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En respuesta a una aceleración de la inflación, asociada no sólo a las subas tarifarias, sino también de la inflación “núcleo”, el BCRA decidió endurecer las condiciones monetarias, buscando consolidar el proceso de desinflación iniciado en la segunda mitad del año pasado.

Los últimos datos de precios, correspondientes al mes de marzo, arrojaron una tasa de inflación mensual de 2,4% de acuerdo al estimador del INDEC, variación que resultó similar a la observada en febrero (2,5%), pero superior al promedio del segundo semestre de 2016 (1,4%). Al igual que en febrero, las alzas en precios regulados (3,3%), liderados por las tarifas de la energía eléctrica, tuvieron un papel central, pero no excluyente, en la aceleración que mostró la tasa de inflación. Tanto los precios con un comportamiento de carácter estacional (3,7%), como la inflación “núcleo” o “subyacente” (1,8%) volvieron a experimentar un aumento mayor al de los últimos meses.

Formalmente, el giro hacia una política monetaria más restrictiva se anunció el martes 11 de abril, a través del comunicado de política monetaria en el que se dispuso una suba de 1,5 puntos porcentuales en la tasa de referencia, llevándola de 24,75% a 26,25%. Luego, continuando en esta dirección, en su licitación mensual de Lebacs el BCRA impulsó también un incremento en los rendimientos de sus letras, para alinearlos con el nuevo nivel en el que ubicó su tasa de política. El rendimiento de la Lebac de más corto plazo (28 días) pasó a situarse en 24,25%, dos puntos porcentuales por arriba del nivel fijado en la licitación de un mes atrás.

Sin embargo, previo a estos movimientos, la autoridad monetaria ya había venido tomando medidas conducentes a reducir los niveles de liquidez, desde mediados del mes de marzo. Operando en el mercado secundario de Lebacs, el BCRA buscó impulsar al alza los rendimientos de estos instrumentos, llevando la tasa para la letra de más corto plazo desde 21,8% hasta 24,3% en cuatro semanas (proceso durante el cual absorvió unos $130.000 millones, equivalentes a un 16% de la Base Monetaria).

El ajuste en las condiciones de liquidez imperantes en el sistema financiero se vio reflejado, primero, en las tasas interbancarias, comenzando a trasladarse luego al resto de las tasas. La tasa de las operaciones de “call” (préstamos a un día entre entidades financieras a través de los cuales estas administran su posición de liquidez) detuvo a mediados de marzo su tendencia descendente y, tras alcanzar un mínimo de 22,3%, comenzó a deslizarse al alza hasta un 24,3%. Acompañando esta dinámica, la tasa de los adelantos mayoristas en cuenta corriente (préstamos a entre 1 y 7 días a empresas de primera línea) también invirtió su tendencia a la baja, pasando de 24% a 25,6%, mientras que las tasas de los depósitos a plazo también detuvieron su tendencia declinante y mostraron una ligera recomposición.

Inicialmente, el endurecimiento de las condiciones monetarias, con altas tasas en pesos, contribuyó a profundizar la caída en la cotización del dólar. En el último mes, el tipo de cambio marcó un retroceso cercano al 3%, pasando de $15,7 a $15,2 por dólar, un mínimo no observado desde el mes de noviembre.

Sin embargo, esta tendencia se vio interrumpida a mediados de esta semana, siguiendo el anuncio del BCRA de que buscará llevar el nivel de reservas de 10% a 15% del Producto, lo cual equivale a un incremento de unos USD 25.000 millones, desde los USD 50.000 millones actuales (+50%). Más allá de su justificación en términos de la necesidad de fortalecer su hoja de balance, la decisión del Banco Central fue interpretada por los mercados como una señal de que la cotización de la divisa se habría acercado a un piso en la óptica de la autoridad monetaria, dando lugar a una corrección al alza de unos 20 centavos en el precio del dólar, que finalmente cerró la semana en torno a $15,40.

De este modo, los anuncios plantean tasas más altas que las previstas previamente y menores presiones a la apreciación del peso, en la medida que el BCRA deja entrever una mayor predisposición a la compra de divisas, especialmente de los dólares que el gobierno nacional y las provincias obtuvieron a través de emisiones de deuda y que requieren ser convertidos a pesos para cubrir gastos e inversiones. En otras palabras, la autoridad monetaria parecería estar enviando dos señales simultáneas: reforzar su compromiso en desacelerar la inflación como su objetivo primario, conjuntamente con cierta preocupación con el nivel que habría alcanzando el tipo de cambio.

Finalmente, en materia de actividad económica, los primeros datos disponibles del mes de marzo señalan una recuperación dispar entre sectores económicos y con distintas intensidades. Al tiempo que los indicadores de consumo siguen mostrando un mayor rezago, ante el retraso en el cierre de acuerdos paritarios, en algunos bienes durables, en particular en los vehículos 0Km., se observa una recomposición de la demanda, así como un repunte también en el mercado inmobiliario y la construcción, dando cuentas de un proceso de recuperación todavía gradual de la actividad agregada.

Fuente: Banco Ciudad

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