los precios como las cantidades han tenido que ver en la reducción de los dólares que recibió Argentina en concepto de sus ventas al exterior. Tomando el mismo período de análisis, respecto al año 2011, el país está enviando al resto del mundo un 20% menos de bienes que, a su vez, se venden un 13% más baratos que hace seis años. Es decir que la reducción en las exportaciones se explica tanto por una merma en los precios internacionales de los productos exportados como por una reducción en las cantidades comercializadas.

El famoso “viento de cola” que caracterizó fundamentalmente a los dos primeros mandatos del kirchnerismo tenía justamente uno de sus fundamentos en el permanente aumento de los precios de las exportaciones por encima del de las importaciones, generando un mejoramiento constante en los términos del intercambio. Así, el récord de exportaciones por casi 83.000 millones de dólares que se alcanzó en el año 2011 respondió más a los altísimos precios internacionales de las commodities que a un aumento permanente de las cantidades exportadas. Una vez que esa tendencia en los términos de intercambio comenzó gradualmente a revertirse, el déficit comercial no tardó en aparecer debido a que las cantidades importadas habían crecido considerablemente más que las exportadas. Solo una permanente mejora en los términos de intercambio podría haber ocultado esta realidad.

Con precio de importaciones un 15% menores que en 2011, y con las mismas cantidades compradas al resto del mundo, es indudable que el déficit comercial que muestra la balanza argentina responde exclusivamente al pobre desempeño de las exportaciones. Para tomar magnitud de ello alcanza con identificar que, el año pasado, el país exportó al resto del mundo las mismas cantidades que en el año 2005, dejando a la luz las dificultades que enfrenta el sector exportador para aumentar sus volúmenes de ventas.

En esta misma línea, el siguiente gráfico representa la participación de las exportaciones sobre el tamaño de la economía. El primer fenómeno a mencionar es la dinámica de caída constante que tiene este ratio desde el inicio de la serie en el año 2004, pasando de un cuarto del total de la economía explicada por las exportaciones a casi una décima parte. En segundo lugar, con un promedio para los últimos tres años que no alcanza el 12%, Argentina se encuentra entre los últimos 10 países (de un total de más de 240) más cerrados del mundo, medido como la participación de sus exportaciones sobre el total de la economía.

 

Existe relativo consenso sobre la idea de que la sostenibilidad del crecimiento en el largo plazo requiere de dos factores: las inversiones y las exportaciones. Las inversiones son las que permiten ampliar la capacidad productiva e incrementar la productividad de la economía en su conjunto. Pero las exportaciones son las generadoras de los dólares propios para poder pagar las importaciones que, con una economía en crecimiento, son cada vez mayores. Si se pretende lograr un crecimiento sostenido para Argentina, además de altas tasas de inversión será necesario un cambio drástico en la tendencia de las exportaciones. Confiar en los flujos de capitales para financiar un desequilibrio comercial creciente pone en riesgo de crisis externa a la economía argentina ante cualquier evento internacional que revierta la llegada de dólares financieros.

Fuente: Invecq

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