Informe de coyuntura Nº 21

Desde la asunción del gobierno macrista el régimen económico experimentó mutaciones significativas que se manifestaron en la desviación hacia la valorización financiera como eje del proceso de acumulación. Las nuevas colocaciones de deuda acumularon USD 52.000 millones en los primeros 10 meses del año si se contabilizan las emisiones de los gobiernos nacional y provinciales y la considerable deuda emitida por grandes corporaciones.  La rentabilidad esperada de las opciones de inversión productiva resulta escasa como consecuencia de la recesión interna, la apertura comercial, la agudización de la apreciación cambiaria y las escasas o nulas políticas industriales. En paralelo, se presentan elevados rendimientos en dólares de las tasas de interés, especialmente de las Lebac, instrumento financiero que se está constituyendo en una verdadera bomba tiempo fiscal y cambiaria para la economía argentina por el elevado endeudamiento que implica para el Banco Central. En este escenario la inversión financiera desplaza a la productiva y no se logra mitigar la fuga de capitales.  De allí que en lugar de una reactivación de la inversión, como esperaba el gobierno, la fuga de capitales al exterior trepó a USD 11.000 millones de dólares en los primeros nueve meses del año. Se trata de una magnitud similar a la que tuvieron las colocaciones de deuda del gobierno nacional si se descuentan las cancelaciones de vencimientos de ese período. Por consiguiente, la deuda pública nacional sirve para refinanciar vencimientos de deuda y cubrir el déficit fiscal, al tiempo que garantiza las divisas requeridas para la fuga de capitales al exterior.  En ese marco, de modo similar a lo ocurrido durante el decenio de 1990, el déficit fiscal tiende a legitimar el acceso a un nuevo ciclo de endeudamiento. En este sentido, primero se amplió el déficit con cuestiones metodológicas y, luego, con variadas transferencias de ingresos -como es el caso de la quita de retenciones a las exportaciones, rebaja de impuesto a los bienes personales, la condonación de deuda a las eléctricas, la cancelación de la deuda con las obras sociales sindicales, etc.- que permiten viabilizar los objetivos de la política económica del gobierno.

Bajo estas circunstancias, y a contramano de los brotes verdes que persistentemente plantean los erráticos pronósticos del gobierno, se asiste a una recesión económica (-2,3% interanual en los primeros 8 meses) que aun no da indicios sólidos de haber alcanzado su piso. Esta contracción del nivel de actividad se explica especialmente por el mal desempeño de la industria y la sensible caída de la construcción (-4,6% y -12,8% interanual en los primeros tres trimestres del año, respectivamente), las cuales profundizaron sus retracciones en septiembre. En el caso de la construcción esta caída es indisociable de la disminución del gasto real en obra pública.  Por el lado de la demanda, además del bajo nivel de inversión, se advierte un significativo deterioro en los indicadores de consumo privado, que también se acentuaron en los últimos meses. Ello se encuentra asociado, por un lado, a la caída del salario real como consecuencia de la inflación más alta de las últimas dos décadas, y, por el otro, al aumento de la desocupación que tiene sus raíces en la caída del empleo privado en la industria y la construcción. Al respecto, cabe resaltar que, paradójicamente a los enunciados oficialistas en la materia, el único factor que morigeró la caída del empleo registrado total durante los primeros tres trimestres del año fue la expansión del empleo público que compensó la contracción del empleo privado. A ello debe adicionarse la caída del empleo no registrado, que es la principal variable de ajuste en períodos recesivos.  El único componente del Producto Interno Bruto que experimentó un crecimiento en los primeros tres trimestre del año fue el saldo comercial, que acumuló USD 2.000 millones de superávit. Se trata de un fenómeno singular: en valores la reducción de las importaciones duplicó la caída de las exportaciones. Ambas reducciones se asocian a la caída de los precios externos en el marco de una contracción del 6% de las importaciones mundiales en el primer semestre, dado que medidas en cantidades se incrementaron en una proporción similar (excepto las importaciones de bienes de consumo que crecieron 18,8%). Se trata de un aspecto delicado de la política económica de Macri en un escenario internacional convulsionado ante los resultados de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Fuente: Cifra

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