Informe sobre los países menos adelantados 2017

El acceso a la energía para la transformación estructural de la economía

La energía, savia del desarrollo
El acceso a la energía moderna, especialmente la electricidad, ha recibido
cada vez más atención mundial en los últimos años, lo que en parte pone de
manifiesto su importancia fundamental para los tres pilares del desarrollo
sostenible: económico, social y ambiental. Este interés mundial cada vez mayor
está incorporado en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 7: garantizar el
acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos.
En las anteriores ediciones del Informe sobre los Países Menos Adelantados se
sostuvo que los países menos adelantados (PMA) son el campo de batalla en que
se ganarán o perderán los ODS, y el ODS 7 no es una excepción. Los PMA han
hecho progresos extraordinarios en el acceso a la electricidad, que se ha triplicado
con creces, pasando del 12% al 38% desde 1990. Pero esta cifra implica que
el 62% de su población no tiene acceso a la energía eléctrica. Además de un
acceso aún más limitado a los combustibles modernos para cocinar y calentar,
esta situación da lugar a dos peculiaridades del uso de la energía en los PMA. La
primera es que predomina el uso doméstico, que representa dos tercios del total;
la segunda es que depende considerablemente de la biomasa tradicional, como
la leña o el carbón vegetal, que representan el 59% del total.
Como el acceso a la electricidad ha aumentado a niveles mucho más altos en
los países en desarrollo que no son PMA, se ha producido un incremento de
la concentración de la pobreza energética en los PMA en lo que respecta a
la falta de acceso a la energía moderna. En 2014, la mayoría (el 54%) de las
personas que no tenían acceso a la electricidad en el mundo vivían en un PMA,
lo que equivale a más de cuatro veces su parte en la población mundial (13%) y
aproximadamente el doble de la proporción de 1990 (30%).
Por consiguiente, lograr el acceso universal a la energía moderna a nivel mundial
dependerá fundamentalmente de su logro en los PMA. Pero para la mayoría de
ellos, hacerlo de aquí a 2030 —año fijado como meta para alcanzar los ODS—
será un enorme desafío. A pesar del ritmo impresionante de los progresos
realizados en los últimos años, solo 4 de los 47 PMA podrían lograr el acceso
universal a la electricidad de aquí a 2030 sin acelerar el ritmo de aumento del
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acceso, mientras que solo otros 7 podrían hacerlo duplicando su ritmo actual de
progreso. Por el contrario, en casi la cuarta parte de los PMA lograr el acceso
universal a la electricidad de aquí a 2030 requeriría que el número de personas
que obtienen el acceso anualmente fuera en los años venideros diez veces
superior al del decenio pasado.
El acceso a la energía es particularmente importante para el desarrollo rural,
que, como se destaca en el Informe sobre los Países Menos Adelantados, 2015,
es crucial para erradicar la pobreza. Inicialmente, la electrificación suele llegar
principalmente a las zonas urbanas, mientras que las rurales tardan más tiempo.
Por lo tanto, el acceso es mucho mayor en las pequeñas y grandes ciudades
que en las zonas rurales, y el 82% de las personas que no tienen acceso a la
electricidad en los PMA viven en zonas rurales.
Esta situación pone de relieve lo que históricamente ha sido un obstáculo
fundamental al acceso a la electricidad en la mayoría de los PMA, a saber, que
tienen una combinación característica de urbanización limitada y zonas rurales
escasamente pobladas, lo que hace económicamente inviables los sistemas
convencionales de generación centralizada para la mayoría de la población,
especialmente en un contexto de bajos ingresos y limitados recursos para invertir.
Ahora bien, esta situación está cambiando. Los rápidos progresos tecnológicos
realizados en materia de tecnologías de energía renovable, así como la
correspondiente reducción de los costos, están proporcionando una oportunidad
sin precedentes de electrificación de las zonas rurales gracias a la generación
descentralizada y a las minirredes. El potencial de escenarios que beneficien a
todos generado por esta situación en los pilares social y ambiental del desarrollo
sostenible es otra razón de la reciente atención prestada a la cuestión de la energía.
Sin embargo, en estudios e iniciativas recientes se ha pasado por alto con
demasiada frecuencia el tercer potencial de “beneficio para todos”, a saber, los
beneficios económicos generados por el acceso a la energía moderna. En el
núcleo de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible figuran la inseparabilidad
e interdependencia de los tres pilares del desarrollo sostenible, y alcanzar este
objetivo global de erradicación de la pobreza requiere una estrategia coherente e
integral que englobe a los tres. Este es el fundamento del marco de erradicación
de la pobreza mediante la transformación estructural sostenible e inclusiva
(PErSIST, por sus siglas en inglés) presentado en este Informe.
El “beneficio para todos” económico del acceso a la energía moderna reside en su
contribución potencial a la transformación estructural de la economía, el aumento
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de la productividad y el suministro de nuevas oportunidades de realización de
actividades de mayor valor agregado. Esto es esencial para hacer totalmente
efectiva su contribución potencial al logro de las ambiciones más amplias de la
Agenda 2030.
A tal fin, es fundamental garantizar la disponibilidad de la electricidad, no solo
para atender necesidades domésticas básicas como la luz, sino también para
su uso en los procesos de producción. Del mismo modo, el uso productivo de
la electricidad es esencial para que la inversión en la generación y distribución
de electricidad sea económicamente viable. Los elevados costos de capital
requieren cierto nivel de demanda para que las inversiones sean viables, y el uso
productivo puede tanto aumentar directamente la demanda como fortalecer la
demanda de los hogares al incrementar los ingresos.
Esta relación recíproca —del acceso a la electricidad, pasando por el uso
productivo, a la transformación estructural, y de la transformación estructural,
pasando por el aumento de la demanda, al incremento de la inversión en el
suministro y la distribución de electricidad— es fundamental para el desarrollo
económico y el objetivo del acceso universal a la energía.
Esto tiene importantes implicaciones para el enfoque del acceso universal a la
energía. Focalizarse únicamente en facilitar a los hogares un acceso suficiente
para atender sus necesidades básicas no bastará. Hacer realidad la totalidad
de los beneficios implica tener en cuenta también el acceso por parte de los
servicios públicos, como las escuelas o los centros de salud, y de las empresas, y
garantizar que se satisfagan sus necesidades en lo relativo al nivel, la continuidad
y la fiabilidad del suministro. El solo acceso a la energía no será suficiente; lo
que se necesita es un acceso a la energía para la trasformación estructural de
la economía, que permita atender la necesidad que tienen los productores de
contar con un suministro fiable y asequible de los tipos de energía que necesitan
en una escala adecuada.
Esta necesidad requerirá estrechar la “brecha de generación” con los demás
países en desarrollo. Pese al fuerte crecimiento experimentado desde 2000 tras
un período de estancamiento en el decenio anterior, la capacidad de generación
de electricidad por persona de los PMA no ha igualado ni el aumento del acceso a
la electricidad ni el incremento de la capacidad en los demás países en desarrollo.
Por consiguiente, la capacidad se ha reducido a la mitad, en relación tanto con
el número de personas que tienen acceso a la energía eléctrica como con los
demás países en desarrollo. En 2014, la capacidad de generación de electricidad
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por persona de los PMA era de solo la doceava parte del promedio de los demás
países en desarrollo, a saber, 50 vatios frente a 600 vatios.
A nivel mundial, el aumento del uso de energía plantea la preocupación de su
posible efecto sobre el cambio climático. Sin embargo, el punto de partida de
las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) resultantes de la generación
de electricidad en los PMA es muy bajo y la mayoría de estos países se han
fijado metas muy ambiciosas para lograr reducciones adicionales en el marco del
Acuerdo de París concertado en 2015 en el contexto de la Convención Marco de
las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Además de verse limitadas por
el uso de tecnologías de energía renovable, las emisiones adicionales resultantes
del aumento del uso de la electricidad se compensarán considerablemente con
los efectos de la reducción de la quema de biomasa tradicional, lo que también
contribuirá a frenar la degradación forestal y la deforestación. Esta situación pone
de relieve la importancia, desde un punto de vista ambiental, de tratar de lograr
el acceso universal a la electricidad en el contexto de una agenda más amplia de
acceso a la energía moderna, incluyendo también los combustibles modernos
para cocinar y calentar.
El acceso universal a la energía moderna puede contribuir también a la aplicación
del principio fundamental de inclusividad de la Agenda 2030, que se refleja en la
frase “no dejar a nadie atrás”. Además de permitir que todos los que actualmente
están excluidos del acceso a la electricidad y los combustibles modernos se
beneficien de sus ventajas, dicho acceso puede contribuir en gran medida a
estrechar la brecha entre las ciudades y las zonas rurales, donde vive la mayoría
de las personas en los PMA.

Fuente: UNCTAD

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