Informe Economico Mensual – Diciembre 2017

La economía argentina – resumen de coyuntura
Diciembre 2017
EL SEGUNDO AÑO DE M

El segundo año de gobierno de Mauricio Macri llega a su fin. Cerrado el ciclo electoral que impulsó
al gobierno a abandonar momentáneamente su fe liberal y dar rienda al “populismo financiero”
(dólar barato con apertura importadora financiado con endeudamiento externo, y cierto impulso al
gasto público, especialmente en obras), parece haber llegado el tiempo de la “cirugía liberal”.
El “reformismo permanente” apunta a implementar la ansiada agenda del establishment por
amputar el “costo argentino”. La reforma laboral apunta a reducir el costo laboral, la reforma
previsional a bajar los aportes patronales a la seguridad social y la reforma tributaria a achicar los
costos impositivos. En el imaginario oficialista, esas reformas permitirían un incremento estructural
de nuestra competitividad que, de la mano de una profundización de los acuerdos comerciales
internacionales, insertarían exitosamente a la Argentina en los mercados mundiales. Una utopía que
promete la expansión de la actividad y el empleo, con generación de divisas que vuelvan sustentable
el actual esquema de endeudamiento externo.
Pero los sueños oficiales pueden transformarse en pesadillas, tanto por causas internas como por
el contexto mundial. En el plano interno, el principal escollo es imponer social y políticamente la
reducción del “costo argentino” que, visto del otro lado del mostrador, es nada más y nada menos
que el “ingreso de los argentinos”. Bajar el costo laboral implica reducir el ingreso de los
trabajadores, hecho que genera la resistencia de parte de sus organizaciones sindicales. La
reducción de los costos impositivos merma los ingresos del Estado e incrementa el déficit fiscal. Para
evitarlo se abre una negociación con los gobernadores sobre el reparto de los costos del ajuste
(“Consenso fiscal”) donde el pato de la boda fueron los fondos de la ANSES. Los ingresos de la
seguridad social también se ven comprometidos por la rebaja de los aportes patronales que
proyectan las reformas, de ahí el impulso oficial a la antipopular medida de cambiar la fórmula de
actualización de las jubilaciones, pensiones y AUH siguiendo las recomendaciones del FMI
plasmadas en su reporte 16/346, para generar un “ahorro fiscal” que obviamente sale de bolsillo de
los jubilados, pensionados y madres que perciben asignaciones.
La dificultad para reducir el “costo previsional” se vive en estos días, con una ciudad capital
militarizada para reprimir la protesta social, la imposibilidad oficial de lograr votos opositores en el
Congreso y las propias internas en el oficialismo, donde su dama porteña no muestra demasiado
interés en votar una reforma antipopular, cuya principal beneficiaria es su competidora del otro
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lado de la General Paz (que espera manotear “la plata de los jubilados” como compensación al
reclamo por el fondo del conurbano).
En el plano externo, el proyecto oficial de una Argentina abierta al mundo choca con la política
proteccionista de las potencias. El torpedeo a la OMC reunida en Buenos Aires no provino de los
representantes de las ONGs que el gobierno se encargó de deportar, sino del representante
comercial de los Estados Unidos, Robert Lightlizer, que ve a la promoción del libre comercio del
organismo como un instrumento comercial para la expansión de la producción made in China.
En la misma semana volvieron a posponerse las negociaciones de un acuerdo de libre comercio
entre Mercosur y Unión Europea, donde las exigencias europeas no sólo amenazan la línea blanca,
la industria metal-mecánica y automotriz, sino también con eliminar en los mostradores porteños
las pizzas de mozzarella1
. Más importante aún para Argentina, la firma del acuerdo implicaría una
fuerte pérdida del mercado brasilero para nuestra producción en manos de la competencia
europea.
Mientras en términos estructurales, el modelo de M naufraga por su falta de realismo social y
geopolítico, enmarcado en un proceso de endeudamiento insustentable (la deuda en divisas con
acreedores privados se duplicó en estos dos años, en simultáneo con un agravamiento estructural
del déficit de cuenta corriente), la coyuntura económica del próximo año se muestra menos
compleja. Si bien la parálisis de la obra pública (que se frenó desde octubre), las subas del costo
“anti-argentino” (tarifas y altas tasas de interés), las bajas metas de paritarias presentadas como
“de inflación” y la reducción del presupuesto de las familias que deben pagar los créditos Argenta e
indexados que tomaron en el año electoral, amenazan la dinámica de la inversión y el consumo. La
continuidad del acceso al endeudamiento externo permite anticipar otro año de atraso cambiario y
leve reducción de la inflación, con una persistencia en el crecimiento de los créditos – especialmente
indexados-. El balance entre ambos efectos contrapuestos promete una economía en estado
vegetativo, es decir, con un leve crecimiento (1-2%, según los escenarios de paritarias y de inflación).

Fuente: CESO

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