Informe de Estabilidad Financiera, segundo semestre

El sistema financiero mantiene los rasgos de fortaleza señalados en la edición anterior del Informe de Estabilidad Financiera (IEF)1 . Los riesgos intrínsecos de la actividad son acotados, los niveles de liquidez y solvencia son holgados y el marco de supervisión y de regulación prudencial está en línea con los estándares internacionales. Esta configuración le provee al sistema financiero un buen punto de partida para que pueda encarar un proceso de expansión sostenida de su actividad de intermediación, y así acercarse paulatinamente a la profundidad que observa el mismo sector en los países de la región y otros emergentes. En ese sentido, en los últimos meses se verifican señales de repunte en la actividad de intermediación local, como el moderado crecimiento en términos reales de créditos y depósitos del tercer trimestre. Para que esto se consolide y el ahorro de los argentinos se canalice a través del sistema financiero, es fundamental el cumplimiento del propósito del BCRA de mantener tasas de interés reales positivas para el depositante, en un entorno estable. El sistema bancario local está atravesando un contexto de transición, con oportunidades y desafíos. Por un lado, la caída del nivel de actividad económica parece haberse atemperado. Las expectativas de inflación disminuyeron tras el lanzamiento por parte del BCRA de un esquema de metas de inflación. Las tasas de interés nominales están descendiendo —acompañando la desinflación—, se comenzó a construir una curva de rendimientos en pesos —gracias a la colocación de bonos soberanos en los últimos meses—, y empiezan a observarse rendimientos esperados reales positivos para instrumentos de ahorro. Por otro lado, los bancos comienzan a estar sujetos a presiones sobre su rentabilidad al ir perdiendo las ganancias extraordinarias que derivaban de la inflación. En particular, las entidades fondean parte de sus préstamos —sobre los que cobran una tasa de interés nominal alta— con recursos provenientes de depósitos a la vista que prácticamente no tienen costo financiero. En este sentido, la desinflación y el mantenimiento de tasas reales positivas para el ahorrista generan presiones a la baja sobre los márgenes de intereses que obtienen los bancos. A eso se suma un entorno de mayor competencia e innovación que también influye sobre la rentabilidad del negocio tal como se venía desarrollando. Esta situación impone el reto de elevar la eficiencia operativa mediante mejoras en la productividad (incluyendo la incorporación de tecnología) así como el aprovechamiento de economías de escala. Una comparación entre las entidades locales o entre éstas y sus pares de otras jurisdicciones muestra que hay espacio para que se mejore sensiblemente la eficiencia. Adicionalmente, la experiencia internacional confirma la expectativa de que los niveles de intermediación financiera en términos del PIB deberían expandirse fuertemente como resultado del proceso de desinflación, facilitando la obtención de economías de escala. El BCRA viene acompañando el desafío de adaptación de las entidades al nuevo contexto y promoviendo el crecimiento con inclusión. Los cambios normativos de los últimos meses alientan la expansión de la intermediación financiera, cuidando el valor de las acreencias tanto por los menores niveles de inflación como mediante la incorporación de nuevos instrumentos de ahorro y crédito (ajustables por UVI y UVA2, entre otros). Las políticas del BCRA impulsan también la disminución de costos, promoviendo las tecnologías digitales y la reducción de la burocracia regulatoria. Por ejemplo, la simplificación en el proceso de apertura de filiales permitió que en 9 meses de 2016 operen 70 sucursales más.

En las últimas semanas, los resultados de las elecciones en Estados Unidos abrieron un frente de incertidumbre en el contexto externo. Si bien es todavía temprano para estimar las consecuencias a mediano y largo plazo derivadas de esta nueva situación, los mercados financieros están mostrando expectativas de cambios en el crecimiento mundial, impactos diferenciados sobre los precios de las materias primas, los tipos de cambio y la rentabilidad de los sectores, así como perspectivas modificadas respecto de la política monetaria en los países desarrollados y movimientos en las curvas de rendimientos. Argentina se encuentra en una situación relativamente favorable respecto de los dos canales a través de los cuales podría ser impactada, el canal real y el canal financiero. El comercio externo está poco concentrado en términos de destinatarios y de productos y representa una parte menor del producto, en comparación con otros emergentes. La exposición a un escenario de salida de capitales también es relativamente baja por los niveles de deuda moderados del gobierno nacional y de las empresas y las muy bajas posiciones de cartera en activos argentinos de fondos volátiles. Por el contrario, el efecto positivo de la esperada recuperación de Brasil pronosticada a partir del cuarto trimestre del año, las buenas perspectivas para la actividad local y los cambios de política de los últimos meses crearon un marco relativamente favorable para la Argentina. No obstante esa evaluación, las novedades externas de las últimas semanas demandarán un mayor monitoreo que contemple la posibilidad de un escenario negativo (todavía de baja probabilidad) con disminución del apetito por riesgo, posible salida de capitales desde activos de economías emergentes y cierta tensión en los mercados financieros internacionales. Como se mencionó, Argentina mostraría una posición relativa de baja vulnerabilidad a este escenario. Concluyendo, los mayores desafíos para las entidades locales están asociados a la obtención de rentabilidad. Los mismos se abordarían fundamentalmente a partir del crecimiento esperado, ya que las fuentes de vulnerabilidad sistémica continúan siendo relativamente acotadas. La interconexión entre entidades es limitada, la concentración de factores de riesgo es baja y existe un amplio margen para el desarrollo del mercado de crédito. Las entidades mantienen niveles elevados de liquidez —en sentido amplio, los activos líquidos equivalen a 47% de los depósitos totales—. El riesgo de crédito permanece limitado, con moderada exposición en los balances bancarios, reducida y estable morosidad —debajo de 2% del total— y elevado previsionamiento —mayor al 136% de la cartera irregular—. Los niveles de endeudamiento y de carga financiera de familias y empresas siguen siendo moderados. Continúa siendo significativo el grado de resistencia de los bancos ante una materialización extrema de un escenario de tensión poco probable. Por último, las exposiciones al resto de los riesgos intrínsecos a la actividad (de moneda, de tasa de interés y de mercado) se mantuvieron en niveles bajos, no presentando variaciones sustanciales respecto al último IEF.

Fuente: BCRA

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