Informe Económico Banco Ciudad Nro 394

La autoridad monetaria presentó esta semana el régimen de metas de inflación que comenzará a aplicar en 2017. Bajo este esquema, el Banco Central fija una meta de inflación y luego busca orientar su política monetaria para alcanzar dicha meta. El avance hacia un sistema de estas características, que pone en el centro de la escena el combate de la inflación, se enmarca dentro de lo que es la consecución del objetivo central del BCRA: promover la estabilidad monetaria, entendiéndose por esto inducir una baja sistemática y sostenible de la tasa de inflación. Sin embargo, ello también se vincula con el crecimiento económico y los niveles de inequidad en la distribución del ingreso, ambos fuertemente comprometidos en contextos en los que la inflación se mantiene en niveles elevados en forma persistente. Los regímenes de metas de inflación comenzaron a cobrar mayor protagonismo en las últimas tres décadas ante las deficiencias de otros esquemas de política monetaria. Los sistemas de tipo de cambio fijo o de bandas móviles, que también buscan proporcionar un ancla nominal para orientar las expectativas de inflación, en general restringen la capacidad de la economía de ajustarse a shocks externos, como movimientos en los términos de intercambio o en las tasas de interés internacionales. Debido a esto, en el pasado estos esquemas con tipo de cambio rígido han tendido a derivar en devaluaciones bruscas de la moneda que, contrario a lo que originalmente se buscaba alcanzar, terminan siendo una fuente de mayor inflación e inestabilidad macroeconómica futura. En cuanto a su eficacia, los esquemas de metas de inflación han probado ser efectivos a la hora de llevar a buen puerto procesos de desinflación complejos. A estos fines, el caso de Chile resulta ilustrativo. Tras décadas de inflación elevada, en 1990, su Banco Central se puso por primera vez un objetivo de inflación explícito (aún sin adoptar inicialmente un esquema formal de metas de inflación). A partir de dicho momento, el país vecino pasó a transitar un proceso ininterrumpido de descenso de la inflación, con tasas que pasaron del 27% en 1990 a 9% en 1994 y luego a 4,7% en 1998. Asimismo, entre 1990 y 1998, el país registró tasas de crecimiento promedio del 7,5%, dejando en evidencia que una política de desinflación es compatible con un proceso de crecimiento sostenido. A nivel local, el proceso de transición al esquema de metas de inflación comenzó en el mes de marzo, con la adopción de la tasa de interés como instrumento central de la política monetaria. Siguió luego en los meses de junio y julio con el establecimiento de un objetivo intermedio de inflación para el último trimestre de este año de una tasa mensual promedio de 1,5% o menos, junto con el relanzamiento del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), con vistas a obtener una medida de las expectativas. Además de darse a conocer los detalles de su implementación, el Banco Central ratificó el sendero de metas de inflación comunicado hace unos meses. Para 2017, se mantuvieron las bandas de inflación de 12% y 17%, para 2018 de 8% y 12%, y para 2019 de 3,5% y 6,5%, con un nivel intermedio de 5%. En lo que hace a la coordinación con la política fiscal, una cuestión crucial a la hora de brindar al Banco Central los grados de libertad necesarios para conducir en forma efectiva su política monetaria, se pautó para 2017 una asistencia total al Tesoro Nacional por $150.000 millones, correspondiendo $90.000 millones a adelantos transitorios y $60.000 millones al giro de utilidades. De esta manera, la asistencia del BCRA al Tesoro no sólo disminuiría nominalmente respecto a 2016 (prevista en $160.000 millones), sino que equivaldría a 1,5% del PIB, frente al 2,1% de este año y un promedio de 4 puntos del Producto entre 2010 y 2015. Finalmente, en lo que respecta al procedimiento operativo a través del cual se ajustarán los instrumentos de política monetaria, se estableció la creación de un Consejo de Política Monetaria, a la vez que se anunció que a partir de enero la tasa de interés de referencia dejará de ser la correspondiente a las Lebac a 35 días, y pasará a ser la de los pases a 7 días, el instrumento a través del cual los bancos hacen su manejo de liquidez de cortísimo plazo. Lo actuado por el BCRA durante el período de transición al régimen de metas de inflación ya se ha mostrado efectivo en alinear las expectativas del mercado con el objetivo planteado para este año. Las expectativas de inflación para el último trimestre de 2016 apuntan a una inflación núcleo que se ubicaría en 1,6%, 1,5% y 1,5% en los meses de octubre, noviembre y diciembre, es decir, en línea con el objetivo del BCRA de alcanzar una inflación promedio de 1,5% en ese período. En cuanto a las expectativas para 2017, éstas se sitúan por el momento levemente por arriba de la banda superior planteada por el BCRA, lo cual ha llevado a la entidad a mantener invariable su tasa de política monetaria en la última licitación de Lebacs. De acuerdo a la última edición del REM, para el año próximo el mercado espera una inflación de 19,8%, en tanto que la inflación núcleo se reduciría al 17,9%. Si bien este último número se encuentra cerca de la banda superior de 17% establecida por el BCRA, la autoridad monetaria decidió mantener la tasa de referencia sin cambios, tras 8 bajas consecutivas, remitiéndose precisamente a que las expectativas de inflación para el año próximo se sitúan por encima del objetivo trazado. En el mismo sentido, en declaraciones efectuadas esta semana, las autoridades de la entidad se han referido a una “brecha de credibilidad” de casi tres puntos porcentuales, indicando que el BCRA ya se encuentra conduciendo todos los instrumentos a su alcance para eliminar dicha brecha, en una referencia implícita a la estabilidad de tasas y al sostenimiento de una política monetaria prudente en el corto plazo, señalando que la lucha contra la inflación recién comienza.

Fuente: Banco Ciudad

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