Informe económico mensual enero 2017

Resumen de coyuntura – Destacados prensa – Producto Bruto Interno – Actividad – Precios e Ingresos – Finanzas Públicas Balance Cambiario – Sector Externo – Finanzas y bancos – Anexo Estadístico

El año 2016 está signado, sin lugar a dudas, por el calendario electoral. El gobierno de Cambiemos se juega en las próximas elecciones mucho más que los diputados o senadores que pueda colocar. En esa elección, se definirá si la sociedad aprueba el giro liberal-conservador impulsado por Mauricio Macri en la política nacional. Un triunfo, le permitiría profundizar en reformas estructurales: avanzar sobre los convenios colectivos de trabajo y otros derechos laborales (plazo mínimo de contratación, indemnización…), extender la edad para jubilarse y reducir los aportes patronales, profundizar la política externa de apertura comercial, entre otros. Una derrota pondría en seria debilidad al ejecutivo y su programa político-económico, especialmente, si es en manos de alguna expresión cercana al kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires.

Mientras tanto, la economía cerró el 2016 en franca caída y ya se posponen las expectativas de recuperación para un mitológico segundo semestre, esta vez, de 2017. Paradójicamente para un gobierno que hizo hincapié en su discurso económico sobre el fin de la etapa del consumo y el comienzo de la inversión, fue ésta última la que presentó la caída más pronunciada dentro de los componentes de la demanda agregada. Según informó el INDEC, para el tercer trimestre de 2016, la inversión cayó un 8,3% en forma interanual mientras que el consumo (público y privado) descendió un 2,3% incrementando su participación en un PBI que cayó el 3,8%. El fracaso de la política de crecer en base a la inversión evidenciado en el resultado de que la inversión perdió peso en el PBI frente al consumo, es una clara muestra de mala praxis económica del macrismo en su primer año de gestión

Dólar barato y apertura importadora para bajar la inflación

El año 2016 cerró con una inflación de alrededor del 40% según fuentes provinciales. Si bien es la marca más elevada desde el 2002, la medición de diciembre del INDEC arrojó un incremento mensual de 1,5% cuyo valor anualizado ronda el 20%.

La dinámica de los precios muestra que el BCRA se encuentra pintado. La brutal aceleración de las subas de precios del primer semestre se produjo en el contexto de mayor contracción de la base monetaria y suba de tasas de interés. Por contraste, el bajo indicador de inflación de diciembre del año pasado coincidió con un incremento de la base monetaria mensual del 7,6% y un piso de tasas que impulsó a los ahorristas a huir del plazo fijo.

En realidad, más que el BCRA controlar la inflación, es la dinámica de los precios impulsada por factores no monetarios la que controla al Central. Así, el impulso a los precios generado por la devaluación y suba de tarifas de comienzos de año, empujó al Central a subir las tasas y reducir la base monetaria. Por su parte, la desaceleración de la inflación lograda gracias a la estabilidad  del dólar y la apertura importadora del segundo semestre, impulsó al Central a profundizar la baja de las tasas derivando en un incremento de la base monetaria por menor colocación de LEBACs.

Hacia adelante, la clave de la política de estabilización de precios hasta las elecciones de 2017 continuará siendo el dólar barato y apertura importadora financiados con la toma de créditos externos. La receta ya clásica del liberalismo argentino, aplicada por Martínez de Hoz en tiempos de la dictadura y Domingo Cavallo durante los años noventa del siglo pasado, disciplina a los formadores de precios del mercado local (e indirectamente, a los trabajadores en sus reclamos salariales), mediante el ingreso de productos baratos desde el exterior. La forma de pagar esas importaciones manteniendo la baratura del dólar, es mediante el ingreso masivo de divisas provenientes de la política de endeudamiento externo fomentada por el ejecutivo nacional hacia las dependencias provinciales y empresas privadas.

Fraude financiero: los bonos en pesos incorporados al GBI-EM del JP Morgan

La reciente incorporación de 3 bonos argentinos en pesos a un índice de bonos del JP Morgan (GBI-EM) muestra que hay chances de continuar con la política de endeudamiento externo aún después del triunfo de Trump. También reveló la incógnita sobre la racionalidad de quienes habían adquirido masivamente esos bonos emitidos hace unos meses por montos cercanos a los u$5.000 millones, una cifra similar a la que se espera adquieran los fondos de inversión internacionales una vez incorporados al índice. Se trataba de actores que ya estaban en el secreto de su futura incorporación al índice, y sabían que obtendrían un buen retorno con su reventa a fondos internacionales. Un uso de información confidencial que es calificado como un delito por la mayor parte de las legislaciones.

Más allá de ese acto de corrupción, la Argentina aprovecha la sintonía con el establishment financiero internacional para realizar masivas colocaciones de créditos y asegurarse divisas. En lo que va del año el gobierno Nacional acordó un REPO con bancos extranjeros por u$6.000 millones, planea colocar bonos por u$7.000 millones más y hasta febrero las provincias planean colocar hasta u$950 millones y los privados hasta u$3.000 millones.

Los costos del plan de estabilización

Si bien el dólar barato con apertura importadora son herramientas potentes para reducir la inflación, su principal costo es sobre el entramado productivo y el empleo. Los recientes datos de baja del 18% en la producción de acero, o el anuncio del cierre de dos de las nueve plantas de la fábrica Alpargatas son botones de como las importaciones desplazan a la producción interna tanto en forma directa, como indirecta (a través de la menor demanda de insumos por la menor producción nacional).

La respuesta al consecuente desempleo por parte del gobierno nacional parece ser aprovecharlo para avanzar sobre los convenios colectivos de trabajo y el sistema de seguridad social. La avanzada mediática contra la “rigidez” del mercado laboral y los elevados aportes patronales al ANSES, muestran cómo mientras se fomenta el desempleo con la política macroeconómica, se plantea una nueva agenda de desregulaciones justificada en la necesidad de “bajar los costos laborales para crear empleo”.

Mientras tanto, una minoría ligada a la extracción de recursos primarios vio incrementados bruscamente sus ingresos reales. Sin embargo, las mayorías ligadas al mercado interno los vieron disminuir. El impacto fue especialmente duro con los que menos tiempo. A lo largo del primer año de gestión de Cambiemos, los jubilados perdieron un mes de jubilación, los trabajadores que ganan el salario mínimo también cedieron un mes de ingresos y quienes reciben la AUH media asignación mensual, a manos de los aumentos de precios.

La consecuencia fue un incremento en la desigualdad distributiva reflejada en los indicadores de Gini del Ingreso per cápita familiar (IPCF) y de Ingreso por ocupación principal (IOP) que se incrementaron entre un 8 y 10%.

Cambio de gabinete ¿continúa el ajuste en un año electoral?

La política de dólar barato y apertura importadora financiados con deuda externa no es suficiente para relanzar la economía, sino se acompaña de la decisión de incrementar los ingresos ligados al mercado interno por encima de la inflación y relanzar el gasto y la inversión pública consolidando un esquema de populismo financiero.

Sin embargo, los cambios en el gabinete parecen mostrar una reticencia a abandonar el rumbo del primer año, insistiendo en el programa de reducción del mercado interno a la espera de las inversiones externas. El fracaso del programa económico parece no ser atribuido a sus fallas estructurales basadas en los errores conceptuales de la ortodoxia económica, que no comprende que la demanda antecede a la oferta en las economías monetarias. Por el contrario, se atribuye el fracaso del programa a un presunto “gradualismo” (¡Dios nos salve si el ajuste del año pasado fue gradual!) reflejado en un déficit fiscal record generado, en realidad, por los recortes de impuestos a sectores del privilegio y la recesión económica provocada por la política regresiva de distribución del ingreso.

En nuevo ministro de hacienda tendría como tarea reducir el déficit a través de nuevos recortes de los gastos, inaugurando su tarea con una serie de despidos en diversos ministerios. Demás está decir que si se mantiene el rumbo de la política económica, los resultados no serán muy diferentes a los del pasado año. Un panorama sombrío para Cambiemos en un año electoral, donde pasado el efecto herencias, Macri ahora se compara con Macri.

Fuente: Ceso

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