El estado de bajos tipos de interés prolongados desafía la estabilidad financiera

La estabilidad financiera se define por su capacidad para facilitar el crecimiento económico. Sin embargo, en el
entorno económico “nuevo normal” de crecimiento moderado prolongado, unos tipos de interés nominales y
reales bajos, una población que envejece y una longevidad cada vez mayor, el entorno económico conlleva riesgos
para la estabilidad financiera. El entorno de bajos tipos de interés a largo plazo ha supuesto en buena medida un
desafío para los modelos comerciales y la solvencia de las compañías de seguros de vida y los fondos de
pensiones de beneficios definidos. Las compañías de seguros y los fondos de pensiones desempeñan un papel
cada vez más importante en la intermediación financiera y en la transmisión de la política monetaria. Por lo tanto,
su capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones económicas mediante la modernización de sus modelos
comerciales resultará esencial para mitigar los riesgos a medio plazo para la estabilidad financiera.
La estabilidad financiera constituye una noción en constante cambio que incorpora una amplia gama de herramientas y medidas que evolucionan a lo largo del tiempo. Resulta más fácil definir la inestabilidad financiera o el riesgo sistémico que definir la estabilidad financiera en sí misma. El estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) compara el principio de la estabilidad financiera con la salud de un organismo, cuyo dinamismo se produce a lo largo de un continuo. Por lo tanto, el rango de estabilidad normal es amplio y multidimensional. Sus fundamentos implican incertidumbre y evolucionan en torno a elementos de infraestructura, instituciones y mercados, además de estar interrelacionados, ser intertemporales e innovadores. La definición integral establece que “un sistema financiero se encuentra en un rango de estabilidad cuando es capaz de facilitar (en lugar de obstaculizar) la marcha de una economía, y de disipar los desequilibrios financieros que surgen de forma endógena o como resultado de importantes acontecimientos imprevistos”.1

La estabilidad financiera implica facilitar el crecimiento económico a través de los procesos financieros de ahorro e inversión, préstamos y créditos, creación y distribución de liquidez, fijación de precios de activos y acumulación y crecimiento de riqueza.2
Sin embargo, en el contexto económico actual, en el que las condiciones económicas de EE. UU. han alcanzado su tasa de crecimiento saludable, casi óptima, los papeles se han intercambiado: la “nueva economía normal” supone riesgos y desafíos para la estabilidad financiera.
La “nueva economía normal”, que es el resultado de cambios estructurales impulsados por la tecnología y por factores demográficos y por políticas acomodaticias posteriores a la Gran Recesión, se ha basado en un crecimiento potencial moderado, bajas presiones inflacionarias y bajos tipos de interés nominales y reales. El entorno económico de bajos tipos de interés a largo plazo plantea desafíos a los principios de funcionamiento del sistema financiero.

Fuente: BBVA Research

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