INFORME ECONÓMICO MENSUAL | Nº II | FEBRERO 2017

Ya en el segundo año de gobierno de Mauricio Macri, la impaciencia sobre el devenir de la economía va ganando a diversos sectores de nuestra sociedad. ¿Llegará el ansiado despegue o la economía continuará en caída libre? Ciertos indicadores de producción y recaudación parecen dar la pauta de que la economía estaría, al menos parcialmente, dejando de caer. Sin embargo, la base de comparación con diciembre de 2015, cuando la actividad se frenó a la espera del cambio de gobierno y de política cambiaria, es una base débil para sacar conclusiones definitivas. De ahí que sigue abierto el interrogante sobre si pasamos a una fase de estancamiento, de rebote o si se trata del rebote de un gato muerto tal como denominan en la jerga financiera, al hecho de que una economía puede parecer rebotar transitoriamente, para luego continuar en una situación crítica.

¿Brotes verdes? El incremento de la producción de automóviles (+13,9% dic.16/dic.15) impulsado por las exportaciones a Brasil y las ventas al mercado interno; de las exportaciones (+34% dic.17/dic.16); un fuerte incremento del gasto en obra pública (Gasto Capital, +177% dic.17/dic.16); una muy leve mejora en los despachos de cemento (+2,2% dic.16/dic.15) y una recaudación de impuestos ligados al mercado interno (IVA DGI y Cheques,+36,55% prom. ene.17/ene.16) similar a la evolución de los precios según registros provinciales; generaron expectativas de que comience a detenerse el deterioro económico producido desde el cambio de gestión. Sin embargo, la mayor parte de los indicadores se comparan con diciembre de 2015, un mes que en el marco del cambio de gestión y de política cambiaria, generó una verdadera parálisis de la economía y, especialmente, de las exportaciones y el gasto público en obras. Por otro lado, aparece un punto que muchos analistas pasan por alto. Los indicadores de inflación con que se deflactan algunas variables resultan desactualizados. Esto se debe a que la canasta con la que se pondera no contempla el cambio de precios relativos generado por la suba de los servicios públicos. De esa manera, subestiman la inflación real al ponderar los nuevos incrementos tarifarios mediante ponderadores propios de cuando los servicios eran baratos, siendo que ya no lo son. Esa subestimación de la inflación puede provocar que el seguimiento de la actividad por indicadores de recaudación, genere expectativas erradas de recuperación (que estarían indicando que la inflación real supera a la que registran los institutos estadísticos).

Fuente: CESO

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