Informe especial de coyuntura de ITEGA – Diciembre 2017

En el presente informe hacemos un balance de los primeros dos años de la gestión de Cambiemos.
En primer lugar, se destaca la imposibilidad del gobierno de mostrar logros relevantes en materia de reducción de la inflación, a pesar haber sido el elemento central de su propuesta económica.
Un mal diagnóstico en el inicio, junto con un esquema de política monetaria en etapa experimental y con escasos instrumentos, impidieron mostrar resultados satisfactorios en un frente en el cual,
además, el gobierno nacional anunció cambios de cara a los
próximos años.
En segundo lugar, y luego de varias idas y vueltas en torno al cálculo
del déficit fiscal, las autoridades decidieron emprender un
cronograma de reducción del déficit primario, empresa que tiene
como contrapeso natural la premisa básica del gobierno: que la
presión fiscal es uno de los principales escollos para el
crecimiento del lado de la oferta. El ajuste del gasto, incluyendo la
baja en subsidios, demostró ser insuficiente para financiar la
reducción de impuestos, motivo por el cual el gobierno recurrió a un
duro recorte de la seguridad social como vía de escape.
A pesar de esto último, el gobierno no logró reducir, sino que
aumentó el déficit financiero de la mano de un nivel de
endeudamiento récord a nivel global, que llevó a incrementar el
peso del pago de los intereses de la deuda en el presupuesto. Esta
es, sin duda, una fuente de fragilidad para la economía argentina.
A su vez, la economía argentina evidencia serias dificultades para
crear empleo, además de mostrar indicios de ir avanzando hacia un
entorno de mayor precarización laboral. En particular, los puestos de
trabajo que se crearon en estos últimos dos años son peor
remunerados que los que se destruyeron, afectando la masa
salarial e impactando negativamente en el consumo masivo y en
las condiciones de vida de los sectores asalariados.

En estos dos años, el gobierno pudo administrar los problemas de
liquidez en moneda extranjera de corto plazo que tenía la
economía argentina, aunque esto se logró a partir de una fuerte
devaluación del tipo de cambio, la convalidación de la deuda exigida
por los fondos buitres y la completa desarticulación de las
regulaciones cambiarias, en el marco de un profundo y creciente
desequilibrio externo.
El atraso cambiario es uno de los síntomas de este esquema
macroeconómico. En efecto, las necesidades de financiamiento
público son la principal fuente de divisas de la economía argentina
luego de las exportaciones, de modo tal que la voluntad de los
mercados de crédito globales de continuar expuestos al riesgo
argentino es condición sine qua non para sostener un (pseudo)
equilibrio en el mercado de cambios.
En este contexto, el gobierno decidió emprender una serie de
reformas de corte netamente “ofertista”, a la espera de que la
maduración de un entorno institucional de menor regulación
favorezca el desarrollo de la inversión privada, dotando de
consistencia en el tiempo a este modelo.
Sin embargo, al momento, la industria y los sectores empleo
intensivos siguen golpeados, y no logran reponerse a pesar de la
recuperación del PIB. Así, la economía muestra un sendero de
crecimiento moderado pero estable, que luce insuficiente para
mejorar en forma sostenida las condiciones de vida de la
población, al costo de acumular desequilibrios
(fundamentalmente, en el sector externo) que amenazan con
poner en riesgo el esquema macro.

Fuente: ITEGA

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