“El cambio estructural y la decadencia argentina”

Por Mario Brodersohn

Es bastante común cuando conversamos con un observador extranjero que nos pregunte qué les pasa a los argentinos que a comienzos del siglo XX tenía un nivel de ingreso por habitante superior al de Francia o similar al de Alemania, y vienen cayendo casi sin interrupción desde hace varias décadas. Qué sucedió que habiendo sido el país que acogió a grandes corrientes de inmigrantes europeos, a tal punto que según el censo de 1914 el 50% de la población de la ciudad de Buenos Aires era extranjera, consientan que los hijos de sus hijos emigren hacia otros países. Cómo es posible que frente a la evidente decadencia los argentinos estén envueltos en persistentes e interminables confrontaciones en lugar de ponerse de acuerdo en algunos temas centrales para que todos tiren en la misma dirección.

La crisis por la que atraviesan los partidos políticos está llevando a que no solo sean los observadores extranjeros los que se formulan esos interrogantes sino los mismos argentinos desilusionados por una prolongada historia de fracasos y decadencia los que demanden que las campañas electorales sean un debate de ideas y de propuestas mucho más que un debate de slogans. El debate sobre las reformas estructurales está ausente en la Argentina. Ese debate debe incluir temas como la reforma del sistema judicial, reforma laboral, déficit fiscal, gasto público, reforma impositiva, nuevo régimen de coparticipación de impuestos con las provincias, los cambios organizacionales e institucionales que se necesitan para reducir el llamado costo argentino. De ese listado de temas hemos elegido analizar la restricción que impuso el sector externo a un crecimiento sostenido de la economía. La Argentina para crecer sostenidamente debe tener en cuenta que la restricción externa no solo ha sido un factor determinante en las recurrentes crisis externas de los últimos 70 años, sino también que puede emerger como un factor determinante de una nueva crisis externa en los próximos años, de un nuevo ciclo de “stop and go”, de una nueva desilusión.

El punto de partida de la decadencia económica argentina

El punto de partida de la decadencia económica de la Argentina en los últimos 70 años lo ubicamos a los tres años de asumir la presidencia el General Perón. Durante la Segunda Guerra Mundial y los primeros años de posguerra la Argentina más que duplicó sus exportaciones en relación con los años de preguerra. Al mismo tiempo el conflicto militar redujo a la mitad las importaciones. El resultado de ambas tendencias permitió acumular un superávit comercial externo de 1.530 millones de dólares, superávit que no se observaba desde los años de la postguerra de la Primera Guerra Mundial.

Al finalizar la Segunda Guerra las reservas internacionales acumuladas en oro eran de 1.200 millones de dólares. Además, era acreedor de Inglaterra por 500 millones de libras esterlinas. El gobierno decidió utilizar las reservas internacionales para llevar a cabo dos operaciones. Primero, en julio de 1946 rescata antes de su vencimiento, sin ninguna quita, deuda por 148.5 millones de dólares mientras Brasil, Chile y México lograron quitas significativas en sus negociaciones sobre la deuda. Segundo, el 9 de julio de 1947 el gobierno declaró la Independencia Económica y decidió comprar los ferrocarriles por 600 millones de dólares y la International Telegraph and Telephone Company (ITT) por 107 millones de dólares.

En sus tres primeros años el gobierno peronista llevó adelante una agresiva política expansiva con aumentos del 62% en el salario real, del 41% en el gasto público y favorecer con elevados aranceles de importación y crédito bancario barato a la industria liviana sustitutiva de importaciones de bienes de consumo. Esa política expansiva se vio fortalecida en esos mismos años por importantes aumentos en los precios internacionales de nuestros productos de exportación. En 1946/49 el precio internacional del trigo fue cinco veces superior y el del maíz 3 veces superior a los precios en los años de la contienda bélica. El precio internacional de carne vacuna fue un 30% más alto. La sumatoria de todos estos comportamientos dio como resultado elevadas tasas de crecimiento: 8.9% en 1946, 11.1% en 1947 y 5.5% en 1948 y una participación de los asalariados en el ingreso nacional del 50%.

La fuerte expansión económica provocó que las importaciones en esos años de postguerra fuesen 4 veces más altas que las de los años de guerra. A fines de 1948 las reservas habían caído notablemente de los 1.200 millones de fines de 1945 a 130 millones. No sólo habían caído las reservas internacionales, sino que además el Banco Central para preservar un nivel mínimo de reservas se vio ante la necesidad a partir de mayo de 1948 de interrumpir la entrega de divisas para el pago de importaciones provenientes de Estados Unidos. Ello provocó de hecho un “default” de la deuda con ese país sin que se inicie ningún proceso judicial. En 1950 el gobierno canceló la deuda con un préstamo del Eximbank de Estados Unidos.

La caída en las reservas internacionales, la persistencia de importantes desequilibrios externos y la falta de acceso a los mercados financieros internacionales no dejó otra opción al gobierno peronista que frenar el crecimiento de la economía, es decir, plantear el “stop” de la economía para disminuir las importaciones y así acercarnos al equilibrio externo. El proceso de ajuste recesivo se inicia en 1949 con una contracción del 1.3% del PBI. Esta contracción no fue suficiente y sin acceso al mercado financiero internacional en 1952 fue necesario profundizar aún más la recesión al 5% del PBI con una política fiscal, monetaria y salarial muy restrictiva.

No terminaron ahí los ajustes clásicos a la economía. Faltaba un punto más que se comienza a plantear en julio de 1953 aprovechando la visita del hermano del Presidente de Estados Unidos Dwight Eisenhower. Nos estamos refiriendo al endeudamiento en el mercado financiero internacional con la finalidad de amortiguar el impacto del ajuste recesivo para financiar el déficit fiscal. En 1954 el gobierno peronista deja de lado su política de rechazo a la inversión directa extranjera intentando negociar con la Standard Oil concesiones a las inversiones petroleras.

En suma, los ciclos de “stop and go” comienzan a plantearse durante el primer gobierno peronista. En efecto, en los tres primeros años (1946/48) el gobierno peronista desarrolló una agresiva política de expansión que no se pudo sostener por la restricción que impuso el sector externo al crecimiento. A ello le siguió un modelo de ajuste recesivo en 1949/52 que tiene todas las características de los futuros planes de estabilización del Fondo Monetario Internacional, que Frondizi instala por primera vez en la Argentina en diciembre de 1958.

Revisión histórica del ciclo “stop and go”

¿Cómo funciona el modelo de “stop and go”? A medida que el país crece impulsado por políticas keynesianas expansivas del mercado interno las importaciones aumentaban más rápidamente que las exportaciones. Ello no dejaba otra alternativa que frenar el crecimiento económico (“stop”) para reducir las importaciones y así lograr el equilibrio externo.
Para ello recurre a combinar la devaluación y la contención salarial con una política fiscal-monetaria muy restrictiva. Esta combinación partía de la hipótesis que la devaluación no era suficiente por sí sola para corregir en el corto plazo el desequilibrio externo debido a la baja elasticidad-precio tanto de las exportaciones como de las importaciones. Se requería, además, para disminuir las importaciones deprimir la actividad productiva dado que la elasticidad-ingreso de las importaciones era más elevada que la elasticidad-ingreso de las exportaciones.

Una vez alcanzado el equilibrio externo, la sociedad comenzaba a reclamar políticas orientadas a corregir los desequilibrios internos que había generado las medidas de ajuste y que se manifestaban en contracción de la actividad productiva, aumento del desempleo, aumento de la inflación y deterioro del salario real. Para ello recurre nuevamente a desarrollar medidas keynesianas expansivas que ponían en marcha el “go” con aumentos salariales y del gasto público. A medida que se expandía la actividad productiva volvía a aparecer la amenaza de un nuevo desequilibrio externo lo que volvía a poner en marcha la tesis de poner freno a la expansión con el “stop” de la actividad productiva.

El problema político de estos ciclos es que el peronismo se mostraba ansioso por asumir el gobierno cuando se avizoraba la fase expansiva del ciclo. Ese fue el caso de Perón en 1946 con las reservas internacionales de la posguerra mundial, el de Menem con el Consenso de Washington y el de Kirchner con el precio internacional de la soja.

A su vez dejaban para otro gobierno encarar la fase depresiva o descendente, que es cuando eran llamados a gobernar los radicales. Ese fue el caso con Alfonsín que tuvo que gobernar en tiempos de caída de los precios internacionales de nuestros productos de exportación, tasas de interés internacionales muy elevadas y negociar salir del “default” de la deuda externa concentrada en 500 bancos internacionales. Es el caso de De la Rua que se subió al tren de la convertibilidad una estación antes de descarrilar.

En ese extenso periodo de 70 años los sucesivos gobiernos han experimentado todas las variantes cambiarias y arancelarias posibles y la restricción externa seguía siendo la espada de Damocles sobre el crecimiento sostenido de la economía. Después del peronismo entra en escena Frondizi cuando se firma en diciembre de 1958 con el Fondo Monetario Internacional el primer acuerdo de estabilización para luego impulsar el desarrollismo con su política de autoabastecimiento petrolero y de protección arancelaria para la industria sustitutiva de importaciones.

Illia en 1963 introduce el gradualismo y el “crawling-peg”. Krieger Vasena en marzo de 1967 con el doble mercado cambiario, las retenciones impositivas a las exportaciones y el Cordobazo en 1969. El plan Gelbard de inflación cero en 1973 y el rodrigazo en 1975. Martínez de Hoz en 1976 con la tablita cambiaria y la garantía estatal a los depósitos bancarios a plazo fijo que terminaron en 1982 en la Guerra de Las Malvinas y en el “default” de la deuda externa pública.

El plan Austral en 1985 intentando bajar la inflación en un contexto internacional adverso en tasas de interés y precios internacionales y la híper inflación en 1989. Finalmente, en los últimos 25 años entran en acción los dos últimos intentos de superar la restricción externa, esto es, Menem-Cavallo con la convertibilidad en 1991 y Duhalde –Kirchner en el 2002 con el “default” de la deuda pública y la pesificación de las operaciones en dólares para terminar con el cepo cambiario en el 2011.

Las elevadas tasas de crecimiento en el 2003/11 crearon expectativas y la fantasía que por fin se había quebrado la restricción externa a un crecimiento sostenido.

Pero a partir del 2012 los superávits gemelos se transforman en deficitarios, las marchas y contramarchas con la justicia de Nueva York en la negociación de la deuda externa impaga impide el acceso al financiamiento internacional salvo el gobierno chino. Se inicia así, luego de crecer un 10 % en el 2010 y un 6% en el 2011, una prolongada etapa del 2012/16 de estancamiento económico en la que el sector externo restringe el crecimiento económico.

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La primera reacción del gobierno kirchnerista fue superar esa restricción con el cepo cambiario en octubre 2011. La segunda fue financiar los desequilibrios recurriendo a las reservas internacionales en 26.500 millones de dólares. La tercera reacción fue seguir los pasos de experiencias históricas frenando el crecimiento de la economía. Eso es lo que sucedió en los 4 años de su segundo mandato. Dejamos de crecer a tasas chinas para pasar a depender de los préstamos del gobierno chino. En efecto, en el 2012 hay una contracción del 1% en el PBI, volvimos a crecer en el 2013 un 2.4%, una nueva contracción del 2.5% en el 2014, una recuperación del 2.6% en el 2015 y una nueva contracción del 2.2% en el 2016.

En suma, el primer gobierno peronista desaprovechó la oportunidad histórica que nos brindaban las altas reservas internacionales. Con los Kirchner desaprovechamos una nueva oportunidad histórica con los altos precios internacionales y bajísimas tasas de interés internacional. Esta es la historia que quisimos contar de frustraciones y oportunidades perdidas que contribuyeron a la decadencia de la Argentina en los últimos 70 años.

El corto plazo fue tan dominante en los últimos 70 años que decisiones de largo plazo como son las reformas estructurales pasaron a ser simples anuncios en la campaña electoral o a definir el largo plazo como la suma de programas de corto plazo

La expansión del comercio internacional y la inserción en el mundo de la Argentina

En el periodo 2003/2008 el comercio internacional, estimulado por la política monetaria expansiva de Estados Unidos y por la incorporación de China en la Organización Mundial del Comercio, creció a un ritmo del 15% anual, ritmo superior al crecimiento del PBI mundial. El resultado de ambas tendencias es una creciente apertura del comercio mundial, medido por la suma de las exportaciones y las importaciones con relación al PBI mundial. Este coeficiente pasó de un 30% a mediados de la década del 90 al 50% en el 2008. Estas tendencias se desaceleran en el periodo 2012/16 y vuelve en el 2017 a superar el crecimiento del PBI mundial.

En los últimos 15 años la expansión del comercio mundial dio lugar a una profunda reorganización productiva a partir del desarrollo de nuevas tecnologías que procuraron aumentar la competitividad internacional. Las nuevas tecnologías están dirigidas a fragmentar verticalmente los procesos productivos para aprovechar economías de escala (out-sourcing) y a la descentralización geográfica para aprovechar los salarios más bajos de la mano de obra calificada que ofrecen los países en proceso de desarrollo (off-shoring). El objetivo de estas fragmentaciones es disminuir los costos de producción.

Estos procesos dieron lugar a la formación de cadenas globales de valor de los bienes y servicios fragmentados, cadenas que han sido los motores de la expansión del comercio mundial. Por ello, constituyen un apropiado marco de referencia para evaluar en qué medida el comercio internacional de la Argentina se ajustó a las pautas de comportamiento en el mundo:

• En primer lugar, las nuevas tecnologías inducidas por la fragmentación de los procesos productivos dieron lugar a una creciente participación en el comercio mundial de nuevos productos como los insumos, bienes intermedios y servicios y a la participación de nuevos mercados como China y los países del este asiático.

¿Como reacciono la Argentina frente a estos cambios en el comercio internacional? En el periodo 2004/15 la Argentina marchó a contramano de esas tendencias internacionales dado que aumentó la concentración y la primarización de sus exportaciones. En efecto, en el 2015 las exportaciones agrícolas representaron el 46% del total exportado, las manufacturas basadas en recursos agrícolas el 17% y manufacturas de tecnologías media como autos 15%, Estos tres rubros absorbieron el 74% del total exportado mientras en el 2005 representaron el 54%.

• En segundo lugar, las nuevas tendencias en el comercio mundial forman parte de una dinámica más amplia de reorganización de la producción mediante fragmentación de los procesos productivos y el desarrollo de nuevos centros geográficamente descentralizados. Estas nuevas tendencias fueron compatibles con una creciente apertura del comercio mundial.

La economía argentina, en cambio, se fue cerrando en esta etapa de expansión del comercio internacional. El coeficiente de apertura (exportaciones más importaciones en relación con el PBI) en el 2004 era el 41 % del PBI, se redujo al 31 % en el 2011 y al 23 % en el 2015 y es uno de los países de América Latina con menor apertura de su economía. En Chile es el 53%, Peru 37%, Colombia 31 % y Uruguay 32 %.

La Argentina no mostró ninguna inquietud para estimular nuevas exportaciones y se mantuvo al margen de participar en propuestas para negociar con empresas internacionales nuevos procesos tecnológicos. Un ejemplo interesante es el conflicto con Uruguay sobre el avance tecnológico y el impacto en el medio ambiente de la industria papelera. La Argentina denunció la inversión en Fray Bentos, Uruguay de una empresa multinacional por el impacto ambiental cuando operan en la Argentina más de 5 empresas papeleras con tecnologías obsoletas y serios impactos ambientales.

• En tercer lugar, la política comercial se centró en la multiplicación de acuerdos entre países que integran una misma región desplazando a los acuerdos multilaterales. Argentina no hizo ni lo uno ni lo otro, mientras rechazaba la globalización y se aislaba del mundo formó un eje con Bolivia, Ecuador y Venezuela.

¿Cómo impactaron en la economía argentina estos cambios en el comercio internacional? En el periodo 2003/12 la Argentina se encontró con un superávit externo acumulado inimaginable de 125.500 millones de dólares. En ese periodo el volumen físico de las exportaciones aumentó un 24% impulsado por la revolución tecnológica en la producción de cereales y oleaginosas. Pero el más importante impulso a las exportaciones vino dado por el aumento de los precios internacionales.

Las exportaciones aumentaron en 20 años desde un total de 13.200 millones de dólares en la primera mitad de la década del 90 a la asombrosa cifra de 83.000 millones en el 2011. La combinación aumento de precios internacionales y cosechas récords del 2003 al 2012 invitaron al gobierno a vivir con lo nuestro y a postergar cualquier reforma estructural. A partir del 2012 los precios internacionales caen, desaparece el superávit comercial externo y pasamos de la expansión económica al estancamiento en el periodo 2012/15.

Una nueva grieta entre los partidarios del shock fiscal y los partidarios del gradualismo

En octubre 2011 Cristina Kirchner es reelecta presidente con el 54 % de los votos. No se detiene la salida de capitales privados al exterior y para neutralizar esa salida el gobierno pone en marcha el cepo cambiario a fines del 2011. A partir del 2012, en un contexto de apreciación real del tipo de cambio, se revierte la tendencia expansiva de los años 2003/08 como lo demuestra la caída en las exportaciones inducida por la caída en los precios internacionales, por una disminución en el volumen físico de las exportaciones del 18% y por el sesgo antiexportador de la política económica basada en retenciones impositivas a las principales productos agropecuarios y por las restricciones cuantitativas a las cantidades exportadas (los ROE).

Las proyecciones del gobierno para el 2018 de un crecimiento del 3.2% del PBI ampliarán aún más el desequilibrio comercial externo debido a que la elasticidad-ingreso de las importaciones es más alta que la de las exportaciones. El déficit comercial podría llegar en el 2018 a 11.000 millones de dólares frente a los 7.000 millones esperados para el 2017.

El interrogante por dilucidar es si en el 2018 los mercados financieros internacionales están dispuestos a financiar un creciente endeudamiento. La respuesta a este interrogante divide las aguas entre los economistas y crea una nueva grieta entre los que proponen inmediatamente después de las elecciones un shock fiscal porque la experiencia histórica en la Argentina sugiere que la estrategia actual termina mal mucho antes de lo imaginado por el gobierno. Por el otro lado, están los que se inclinan por el gradualismo financiado con endeudamiento externo porque el shock fiscal nos conduce a una derrota electoral y a una amplia inestabilidad política.

Los trascendidos políticos sugieren que el Gobierno atribuye su contundente triunfo electoral en octubre al gradualismo fiscal financiado con endeudamiento externo. Su tesis para el 2018 es muy simple: porque cambiar un modelo que es exitoso como lo demuestran el triunfo electoral en octubre y la crisis en el peronismo.

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Para hacer frente a este desafío se requiere prestar especial atención no solo a la evolución del tipo de cambio real sino también a los cambios que ocurrieron en el comercio mundial en los últimos 15 años. El cambio más importante se produjo con la creación de cadenas de valor como resultado de la fragmentación del proceso productivo y el desarrollo de nuevas tecnologías. Las reformas estructurales que demanda llevar adelante una política de expansión de las exportaciones son muy amplias y diversas pero una de las que requieren más urgencia por el tiempo que demora en ver resultados positivos es el sistema educativo. Alieto Guadagni concluye:

“Tengamos presente que nuestra Universidad hoy enfrenta tres grandes problemas: nuestra graduación es una de las más bajas de América latina, ya que estamos por debajo de Cuba, México, Colombia, Brasil y Chile; la deserción universitaria argentina es de las más altas de la región y hay muy pocos graduados en las carreras científicas y tecnológicas. En el 2013 las universidades estatales graduaron a 80.000 profesionales, de los cuales apenas 5 fueron ingenieros hidráulicos, 16 ingenieros nucleares y 30 petroleros. Este tipo de graduación es aún más escasa en las universidades privadas”

La inserción internacional de la Argentina y el crecimiento sostenido dependen de cambios estructurales en las políticas exportadoras

El 2017 va a cerrar, como ya señalamos más arriba, con precios internacionales que se mantienen en los niveles actuales, una cosecha récord de cereales y oleaginosas, exportaciones que se mantienen en los niveles del 2015/16 de 59.500 millones, déficit comercial de 7.500 millones de dólares, déficit en la cuenta corriente del Balance de Pagos superior a 4,0% del PBI.

Las expectativas son que la reactivación económica que se inició en el segundo semestre del 2017 se va a sostener en el 2018 con el gradualismo fiscal financiado con endeudamiento externo y que si los operadores económicos estiman en el segundo semestre del 2018 que Macri puede ser reelecto presidente intentará seguir con el gradualismo financiado con deuda. Esta es una hipótesis audaz pero no descartable.

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Es audaz en la actual coyuntura porque las exportaciones caen de 83.000 millones en el 2011 a 59.500 millones en el 2017. Para superar esta caída en las exportaciones se hizo necesario disminuir las importaciones en 23.500 millones. Para ello fue necesario abortar la expansión económica y mantener la economía estancada del 2012 al 2016.

La revolución tecnológica en la producción de cereales y oleaginosas y la expansión de la frontera agropecuaria demuestran que ese sector tiene una gran capacidad de respuesta exportadora pero esa respuesta es insuficiente para financiar un crecimiento sostenido. Por lo tanto, abrir nuevos mercados para nuevos productos pasa a ser un objetivo impostergable para un crecimiento sostenido de la economía. Es una opción de cambio estructural nada fácil de llevar adelante pero no muy costosa políticamente.

En el Mensaje de la ley del Presupuesto Nacional para el 2018 aprobada por el Congreso Nacional se hace un ejercicio de simulación sobre las exigencias externas que plantea crecer a un ritmo sostenido del 3,5% anual en los próximos años del 2018 al 2021. En este ejercicio se supone que las exportaciones crecen a un ritmo del 6% anual en esos 4 años y las importaciones al 6,4% anual. Con esta información el ejercicio de simulación termina mostrando un saldo negativo en el Balance Comercial de cada uno de los años futuros y que ese saldo negativo es cada año más elevado.

Este ejercicio de simulación tiene dos supuestos con los que discrepamos. El primero es el déficit externo inicial para el 2017. En el ejercicio presupuestario se estima en 4.500 millones de dólares. Ahora bien, en los primeros 9 meses el déficit comercial ya es de 5.200 millones y las estimaciones privadas de ese déficit oscilan en 7.500 millones de dólares para todo el año.

El segundo punto discutible es lo que podríamos llamar la elasticidad- ingreso de las importaciones, esto es, cuanto aumentan porcentualmente las importaciones cuando el PBI aumenta porcentualmente un 1%. El ejercicio de simulación supone un crecimiento anual del 3.5% del PBI para los años 2018 al 2021, las exportaciones un 6% anual y las importaciones crecen en promedio un 6.4% anual, es decir y para simplificar, el crecimiento de las importaciones casi duplica el crecimiento del PBI.

No es nada fácil y simple estimar la elasticidad-ingreso de las importaciones y es un tema de grandes discrepancias entre los economistas. Para simplificar el análisis tomemos los primeros ocho meses con datos oficiales del 2017 en relación con los 9 meses del 2016. En este periodo las importaciones aumentaron un 17% y estimamos que el PBI aumentó en esos 9 meses un 2.6 %. Por lo tanto, las importaciones crecen 6.5 veces más rápido que el crecimiento del PBI mientras en el ejercicio de simulación ese crecimiento es de solo 2 veces.

En síntesis, en los primeros nueve meses del 2017 las importaciones aumentaron un 17% y las exportaciones no crecieron. Por lo tanto, el superávit externo comercial que fue positivo en 1.800 millones en el 2016 pasó a ser negativo en 5.200 millones en esos nueve meses del 2017.

Estos números nos sugieren que tenemos dos opciones si se quiere equilibrar el sector externo a fin de evitar que, tarde o temprano y a medida que se van cerrando las puertas de acceso al mercado financiero internacional, terminemos en un nuevo ciclo de “stop and go”, en una nueva frustración.

La primera, como ha sido históricamente el caso en la Argentina, es una política recesiva para bajar las importaciones. La otra opción es intentar que las exportaciones de nuevos productos y a nuevos mercados, como resultado de cambios estructurales que se señalan en este informe más arriba, aceleren su crecimiento.

No está en discusión el potencial acceso al mercado de capitales en el 2018 y 2019 porque como partimos de un nivel de Deuda Pública Neta/PBI que es relativamente bajo con relación a otros países, el gobierno tiene acceso al mercado financiero internacional para cubrir esos desequilibrios. Lo que está en discusión es el mediano plazo porque las reformas estructurales que se requieren en exportaciones toman tiempo hasta que se puedan apreciar sus resultados.

En suma, el gobierno está enviando señales de que quiere continuar con el gradualismo fiscal en el 2018 financiado con endeudamiento externo al mismo tiempo que los operadores económicos sospechan que está postergando las reformas estructurales políticamente más conflictivas para después de las elecciones presidenciales del 2019. El contundente triunfo en las elecciones de octubre le amplía su llegada al mercado financiero internacional sobre todo si las encuestas de opinión en el segundo semestre del 2018 sugieren que son altas las probabilidades de gobernar por otros 4 años. Convencer a la sociedad y a los operadores que confíen en esta estrategia gradualista política y económica es el desafío más importante que espera a Macri en los próximos meses.

Fuente: Econométrica

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