Bolivia 2017

La economía del Estado Plurinacional de Bolivia ha crecido en torno al 3,9% en 2017, lo que representa una leve desaceleración respecto de la expansión del año anterior (que fue del 4,3%); a pesar de ello, se mantiene como una de las economías más dinámicas de la región. La demanda interna ha sido el motor de este crecimiento,
como resultado de la implementación de una política fiscal que ha impulsado la inversión pública y una política monetaria expansiva. Sin embargo, desde mediados de 2013 se observa una desaceleración del ritmo de crecimiento, influido principalmente por un bajo desempeño del sector de hidrocarburos y la desaceleración de algunos otros sectores. Los menores precios de los principales productos de exportación, en especial del gas natural, que no solo incide en el valor de las ventas al exterior, sino que también es una importante fuente de ingresos fiscales, se han
traducido en altos déficits tanto en el balance del sector fiscal como en la cuenta corriente, que a fines de 2017 llegaron a niveles en torno al 6,0% y el 5,4% del PIB, respectivamente. De forma conjunta, a octubre de 2017 se registra una pérdida de reservas del 35% en relación con los máximos alcanzados en 2014 y un aumento del
endeudamiento externo, que de todas formas aún se mantiene bajo, en torno al 24% del PIB. No obstante, la economía cuenta con ahorros (equivalentes al 37% del PIB), que se generaron durante el superciclo de las materias primas y que han permitido financiar la inversión pública y mantener los programas de gasto social.
Si bien durante 2017 el entorno internacional ha sido más favorable que en los últimos años, lo que se
espera también para 2018, tanto debido a mejores precios de exportación como a un mayor dinamismo
de los socios comerciales, la economía boliviana en 2018 mantendrá una tasa de crecimiento del
producto en torno al 4,0%, lo que podría estar evidenciando síntomas de agotamiento de los impulsos
de las políticas fiscal y monetaria, retrasos en algunos proyectos de inversión pública y una débil
inversión privada. Sin embargo, la recuperación de los precios del petróleo y los ingresos por la
entrada en operaciones de la nueva planta de urea atenuarán los desbalances fiscal y del sector externo,
aún cuando los problemas en la ejecución de la inversión pública limitarán el crecimiento de esta
economía.
En 2017 el déficit fiscal del sector público
no financiero (SPNF) alcanzará un 7% del PIB,
cifra algo superior a la de 2016 (6,6%). Hasta el
mes de junio, los ingresos fiscales acumulaban
una disminución en 12 meses del 3% en términos
nominales, principalmente por la caída del 17%
de los ingresos derivados de los hidrocarburos. El
déficit global del SPNF acumulado en 12 meses a
junio se amplió al 7,3% del PIB, a pesar de la
contracción del 4% de los gastos en ese mismo
período. Como resultado de una baja ejecución de
la inversión pública durante el primer semestre
(45% de lo programado), los gastos de capital han
caído un 5%, y se espera una mayor ejecución
durante la segunda parte del año.

Fuente: CEPAL

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