Informe Económico Mensual – Enero 2018

La economía argentina – resumen de coyuntura
Enero 2018

2018: La disyuntiva entre ajustar y crecer
El impulso al crecimiento del pasado año electoral afronta la prueba de un año par que, de 2012 en
adelante, se caracterizan por caídas en el nivel de actividad económica con aceleración de la
inflación. El freno a la obra pública con su impacto multiplicador negativo y la suba del dólar (o las
restricciones a su acceso bajo la gestión anterior) eran las formas de frenar la actividad económica.
Las devaluaciones, acompañadas de subas en las tarifas de los servicios públicos, aceleraban la
inflación redistribuyendo ingresos desde la población hacia las empresas exportadoras y de servicios
públicos, con su consecuente impacto negativo en el consumo. De esa manera, se reducían las
importaciones de bienes finales, insumos y maquinarias, mermaba el turismo en el exterior y la
capacidad de ahorro interno (que en gran medida se dolariza) acomodando los gastos de divisas a
la restricción externa que limitaba su expansión productiva.
La política de endeudamiento externo iniciado por la gestión Macri tras el pago a los fondos buitres
aleja temporalmente la restricción externa y abre la posibilidad de un año par con expansión de la
actividad. Sin embargo, las recomendaciones de organismos internacionales y calificadoras de
reducción del déficit fiscal en simultáneo con la política oficial de reducción de las cargas sociales e
impositivas sobre las empresas, promueven políticas de ajuste en el gasto público (corriente y en
obras) con su consecuente impacto contractivo sobre la actividad económica. En la misma línea se
inscriben los intentos oficiales de bajar el costo laboral que, del otro lado del mostrador es el ingreso
de los trabajadores y una de las principales fuentes de sostenimiento del mercado interno. La
reforma laboral y la política de metas de paritarias (denominadas oficialmente como de inflación)
amenazan la recuperación salarial y pueden pinchar el consumo, que sigue siendo el principal
impulsor de la actividad.
A ello hay que sumarle el efecto de la política de reducción de tasas y suba del dólar que amagó en
asomar tras el anuncio de un cambio en las metas de inflación de hace unas semanas. Si se consolida
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una baja de tasas y el banco central mantiene su política de no intervención, es probable que parte
de las inversiones financiera de corto plazo en pesos se pasen a dólares (mucho más al proyectarse
incrementos en las tasas de la Reserva Federal de los EEUU) con su consiguiente impulso a la
cotización del billete verde. Los efectos inflacionarios y redistributivos de la devaluación merman el
consumo interno y la actividad, y frustrarían la esperanza de una parte del equipo económico de
estimular el crecimiento vía menores tasas de interés. Cabe aclarar que una intervención del central
en el mercado cambiario (con algún costo en pérdida de reservas) permitiría reducir las tasas sin
grandes cambios en la cotización del dólar. A ello se opone no sólo la rigidez ortodoxa de
Sturzenegger sino también las esperanzas en que un dólar alto estimule las exportaciones
traccionando la actividad de una parte del equipo económico. Una esperanza con escaso
fundamento dada nuestra estructura productiva y el contexto internacional.
Si, como esperamos muchos analistas, la política de ajuste fiscal termina por moderarse, la
resistencia sindical permite sostener el poder adquisitivo de los salarios y la baja de tasas con suba
del dólar no avanza demasiado, es probable que la economía termine un año par con un leve
crecimiento, ayudado si continúa la recuperación de la actividad en Brasil y por el impacto en la
construcción y en el consumo de la expansión de los créditos indexados. En números, la proyección
para 2018 es un crecimiento entre el 0,5 y 1,5% con una inflación de entre 18 y 22%, según los
escenarios de devaluación y paritarias.

Fuente: CESO

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