Chile 2017

En 2017 la economía de Chile se expandió a una tasa similar a la del año anterior (un
1,5%, frente a un 1,6% en 2016) a causa de la debilidad de la demanda interna, cuyos
efectos en el desempeño económico no se vieron compensados por una mejora en el
contexto externo. El contexto internacional se caracterizó por un mayor crecimiento
global, una menor volatilidad financiera, un mayor apetito por riesgo para los activos
de las economías en desarrollo y un aumento de los precios internacionales de las
materias primas.
El bajo crecimiento de la economía tuvo un impacto acotado en los ingresos tributarios del gobierno
central (un 3,1% en 2016 y un 4,8% en 2017), lo que, aunado a un aumento del gasto público (de un
5,4%, frente a un 5,2% en 2016), se tradujo en un déficit del gobierno central del orden del 2,7% del
PIB1
. Por su parte, la evolución del gasto del Gobierno se explica por el gasto corriente (que se
expandió un 7,2%), ya que los egresos de capital experimentaron una contracción del 4,2% en 2017.
El gasto corriente se expandió principalmente en las áreas de salud y educación (un 10% y un 9,4% en
términos anuales). Con todo, se espera un aumento del acervo de deuda del gobierno central al 24,3%
del PIB (frente al 21,3% del PIB en 2016).
Ante un contexto de debilidad de la demanda interna y bajas presiones inflacionarias, el banco
central adoptó una postura expansiva y bajó dos veces la tasa de política monetaria, en marzo y junio.
La rebaja fue de 100 puntos básicos y la tasa se situó en un 2,5%, por debajo de su nivel de equilibrio.
No obstante, esto no se reflejó plenamente en el costo del crédito.
Entre 2016 y 2017, las tasas de interés promedio para los créditos al consumo y a la vivienda
disminuyeron del 23,2% al 22,3% y del 3,8% al 3,4%, respectivamente. Por el contrario, las tasas
comerciales promedio aumentaron del 7,3% al 7,5%. Además, el crédito acusó una desaceleración en
su conjunto y su crecimiento se ubicó en un 5,1% (frente a un 8,9% en 2016), de
conformidad con el pausado dinamismo de la actividad económica2 . La rebaja de las tasas de
interés tampoco influyó en el tipo de cambio, que, en vista de las condiciones internacionales,
registró una leve apreciación (un 4,2% entre enero y noviembre, en términos nominales, y un
1,6% entre enero y octubre, en términos reales).
El déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos fue menor que el registrado el año anterior (de un -1,1% del PIB en 2017, frente a un -1,4% del PIB en 2016). Esto se explica por el incremento del saldo negativo de
la balanza de renta —de 7.117 millones de dólares en 2016 a 10.900 millones de dólares en
2017— debido a la mayor repatriación de beneficios, en particular de la minería, cuyo monto se compensó en parte con la mejora de la balanza comercial (8.700 millones de dólares en 2017,
frente a 5.256 millones de dólares en 2016). La evolución de la balanza comercial responde al
efecto favorable que tuvo el aumento de los precios del cobre (2,5 dólares por libra en enero
y 3,04 dólares por libra en noviembre) en el valor de las exportaciones (60.597 millones de
dólares en 2016 y 69.700 millones de dólares en 2017), pese a la caída de varios rubros en
términos de volumen. El comportamiento de las importaciones (61.000 millones de dólares,
frente a 55.341 millones de dólares en 2016) obedeció en gran parte a las compras externas de
bienes de consumo duraderos y en menor medida a las compras de bienes de capital.
El resultado de la cuenta financiera (5.709 millones de dólares en 2016 y 4.600 millones de dólares en 2017) se explica por los mayores flujos de cartera correspondientes a la emisión de bonos en los mercados
internacionales de los sectores de servicios, financiero y de comercio, y por la evolución de
la inversión extranjera directa (IED) dirigida a la minería3 . El país registró una posición de
inversión deudora en su conjunto, equivalente al 20,4% del PIB, para el tercer trimestre de 2017.
Durante 2017, el impulso a la actividad económica provino de los sectores no mineros en el primer semestre y del sector minero en el segundo semestre. Los sectores no mineros que presentaron el mayor dinamismo durante el año (aunque inferior al de 2016) fueron: comercio, comunicaciones y
servicios personales. El crecimiento del comercio (de un 3,5%, frente a un 4,6% en 2016) fue
impulsado por el aumento del consumo de bienes duraderos y no duraderos. Las comunicaciones
(cuya actividad creció un 3,5%, frente a un 3,6% en 2016) se vieron favorecidas por el
comportamiento de la telefonía móvil. En el desempeño de los servicios personales (que se
expandieron un 3,2%, frente a un 5,9% en 2016) incidieron el aumento del gasto en salud y educación.
Por su parte, la actividad del sector de la construcción se desaceleró (creció un 2,3%, frente a
un 3,7% en 2016) y la agricultura presentó nuevamente una contracción, aunque menor que la
registrada el año anterior (del -1,0%, frente a un -3,7% en 2016), mientras que la manufactura acusó
un leve pero acotado proceso de crecimiento (del 0,9%, frente a una contracción del -0,5% en 2016)4.
La evolución de la agricultura respondió a un descenso de la producción bovina y de cultivos.
También incidieron en su desempeño los incendios forestales de principios de año, que generaron
pérdidas estimadas en 890 millones de dólares y afectaron de forma considerable a 3 de las 15
regiones (un 14% del PIB del país). La evolución de la construcción, por su parte, se debió a la caída
de la edificación residencial, al mismo tiempo que el resultado de la manufactura se explica por la
debilidad de la demanda agregada y la inversión.

Fuente: CEPAL

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