Brasil 2017

Después de registrar una fuerte recesión en 2015 y 2016, en 2017 hay señales de que la caída del PIB brasileño se estancó y se estima un aumento anual del 0,9%. Sin embargo, los indicadores de demanda y producción todavía no muestran un cuadro de recuperación sostenido. El consumo y las inversiones aún mantienen niveles por
debajo de los observados en 2014, antes de la crisis, y la inversión pública sufrió una significativa reducción. La señal positiva se debe a un choque de exportaciones, de manera que, aun con una recuperación de las importaciones, el año presenta un superávit récord en la balanza de bienes y una reducción del déficit de la cuenta
corriente de la balanza de pagos. El desempleo llegó al nivel más alto en marzo y desde entonces se viene reduciendo, pero esa mejora es reflejo del incremento de la ocupación de trabajadores informales y por cuenta propia, mientras que la ocupación formal sigue sin recuperarse. A pesar de los esfuerzos del ajuste fiscal, el déficit
público sigue elevado y la deuda continúa aumentando. En un contexto de baja actividad económica y récord de cosechas agrícolas, la inflación mantuvo su trayectoria de reducción. Esa caída permitió reducir sustancialmente la tasa básica nominal de interés. Ante la inflación, sin embargo, el descenso de la tasa de interés en
términos reales no se ha verificado con la misma intensidad.
La agenda fiscal sigue formando parte del enfoque principal de la política económica, que busca cambios estructurales en el Estado brasileño, nuevos ingresos y un recorte de los gastos públicos para enfrentar el problema. Desde el punto de vista de las reformas en el Estado, el Gobierno impuso un límite constitucional a la expansión de gastos públicos primarios y por 20 años estos no podrán crecer más que la inflación del año anterior. Esto debe producir una reducción del gasto primario como proporción del PIB e impactar en los gastos sociales, las inversiones y la capacidad anticíclica de la política fiscal.
El déficit primario del sector público deberá terminar el año 2017 cerca del 2,4% del PIB, mientras que en 2016 se registró un déficit del 2,5%. Aun con la caída de la tasa de interés, los gastos financieros, con la deuda pública existente, siguen elevados. En septiembre de 2017, los gastos nominales por intereses, acumulados en 12
meses, fueron equivalentes al 6,5% del PIB, lo que deberá producir un resultado nominal negativo en torno al 8,9% del PIB a fin de año.
Con eso, la deuda pública mantiene la trayectoria de expansión que empezó en 2014. La deuda bruta subió del 69,8% del PIB a fines de 2016 al 73,9% en septiembre de 2017 (la deuda neta fue del 50,9%). La cuasitotalidad de la deuda pública está denominada en moneda local, lo que reduce el impacto de la volatilidad cambiaria. Desde el
punto de vista de la demanda agregada, como el gasto público no se expande, la política fiscal no
puede asumir un carácter anticíclico y de estímulo al crecimiento. La estabilización de la deuda requiere una recuperación del crecimiento, y la política fiscal, en especial las inversiones, podría tener un papel importante.

Fuente: CEPAL

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